jueves, 23 de octubre de 2008

CALENDARIO DE FIESTAS MENORES
Jaime Hannington,
Obispo y Compañeros Mártires.
29 de Octubre.
De Wikipedia: La Enciclopedia Libre.
Nacido el o3 de septiembre de 1847 en Hurstpierpoint, Sussex, Inglaterra, y muerto el 29 de octubre de 1885 (a los 38 años), en Busoga, Uganda, James Hannington fue misionero, obispo y mártirde la fe Cristiana en África.
Vida en Inglaterra.
Hannington fue un estudiante deficiente; a los quince años dejó la escuela para dedicarse a trabajar en Brighton, en el despacho de contabilidad de su padre. A los veintiún años, Hannington abrazó la carrera clerical, y entró a la Universidad en St. Mary's Hall, Oxford, donde de nuevo se consagró como un auténtico desastre para los estudios. Pero, en 1872, la muerte de su madre trajo cambios a la vida del joven James: se licenció, obteniendo el título de Bachelor in Arts, y el 01 de marzo de 1874, fue ordenado diácono, haciéndose cargo de la pequeña parroquia de Trentishoe en Devon.
Alrededor de 1882, Hannington supo del asesinato de dos misioneros a orillas del Lago Victoria Nyanza. Ello lo motivó a ofrecerse a la Sociedad Misionera de la Iglesia; dejando Inglaterra el 17 de mayo, y embarcándose para Zanzíbar el 29 de junio, a la cabeza de un grupo de seis misioneros. Víctima de la fiebre y la disentería, Hannington fue obligado a volver a Inglaterra en 1883.
En junio de 1884, ya repuesto, fue consagrado Obispo para el África Oriental Ecuatorial, y en enero de 1885, Hannington nuevamente salió para África. Luego de llegar a Freretown, cerca de Mombasa, Kenya, decidió concentrarse en la tarea de abrir una nueva ruta hacia Uganda: junto con su equipo de trabajo, alcanzó con seguridad un punto cercano a Victoria-Nyanza el 21 de octubre, pero su arribo no pasó desapercibido, y bajo las órdenes del Rey Mwanga II de Buganda, los misioneros fueron arrestados en Busoga por jefes Basoga.
Después de ocho días de cautividad, por órdenes del mismo Mwanga II, los hombres de Hannington fueron asesinados, y el 29 de octubre de 1885, él mismo fue apuñalado en ambos costados. Se dice que sus últimas palabras, dirigidas a los soldados que lo mataron, fueron
"Vayan a decir a Mwanga que he marcado el camino a Uganda con mi propia sangre."
Joseph Mukasa, un sacerdote católico romano nativo, que era oficial en la corte de Mwanga, amonestó al rey por este hecho, lo cual le costó ser decapitado. Hannington y sus compañeros están entre los primeros Mártires de Uganda. La fiesta y memoria del Obispo Jaime Hannington, tanto en la Iglesia de Inglaterra como en Uganda y en el resto de la Comunión Anglicana, es el 29 de octubre.
La piedra fundacional de la iglesia erigida a la memoria de Jaime Hannington, en 1938, lleva inscrita la frase del Salmo 30: "Cambiaste mi lamento en danzas..."

Véase también:
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado.
Rapidísimas
Octubre 23 de 2008
Puede leer esta columna en www.rapidisimas.com
Por Onell A. Soto,
obisposoto@aol.com
+
La Diócesis de Ecuador Central ha dado a conocer la lista de candidatos al cargo de Obispo Coadjutor (auxiliar con derecho a sucesión). Ellos son Ashton Brooks, 66, dominicano, deán de la Catedral de Todos los Santos en las Islas Vírgenes; Rosalí Fernández, 61, puertorriqueño, vicario de la Iglesia de San Mateo en Peñuelas, Puerto Rico; Thomas Mansella, 63, argentino, coordinador de traducciones del Centro Episcopal en Nueva York; Luis F. Ruiz, 52, colombiano, vicario de la Iglesia de San Lucas, Medellín, Colombia y Carlos Sandoval, cubano-puertorriqueño, rector de la Iglesia de San Simón, en Miami, Florida. La elección está señalada para el 20 de diciembre. La diócesis está actualmente bajo el cuidado pastoral de Wilfrido Ramos Orench, anterior obispo sufragáneo de Connecticut.
+ Hugh McCullum, editor del periódico Anglican Journal de la Iglesia Anglicana de Canadá por muchos años, ha fallecido en Toronto a los 76 años de edad el 16 de octubre. Su lucha constante fue denunciar que al África no se le daba la cobertura periodística que merecía y los antiguos prejuicios seguían repitiéndose. Citó más de una vez el “silencio cobarde” de los medios ante las increíbles masacres de Ruanda en 1994 cuando perecieron más de un millón de personas.
+ La Concertación Cívica Cubana, una antigua organización fundada con el fin de servir de vehículo facilitador para la coordinación de algunas de las actividades de las organizaciones del exilio, emitió recientemente una declaración en la que critica “la absurda soberbia del tirano Castro y sus secuaces, que prefieren que los damnificados por los huracanes, vivan a la intemperie, careciendo de alimentos, agua y luz eléctrica, antes de aceptar ayuda humanitaria de países a los que consideran sus enemigos”.
+ Un despacho de la agencia Zenit del Vaticano informa que el Sínodo de Obispos que se celebra en Roma, ha constatado “el divorcio que se da entre la Palabra de Dios y los católicos comprometidos en la vida pública en el continente americano”. El informe lamenta que “muchos de los actores" de este escenario social y político han pasado por los centros de formación catequética, grupos juveniles, colegios y universidades de la iglesia. El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, se pregunta “¿Cuál ha sido el papel de la enseñanza de la Palabra de Dios en todos ellos? ¿Por qué al llegar al mundo público, cualquiera que sea el escenario donde les toque actuar, los valores del evangelio no son la directriz de sus vidas?”.
+ Allan Boesak, 63, clérigo de la Iglesia Reformada Holandesa de Sudáfrica, que se distinguió por su lucha contra el racismo y en 1999 fue condenado a un año de prisión por fraude y además fue suspendido de sus funciones pastorales por cinco años por infidelidades conyugales, ha dicho que quiere volver a la arena política. Los líderes de su partido, el Congreso Nacional Africano en el poder, lo miran con escepticismo según el periódico Mail and Guardian de Ciudad del Cabo, pero reconocen su inteligencia y sus dotes de líder. En 1976 escribió el libro Adiós a la inocencia, en el que se destacó como teólogo de la liberación. Hubo ocasiones en que se le consideró como posible candidato presidencial.
+ El actor mexicano Eduardo Verástegui ha criticado al candidato presidencial Barack Obama por no oponerse al aborto terapéutico sabiendo que “la gran mayoría” de los hispanos está en contra de esa práctica. Verástegui dirigió el año pasado la película, Bella, en la que salva a una joven empleada de hacerse un aborto.
+ Juan Márquez, sacerdote dominicano encargado de la Oficina para América Latina en el Centro Nacional de la Iglesia Episcopal durante los últimos siete años, ha cesado en sus funciones, según una información distribuida en forma oficial. El documento sólo expresa que en la re-estructuración que se está haciendo en el departamento no se contempla otro cargo para él. La noticia ha sorprendido a muchos líderes que veían en Márquez “un amigo y compañero siempre dispuesto a servirlos”.
NOTA PERSONAL.
El 22 de octubre llegó a este mundo un hermoso niño que pronto será lector de esta columna. Su nombre Lucas Santiago Chapa, hijo de Elena Soto y su esposo Santiago Chapa. Lucas pesó ocho libras y cuatro onzas y dice su médico del Hospital Universitario de Sacramento, California, que está en perfectas condiciones y “casi” listo para hacerle frente a los graves problemas de este mundo. Lucas es el tercero de los Chapa y el sexto nieto de Onell y Nina Soto. ¡Enhorabuena!

Desde ANGLICANVM SCRIPTORIVM
felicitamos al Obispo Onell y a Doña Nina
por esta nueva luz en sus vidas,
y les auguramos que la nueva vida de
Lucas Santiago
sea, como dice la divisa benedictina...

U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado.

miércoles, 22 de octubre de 2008

CALENDARIO DE FIESTAS MENORES
Tomás Cranmer, Obispo
y Compañeros Mártires (+1555 / +1556).
Conocidos como Los Mártires de Oxford.
16 de Octubre.
Padre Miguel Zavala-Múgica+
Basado en datos de la hagiografía de James Kiefer.

Al morir Enrique VIII de Inglaterra, dejó a tres herederos en línea sucesoria: su hijo Eduardo y sus dos hijas María e Isabel. Eduardo –quien a fin de cuentas lo sucedió en el trono, era un convencido reformista (o al menos lo eran sus mentores).
Así, durante el reinado de Eduardo, la liturgia de la Iglesia –anteriormente en latín-, fue traducida al inglés, y formalmente creado el Libro de Oración Común –un trabajo de traducción, compilación y composición lírica, básicamente de la autoría de Cranmer.
Arriba: Vitral que representa a los Mártires de Oxford: Cranmer, Ridley y Latimer, ardiendo en la hoguera de la Inquisición. Parroquia de Christ Church, Little Rock, Arkansas. Foto: J. Williams, 17 de mayo de 2003.
A la muerte de Eduardo, ascendió al trono su hermana María –hija de Catalina de Aragón, la primera esposa (española) de Enrique VIII, y firmemente católica romana. Ella determine el retorno de Inglaterra a la sujeción a Roma y al Papa. Con un poco más de diplomacia, quizá habría logrado permanentemente su objetivo; pero fue dura y reacia a aceptar los consejos de nadie, salvo del heredero al trono de España, el que habría de ser Felipe II –a quien aceptó como esposo-, y de la Inquisición Española, que instauró en su reino.
El temor de los ingleses era grande de que Inglaterra llegara a convertirse en una provincia del Imperio Español. María insistió en que su matrimonio y la Inquisición, con sus torturas y hogueras, serían la única manera de constreñir la herejía. El hagiógrafo James Kiefer dice que Felipe II tenía una visión más prudente; pero el traslado de toda la corte española y tribunales inquisitoriales a Inglaterra, parece evidenciar lo contrario).
En el curso de sólo cinco años de gobierno, María perdió todas las posesiones inglesas en el continente europeo, así como el amor de un pueblo que al principio la apoyaba; perdió –asimismo-, toda oportunidad para una paz religiosa en su patria. En su breve gestión envió a la tortura y a la hoguera –bajo cargos de herejía y traición-, a un número de personas comparable al que su hermana y sucesora –Isabel-, envió a la horca sólo por traición, en casi cincuenta años de reinado.
Indudablemente, un Tribunal de Fe como la Inquisición –respaldado por la potencia extranjera más poderosa de aquel tiempo, y ante el cual ni siquiera los obispos y jerarcas principales de la Iglesia y la nobleza británicas podían estar seguros, tenía que infundir auténtico terror en el ciudadano común. De entre las cerca de trescientas personas quemadas bajo sus órdenes, los más famosos fueron los Mártires de Oxford, cuya memoria celebramos en el mes de octubre, el día 16.

Hugo Latimer.

Famoso predicador, ardiente reformador y Obispo de Worcester en tiempos de Enrique VIII; renunció a su sede en protesta contra la renuencia del Rey a permitir las reformas por él deseadas. Los sermones de Latimer versaban poco sobre doctrina, pues prefería un enfoque ético y moral, sobre la pureza de costumbres y la devoción en la oración.
Al subir María al trono, Latimer fue arrestado, procesado por herejía y enviado a la hoguera junto con su amigo y compañero, el Obispo Nicolás Ridley. Sus últimas palabras atado a la hoguera, son memorables:
“Tened buen ánimo, Maese Ridley, y actuad como hombre, que este día hemos de encender tal incendio en Inglaterra, que -confío en la Gracia de Dios-, nunca se extinga.”

Nicolás Ridley.

Se agregó a la causa reformada en sus años de estudiante en Cambridge. Fue amigo de Tomás Cranmer –después Arzobispo de Canterbury-, y fue su capellán privado; cargo que después ejercería en la Capilla Real de Enrique VIII.
Bajo Eduardo VI, fue Obispo de Rochester, y parte de la comisión que –trabajando bajo las indicaciones de Cranmer-, creó el primer Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra.
Al llegar María al trono, corrió la misma suerte de Latimer, en Oxford, el 16 de octubre de 1555.

Tomás Cranmer.

Enrique VIII se fijó en Cranmer cuando este era presbítero y profesor universitario; eventualmente, el rey promovería a Cranmer para que fuese Arzobispo de Canterbury, debido a su habilidad como teólogo y abogado, pues Cranmer defendió la posición de Enrique en lo concerniente a la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón.
Una vez muerto Enrique VIII, Cranmer le llevaría luto todo el resto de su vida, dejándose crecer la luenga barba con la que aún es representado en grabados, pinturas y esculturas. Al llegar Eduardo VI al trono, Cranmer –que había logrado muy poco de sus deseos de reforma religiosa en vida de Enrique VIII-, se apresuró a traducir y compilar la liturgia para la Iglesia de Inglaterra. Sus contemporáneos –lo mismo amigos que enemigos-, concuerdan en que fue un traductor extraordinariamente dotado. Cranmer apoyó el uso de nuevas formas en el culto cristiano.
Cuando María ascendió al trono, Cranmer quedó en un terrible dilema moral. Por una parte, creía fuertemente en la necesidad de la completa Reforma de la Iglesia; pero al mismo tiempo, creía –con un fervor muy difícil de comprender en nuestros días-, en la obligación que cada cristiano tenía de obedecer al monarca, y que “los poderes que existen, son ordenados por Dios” (Romanos 13).
Mientras su rey ordenara cosas que Cranmer consideraba buenas y moralmente justas, le fue sencillo creer que el rey era un enviado de la providencia para guiar al pueblo por el camino de la verdadera religión: la desobediencia al rey era desobediencia a Dios, y nada más. Pero ahora, María era reina; y le ordenaba volver a la obediencia romanista. Cranmer redactó cinco veces una carta de sumisión al Papa y a las doctrinas católicas romanas; y cuatro veces la desechó; pero al final se sometió.
No obstante, María no deseaba creer que la sumisión de su Arzobispo fuese sincera; lo hizo procesar y fue finalmente quemado en la hoguera, en Oxford el 21 de marzo de 1556. Ya en el cadalso –y enfrentado ante el tribunal de su propia conciencia ética y religiosa-, Cranmer dio público testimonio de su Fe Cristiana, y se acercó a la muerte protestando la Fe Católica reformada.

“He pecado, por cuanto he firmado con mi mano lo que no creía con mi corazón. Cuando las llamas se enciendan, sea esta mano la primera en arder.”

Y cuando el fuego se encendió en torno a sus pies, se acercó valientemente y sostuvo su mano entre las llamas hasta que ésta quedó carbonizada. Más allá de esto, el bendito Arzobispo no habló ni se movió, salvo para levantar la mano que le quedaba, para apartar el sudor de su frente.

Oremos:
Guárdanos, Señor, constantes en la fe y celosos en testimonio, para que –a imitación de tus siervos: Hugo Latimer, Nicolás Ridley, y Tomás Cranmer, vivamos en tu temor, muramos en tu favor, y descansemos en tu paz; por amor de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.

U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado.
Raúl Castro inaugura
la primera Catedral
Ortodoxa Rusa de Cuba

Nuevo paso en el impulso a las
relaciones entre La Habana y Moscú

EFE - La Habana - 20/10/2008
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Raul/Castro/inaugura/primera/catedral/ortodoxa/rusa/Cuba/elpepuint/20081020elpepuint_2/Tes

El presidente de Cuba, Raúl Castro, asistió ayer a la consagración de la primera catedral de la Iglesia ortodoxa rusa en Cuba, en un acto en el que estuvo presente Kiril Gundjaev, número dos del Patriarcado de Moscú.
En medio de un gran dispositivo de seguridad, Raúl Castro llegó al templo en compañía del historiador de La Habana Eusebio Leal, minutos antes del inicio de la ceremonia.
Al acto, cerrado a la prensa internacional, asistieron representantes de otras confesiones religiosas y una delegación de alrededor de un centenar de rusos; entre ellos, dos viceministros y representantes de la Duma rusa, encabezados por la vicepresidenta primera, Liubov Konstantinovna.

El Arzobispo Kiril Gundjaev conversa con Raúl Castro durante la inauguración de la Catedral Ortodoxa rusa en La Habana.

El nuncio del Vaticano en La Habana, Luigi Bonazzi, celebró la inauguración del primer templo ortodoxo ruso porque "todo lo que favorece la emergencia de la fe religiosa es importante, es una expresión para darle Dios al hombre". "Somos Iglesias hermanas y que cada una tenga las posibilidades de tener sus medios es ciertamente un aspecto positivo", añadió Bonazzi.
Según la Embajada rusa en La Habana, en Cuba hay unos 3.000 rusos, cifra que según distintas fuentes varía hasta los 14.000. Una gran parte de ellos se casaron con cubanos durante la época en que había estrechas relaciones entre la isla y la Unión Soviética, principal sostén económico de la isla hasta su desaparición. También hay un número indeterminado de ciudadanos de otras repúblicas de la ex Unión Soviética.
La inauguración se produce en un momento en el que los Gobiernos de Cuba y Rusia han anunciado un impulso a sus relaciones bilaterales, mermadas durante los últimos años.
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REPORTAJE
Cuba y el regreso espiritual de los rusos.

MAURICIO VICENT La Habana 20/10/2008



http://www.elpais.com/articulo/internacional/Cuba/regreso/espiritual/rusos/elpepuint/20081020elpepuint_13/Tes

¿Una catedral ortodoxa rusa en el centro de La Habana Vieja? Aunque parezca increíble, así es... Erigida en la cintura de la bahía, la Sacra Catedral Ortodoxa Rusa de Nuestra Señora de Kazán ocupa un área de 1.200 metros cuadrados y poco tiene que ver con la arquitectura colonial del barrio, con sus cinco cúpulas de aire bizantino. La comunidad rusa en Cuba es pequeña, unas 3.000 personas, la mayoría mujeres casadas con ciudadanos cubanos durante la época de la hermandad con la Unión Soviética; el templo es, ante todo, un símbolo: diecisiete años después de la desaparición de la URSS, las puertas de la isla caribeña se abren de nuevo a Moscú.
Las relaciones entre Cuba y Rusia tocaron fondo en octubre 2001, cuando el entonces presidente Vladimir Putin decidió retirar de la isla la base de Lourdes, un centro de espionaje radioelectrónico creado en 1964. Putin acababa de visitar La Habana semanas antes, pero anunció la retirada de los últimos soldados y técnicos militares rusos en la isla sin previo acuerdo con Fidel Castro, quién reaccionó de forma airada al desplante de Moscú.
No era la primera vez que algo así sucedía... Para acabar con la crisis de los misiles, en octubre de 1962 el ex presidente soviético Nikita Jruschov retiró unilateralmente los cohetes nucleares instalados en la isla meses antes. En 1992 fue Boris Yeltsin quien se llevó la brigada motorizada que quedó en Cuba después de aquella crisis, y que simbolizaba la garantía de que EE UU no invadiría la isla.
Entre aquellos dos episodios, La Habana y Moscú vivieron una luna de miel de casi 30 años. Durante los años ochenta las relaciones entre ambos países llegaron a ser tan intensas, que Moscú llegó a suponer el 75 % de las relaciones económicas de Cuba con el mundo. Todo aquello se vino abajo al desparecer la Unión Soviética, lo que llevó a la isla caribeña a una crisis sin precedentes.
Ahora, la catedral de Nuestra Señora de Kazán y sus cúpulas doradas en el corazón de la Habana son expresión de un nuevo momento bilateral, que a su vez es parte de la nueva geopolítica mundial. El alejamiento ruso de Estados Unidos y el interés de Moscú en recuperar viejos aliados e incrementar su presencia en América Latina, en momentos en que Cuba tiene influencia entre varios gobiernos de la región, han acercado a los dos países desde 2005.
En 2006 Rusia extendió un crédito de 355 millones de dólares a la isla. El año pasado los intercambios comerciales entre ambas naciones alcanzaron la cifra de 400 millones de dólares, que convierten a Rusia en el décimo socio comercial de La Habana, aunque todavía muy lejos de 1988, cuando los intercambios superaron los 8.000 millones de dólares. Pese a ello, cada vez hay más gestos: Rusia fue el primer país en enviar ayuda material por los daños causados por los recientes ciclones Ike y Gustav, que dejaron 5.000 millones de dólares en pérdidas.
En julio, Raúl Castro se reunió con el viceprimer ministro ruso Igor Sechin, quien viajó a Cuba buscando fortalecer los lazos con su ex aliado. Sechin visitó de nuevo La Habana en septiembre para discutir la ayuda que se ofrecería a la isla después del paso de los huracanes. El verano pasado, además, Cuba respaldó la posición de Rusia en el conflicto de Georgia, asegurando que las autoridades de ese país habían actuado como peones de Washington.
En medio de las tensiones ruso-estadounidenses a raíz del plan norteamericano de establecer un sistema de defensa de misiles en Europa del Este, Anatoli Perminov, director de la agencia espacial rusa (Roscomos), anunció la posible creación de "un centro con asesoría rusa" en la isla que tendría como objetivo el lanzamiento de satélites al espacio. Hasta el momento Cuba se deja querer... Poco a poco los vínculos de los ex aliados se recuperan, y ahora hasta ya es posible rezar en una catedral ortodoxa rusa en plena Habana Vieja.




U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado.



martes, 21 de octubre de 2008

El Sueño de Inocencio.


Inocencio III fue el Papa que conoció a Francisco de Asís, se interesó por su obra y autorizó, inicialmente, su trabajo. Este encuentro entre dos personalidades tan diferentes ha dado pie a numerosas especulaciones en el campo de la literatura, el cine y el teatro.

¿Cuál fue realmente el sueño de Inocencio?, y ¿quiénes fueron en realidad este Papa verdaderamente Magno y el Poverello de Asís?

A continuación, me honra presentar en ANGLICANVM SCRIPTORIVM un fragmento de la exitosa novela histórica El Sueño de Inocencio, de Gerardo Laveaga, quien es también abogado y Director del Instituto Nacional de Ciencias Penales (México, D.F.), y antiguo amigo y condiscípulo de infancia y adolescencia. La interpretación -siempre apasionante e inquietante-, de Gerardo Laveaga, lo hace uno preguntarse sobre la legitimidad de la propia fe y convicciones (cosa que nos interesa mucho provocar en este blog).

Agradecemos al Abogado Gerardo Laveaga y a la Abogada Lourdes Betancourt -de
Editorial Planeta-, los permisos para reproducir aquí este fragmento.


M+
U.I.O.G.D.
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San Francisco de Asís.- Giotto di Bondone 1267-1337 Basílica de Asís. Inocencio III sueña que sólo San Francisco sostiene la derruida Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma.



El Sueño de Inocencio.

Gerardo Laveaga

En el Salón de los Espejos del Palazzo Lateranense aún quedaban copas llenas de vino y sillas tiradas bajo las mesas. Algunos asistentes al Concilio habían proseguido los debates aun después de que éste quedó clausurado. El Salón daba aquella tarde una idea del tono que había caracterizado la discusión. Pese al desorden, Inocencio prefirió que la reunión con Francisco tuviera lugar ahí para no ser interrumpido. Desde hacía tiempo deseaba conversar con él y aquella era una ocasión inmejorable. Le agradaba advertir que la figura del Papa, como centro de la cristiandad, era más sólida que nunca. Muchas de las concesiones que había tenido que hacer, aunque no le satisfacían, iban a redundar en el fortalecimiento de su causa. De la causa que él había elegido y a la que estaba dedicando todas sus fuerzas. Quid pro quo, como todo en la vida. ¿Qué más podía desear? En cuanto lo vio aparecer, vestido con su hábito blanco, Francisco cayó de rodillas y besó su pie.
–Te pedimos que estuvieras aquí antes que los otros para conversar acerca de ti, de tu trabajo…
–El señor te dé la paz –musitó Francisco sin despegar la cara del suelo.
Resignado ante la tosudez del joven, Inocencio levantó una de las sillas y se sentó frente a él.
–Nos gustaría saber por qué elegiste esta vida de pobreza que llevas –dijo--. Cuando hace algún tiempo, hicimos la misma pregunta a Domingo de Guzmán, respondió que esperaba una recompensa en el Cielo. ¿Lo mismo esperas tú?
Francisco tardó antes de responder. Al fin reunió fuerzas.
–El hermano Domingo tendrá que perdonarme, pero qué respuesta tan desafortunada dio al señor Papa. La vida se volvería amarga si todos trabajáramos en pos de una recompensa. Más que amarga, triste. Vivir es, en sí, una recompensa, como lo es el canto de las aves y un atardecer.
–Tú eres hijo de una familia adinerada –prosiguió el pontífice-. Podías haber optado por otro destino, por una vida… cómo decirlo… más grata que el canto de las aves y los atardeceres. No negamos el placer que esto entraña, ¿pero qué nos dices de las comodidades, del lujo?
–La pregunta es complicada –admitió Il Poverello, sin dejar de mirar al suelo-, pero creo que tengo la respuesta: Dios está en todas partes, en las aves y en los atardeceres. Tanto como en las comodidades y el lujo. En los árboles y en los palacios de los reyes. Lo importante es que uno logre encontrarlo. Quien lo halla en un riachuelo es tan feliz como quien lo halla en sus anillos y piedras preciosas. Quien no lo descubre en la sonrisa de un niño es tan desdichado como el que no lo descubre en sus carruajes y mantos de seda bordados con hilo de oro.
–Quisiéramos entender –volvió Inocencio- por qué no te conformaste con una vida más cómoda.
–Quizá –respondió Francisco después de otro rato- lo que hice fue, precisamente, conformarme con la vida más cómoda.
Mendigar el panes más fácil que pensar a quién debo matar para que sus negocios no vayan a arruinar los míos. Opté por esta vida porque me fatigaba competir. El señor Papa sabe que, en un principio busqué la gloria militar. La lucha es extenuante, ¿sabe? Necesitaba encontrar un sentido a mi vida y descubrí que lo mismo podía hallarlo en la riqueza y los honores que en la vista de un amanecer o el perfume de las flores.
El Papa se mordió el labio. En su pecho sintió la tau. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que él se había hecho aquellas mismas reflexiones? ¿Quién disfrutaba más de la existencia? ¿Él, que dictaba normas de conducta a la cristiandad entera, o Francisco, que entonaba himnos a la lluvia?
–¿Por qué, entonces, predicas la castidad? ¿No hay encanto en besar los labios de una mujer, en sentir sus senos palpitantes? Dios está ahí también, según lo enseñas.
–La lujuria puede llegar a ser grande, señor Papa; tanto, que puede devorarlo todo. Puede impedirnos ver la luz del sol. Es como el vino, embriagante. Uno disfruta la embriaguez al principio pero, luego, ya no puede disfrutar nada más. Así es la lujuria. Además, resulta más costosa que los placeres simples: incluso, si uno se casa, tiene que trabajar duro para mantener a su esposa y a sus hijos. ¿Puedo hacer una confesión al señor Papa? La sola idea de tener una familia me causa horror. Cuando, en ocasiones, la concupiscencia se ha apoderado de mí, pienso en las dificultades que implicaría mantener a una esposa exigente y a unos hijos glotones. La idea me domeña, me hace olvidar la carne. Esto, desde luego, no hace que yo desprecie a quien contrae matrimonio. Pero la vida sencilla tiene sus ventajas. Por eso también predico la pobreza y la castidad. Por eso añado ceniza a mis alimentos: para que el paladar no me impida disfrutar otros goces más grandes. Para que no me distraiga ni me engañe. Por eso enseño la humildad y la obediencia al señor Papa.
–¿Qué tiene que ver la obediencia al Papa con la felicidad?
–Obedecer es más simple que mandar. Para aquellos que mandan, es más difícil vivir en armonía. El señor Papa, manda. Yo, obedezco. El señor Papa goza al provocar la vorágine; yo gozo al evadirla. Por ello, si gozamos, ambos somos gratos a los ojos del Señor. Sólo quien no disfruta Su Creación merece nuestra condena. La diferencia es que yo no despierto a media noche, angustiado por los problemas que tengo que resolver, ni la comida se hace agria dentro de mi estómago. El señor Papa decide, elige. Yo no. No soy responsable de nada. Obedezco y callo.
Inocencio se frotó el mentón. Francisco era mucho más sofisticado de lo que él había imaginado. Podía estarse o no de acuerdo con él, pero el joven tenía una idea clara de a dónde iba. Detrás de aquel hábito raído, había una forma de entender la existencia. Una forma que, en gran medida, también era la suya, aunque el camino se antojara tan distinto.
–Eres imbatible –admitió Inocencio-. En todo vas un paso delante de nosotros. A ver, levántate.
–Su Santidad…
–Levántate –insistió el Pontífice-. Te lo ordena el Santo Padre a quien has jurado obediencia. Queremos ver tus ojos.
Como si aquello resultara superior a sus fuerzas, Francisco comenzó a respirar con dificultad. Sus músculos se tensaron. Con enorme dificultad comenzó, por fin, a incorporarse, a tratar de encontrar la mirada del vicario de Cristo con la suya. Entonces ocurrió algo que él nunca hubiera esperado: apenas le miró, Inocencio se levantó violentamente. Retrocedió espantado. La silla cayó al suelo.
–No puede ser –balbuceó el Papa.
Francisco volvió a bajar la cabeza, espantado. Aquel encuentro de miradas, seguramente, había provocado la ira del Papa. ¿Qué había hecho? Le avergonzó su insolencia, pero ¿no había sido el mismo pontífice quien se lo había ordenado?
–Su Santidad perdonará. Yo…
–No puede ser –repitió Inocencio confundido.
Estaba pálido y su mandíbula había comenzado a temblar.
–Su Santidad, yo…
–De pie –ordenó-. Queremos verte.
Sin saber lo que ocurría, Francisco se incorporó. Inocencio avanzó hacia él y tomó el rostro del joven entre sus manos, que también temblaban.
–Su Santidad…
–Calla.
De no ser por la barba, las facciones de Francisco, cada una de ellas, le era familiar: las pestañas enormes, los ojos negros, la sonrisa cándida y los dientes perfectos, la tonsura… Era como si Angelo hubiera vuelto a nacer.
–Y ahí estaré, siempre, para denunciar tus errores y tus abusos, . Ocurra lo que ocurra, lo haré. No te librarás fácilmente de mí, Lotario. Lo juro.
–No, no puede ser… –gimió Inocencio-. Dime que esto es un sueño. ¿Qué estás haciendo aquí?¿En qué nos hemos equivocado? ¿Qué errores has venido a denunciar? Nos hemos esmerado en unir a los hombres ¿por qué, entonces, has regresado? ¿Qué es lo que quieres decirnos y no entendemos?
Francisco estaba cada vez más asustado. ¿Qué era lo que había visto el Papa en él? Tuvo la idea de huir, de escapar de ahí corriendo.
–El que no entiende una palabra soy yo. Si he ofendido a Su Santidad…
El corazón de Inocencio latió violentamente. La tau se convirtió de pronto en una carga insoportable que, a partir de ese momento, él se había vuelto indigno de llevar. Como cabeza de la Iglesia Católica había hecho lo posible por unir a la cristiandad, pero había olvidado el sentido que debía caracterizarla: la vida simple, la sencillez. Había ignorado los costos de la unidad. Dominando el temblor de sus manos, haciendo un esfuerzo por controlar su respiración, se quitó la tau del cuello y la colocó alrededor del de Francisco.
–Perdónanos… Vivir en Cristo es lo que tú haces, lo que tú has hecho siempre; no lo que hacemos nosotros.



Laveaga, Gerardo: El Sueño de Inocencio;
Ed. Planeta Mexicana, S.A. de C.V.,
bajo el sello 'Ediciones Martínez Roca',
México, 2006; pp. 364-368





Gerardo Laveaga, Miguel Zavala+ y Regina Laveaga, el 24 de julio de 2006, al término de la presentación de la novela El Sueño de Inocencio, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.





U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado.








lunes, 20 de octubre de 2008

Mesa redonda
Los monoteísmos:
Judaísmo, Cristianismo e Islam.
Participan:
Adolf Roitman, Luis Duch, Pedro Buendía.
Moderadora:
Rosa del Carmen Martínez Ascobereta.
Martes 21 de octubre 12:00 hs.
Aula Magna.
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
U.I.O.G.D.
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“Al César lo que es del César…”
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Muy bien, pero…
¿Quién decide qué es de Dios
y qué es del César?
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HOMILÍA DOMINICAL
XXIII Domingo después de Pentecostés,
19 de Octubre, A.D. 2008.

Por el
Padre Miguel Zavala-Múgica+

Vamos a hablar de: Evangelio y políticas públicas, actitud de la sociedad y de las iglesias, y –en fin, acorde con el tinte que hemos dado a este mes de octubre en este blog-, de algunas cosas concernientes a la crueldad y al alivio del dolor.

El pasaje del Evangelio que hoy hemos leído es uno de los más conocidos, lo cual no significa que se uno de los mejor comprendidos; Jesús dice: “Den al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios”. “Al César lo que es del César…”, solemos decir como refrán popular. El habla popular usa este refrán para dar a entender una cierta noción de justicia “dar a cada quien lo suyo”, o “a cada quién lo que le corresponde”.

Pero parece que, justo desde ahí, comienzan los problemas y malos entendidos: la noción que tenemos acerca de la justicia, suele ser bastante subjetiva, amoldada a la conveniencia particular de cada quién.

Con estas breves palabras: “Al César lo del César…”, basadas en San Mateo 22:15-22 se organizan: sermones, debates radiales, artículos periodísticos, etc. etc., en los que los participantes jamás se ponen de acuerdo sobre su entendimiento concreto. Supongo que lo que pasa es que todos los que opinamos y discutimos sobre este pasaje, tenemos en mente la noción tradicional de justicia: “Dar a cada cual lo que le corresponde”. El problema no es esta definición formal de lo que es la justicia, pues prácticamente todo el mundo conviene en ella, sino en quién define (¡y cómo define…!) lo que corresponde a cada quién.

Desde el punto de vista del estado, un tanto cuanto simplistamente y bajo una perspectiva aparentemente laica, todo se reduce a: pagar impuestos en tiempo y forma, respetar las leyes vigentes y –especialmente-, que los curas se dediquen a rezar y a administrar ritos y ceremonias, y no se metan –para nada–, en los asuntos públicos. Bueno, Hitler hizo eso un buen día en que le pidió a los líderes religiosos dedicarse a “su trabajo” que era: “ayudar a mantener el orden público, celebrar el culto y enseñar que hay una vida después de ésta.” Muy conveniente, ¿no?

Desde el punto de vista de una corporación religiosa –también simplistamente–, y sobre todo, desde una perspectiva un tanto fanática: –“¡Ah no…!, lo primero es ser religioso, primero está tal o cual Iglesia con su doctrina y luego lo que te diga tu ideología, tu partido político, el estado, las modas, o tus propias conclusiones personales”.

Me parece que ambos son extremos viciosos. Por una parte, el estado tiene razón en exigir respeto a su esfera de acción; pero ¿y qué pasa con un estado abusivo, como la Alemania Nazi, el Chile pinochetista, la Argentina de la Junta Militar, etc. etc.? ¿Tiene que callarse la voz profética de una Iglesia ante los abusos? Ahí lo malo es precisamente el silencio cómplice que muchas corporaciones religiosas prefieren guardar.

Pero –por otra parte–, del lado de algunas clerecías, parece más sencillo condenar a quienes viven sin casarse por la Iglesia, a los divorciados, y a las personas homosexuales, que a narconegociantes, secuestradores, ladrones de cuello blanco o gobernantes corruptos. En otras palabras, resulta más sencillo condenar a la gente por cuestiones concernientes a su vida personal privada, que a quienes causan daños verdaderamente graves a sí mismos y a otros, a escala mucho más amplia (claro, suele más riesgosamente fácil perder la vida a manos de un secuestrador que de un divorciado resentido).

Dios y el César en los sermones de este domingo…

Este domingo, en muchas iglesias del mundo cristiano, el sermón –basado en este pasaje de San Mateo sobre “Dios y el César”–, se ha centrado en atacar las iniciativas que buscan legalizar el aborto (asunto de suyo muy difícil), así como las uniones solidarias que se han visto reducidas a la figura de nombre muy ambiguo e inexacto de “matrimonio homosexual”. Las voces más sonoras entre los clérigos, suelen alegar que el estado, o más bien los sectores sociales que apoyan la iniciativa del aborto, invaden y pisotean los derechos humanos esenciales y la soberanía de Dios.

El discurso –desde las iglesias–, ha cambiado bastante. Invocar que el aborto es un crimen contra la majestad de Dios vale para los creyentes (incluso los no cristianos); pero, ¿qué hay con los no-creyentes? Los voceros y predicadores de las iglesias y religiones que se alarman ante el aborto, se han dado cuenta que necesitan ampliar sus puntos de vista, pues todo asunto sobre la dignidad y el respeto a la vida humana incumbe a todas y a cada una de las personas, independientemente de su convicción religiosa.

La cuestión aquí es: Al darse cuenta de que las iniciativas de leyes liberalizadoras sobre asuntos como: el aborto, la eutanasia y las uniones del mismo sexo, son asuntos que incumben a todas las personas, ¿las iglesias y religiones se someten de verdad a un proceso de discernimiento social genuino?

¿Qué es un proceso genuino de discernimiento social?

En principio –con ejemplos como el aborto y la eutanasia–, tenemos problemas que afectan o afectarán, directa o indirectamente, más tarde o más temprano, a todos los individuos de una sociedad; enseguida, tenemos una diversidad de personas en circunstancias igualmente diversas: no tiene por qué ser lo mismo una mujer que desea abortar porque ha sido violada por un grupo de infames, a una mujer que desea abortar porque ella y su novio no adoptaron las precauciones necesarias antes de tener sexo, y ahora no desea que su carrera se trunque; tampoco ninguno de estos casos será lo mismo que el de una mujer (o una pareja) que es obligada al aborto por un estado que busca un control demográfico (China), o una mujer forzada o presionada al aborto por una familia ofendida en su “honor”, o por una pareja (el hombre, generalmente), que no desea el compromiso de un (otro) hijo.

Por otra parte –en un embarazo al que se propone interrumpir por medio de un aborto intencionado– tenemos una vida humana gestante (de eso no debe caber la menor duda) que será eventualmente aniquilada si el aborto se lleva a cabo (creo que mis palabras no exageran).

¿Cuándo comienza a haber vida en un embarazo?; ¿cuándo comienza a hacerse persona la vida gestante?; ¿se causa dolor al producto cuando se efectúa un aborto?; ¿en qué etapa(s) de la gestación es viable el ejercicio de un aborto?; ¿hay imágenes fotográficas o fílmicas de abortos disponibles para conocimiento público?; ¿hay textos que expliquen con sencillez didáctica y exactitud científica qué es un aborto y en qué consiste?; ¿qué perspectivas plantea el recurrir a la entrega en adopción como alternativa al aborto?; ¿quién o quiénes se benefician de los procesos de adopción o aborto?; ¿quién o quiénes quieren abortar y por qué?

Un proceso genuino de discernimiento social comienza por saber plantear éstas y otras cuestiones y preguntas y ponerlas a disposición de todo el público, así como de saber organizar foros de debate ordenado y sereno (parece imposible tal cosa, pero el caos de los fanatismos tanto del lado conservador como del lado liberal, son algo mucho peor).

La gran pregunta es: ¿las corporaciones religiosas, permiten el acceso de sus fieles a información científica cierta y comprobada?, ¿creen acaso que pueden sustituirla?, ¿les interesa abrir foros de aportación de ideas y de puesta en común de experiencias? Creo que lo que suele verse en la mayoría de las iglesias y grupos religiosos es más bien un desbordamiento de pseudo-información, pseudo-ciencia, y una manipulación atroz de la opinión pública, amén de que –cada vez que pueden-, parten de presupuestos emocionales y dogmáticos.

No se trata de despojarnos de nuestras convicciones religiosas o filosóficas, ni de los valores éticos de nuestras familias; pero sí de llegar a comprender que no podemos imponer a otros los parámetros de nuestra fe ni (peor aún) de nuestras emociones desbocadas, a la hora de sentarnos a dialogar, y que tenemos que ser humildes y hallar términos comunes en los que podamos compartir experiencias y razonamientos. Ya veo los rostros enfadados de uno y otro lado: “¡¿Cuál diálogo!?, ¡es obvio que esto es (escoja aquí lo que desee poner): fanatismo del clero, pecado de los liberales, conspiración desde Wall-Street, plan secreto de “El Yunque”, conspiración de los masones, etc. etc.!” Más necesario es el diálogo sereno cuanto más difícil resulte una situación.

Con otros asuntos, como el de la eutanasia, mi experiencia personal primera fue de un total apoyo a la posibilidad de legalizarla: hay momentos en la vida de un paciente terminal en que uno contempla la desesperación de la persona que no soporta ya su postración o sus invencibles dolores, y quisiera tener disponibles los medios para poner término a sus sufrimientos. Sin embargo, mi breve experiencia con ciertos enfermos terminales, y mi diálogo con algunas monjas enfermeras me han permitido darme cuenta que la postura de la Iglesia Católica Romana sobre la eutanasia es más amplia de criterio de lo que muchos creen, que no es lo mismo permitir la eutanasia que impedir o cortar el “encarnizamiento terapéutico”.

Por otra parte, muchas personas interesadas en legalizar la eutanasia –aunque ciertamente, no todas–, lo están por su negligente falta de disposición a brindar cuidados terapéuticos, o por su interés en deshacerse de la persona enferma, ya por irresponsabilidad, por dinero o por odio: ¡claro que eso es Cultura de la Muerte, no me interesa quién haya acuñado el término! La práctica geriátrica y de cuidados paliativos, a mi parecer, demuestran que –por ejemplo–, una persona anciana que podría desear morir –no tendría necesariamente ese deseo si tuviera la oportunidad de ser atendida con cariño, dedicación y respeto. Excelente ejemplo hemos tenido con la madre del actual Obispo Primado de la Iglesia Anglicana de México, que fue atendida con elevada calidad humana en su propia casa hasta el momento de su muerte natural.

¿Quién es Dios y quién es el César?

Asuntos como el aborto y la eutanasia tienen demasiadas aristas como para despacharlos fácil y rápido, tienen que ver con nuestra responsabilidad moral, con nuestra capacidad de empatía y compasión (no lástima, sino de “con-pasión”, esto es: padecer junto con alguien, ser capaz de ponerse en su lugar, lo cual incluye a quien razona al otro lado de nuestra tribuna.

Políticos y líderes sociales por un lado, curas y pastores por otro, nos hemos vuelto abanderados de causas demasiado importantes como para depender de nuestra insuficiente opinión aislada de la del conjunto de la sociedad. Al politizar los debates: los curas y pastores se asumen como “portavoces de Dios” (pobrecitos…) mientras políticos y otros líderes laicos –a su vez-, se transforman en “portavoces de la sociedad o de la patria (el César, pues)” (¿con permiso de quiééén?), buscan asegurarse paquetes de votos, y asegurarse el apoyo de las bases de sus sectores o partidos. Con eso, la sociedad no gana nada en lo absoluto y los fanatismos se exacerban, dividiéndola.

Cuando empezamos, esto era un sermón de Iglesia, y pretendo que siga siéndolo: Tratemos de reflexionar como creyentes que razonan su fe; ¿cómo anglicanos?, ¡sí, por supuesto!, aunque también quedan invitados a la reflexión los creyentes y no creyentes de buena voluntad…

El esquema de reflexión que define al Anglicanismo instrumenta tres fases o filtros: Escritura, Tradición, Razón. (¿¡Cuándo lo entenderán las gentes que se tiran de los cabellos –a favor o en contra--, por cuestiones sobre los homosexuales, las señoras celebrando la Eucaristía o si usamos imágenes o no!? ¡¡Lo que nos hace especiales a los anglicanos es nuestro modo de razonar!! …y a veces lloro de amargura, por las necedades en las que nos ocupamos, porque ya no me preocupa tanto lo del “modo”, ¡sino mi duda sobre si acaso razonamos!

Hasta ahora hemos visto un poco de las dos últimas (Tradición y Razón), particularmente hemos tratado de ayudar a visualizar las preguntas que debemos hacernos. No se trata tanto de buscar dar respuesta a nuestras inquietudes, como de saber organizar y descubrir las preguntas que debemos plantearnos.

Pero vamos ahora a la Escritura, que es por dónde suele comenzarse un sermón. Yo –como el Señor en las Bodas de Caná-, he dejado para el final el vino mejor.

Un grupo de pícaros Maestros de la Ley, pone a Jesús ante una situación muy difícil y peligrosa de responder: “¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?”, no se trataba de una simple política pública; le iba la vida en ello: por un lado, la dureza del castigo a la rebelión por parte de un Imperio con el que no se podía jugar, por el otro, el orgullo religioso y nacionalista de una nación –los judíos–, con un amor propio muy elevado y con el peso humillante de abusos económicos y sociales.

No podemos ignorar esto, aunque no aparezca explícito en el texto; bien sabemos cuál era la situación política y religiosa de los tiempos de Jesús, y eso es el trasfondo de este encuentro.

Una propuesta interpretativa.

La respuesta de Jesús –amén de poner en evidencia el dolo de sus colegas-, es sumamente sabia a la vez que astuta. Cuando el Señor pide que le muestren un denario y hace evidente de quién son el nombre y la efigie grabados, entra en un razonamiento de una lógica casi pueril: “…Pues, si es de él, dénselo… es suyo, ¿o no?” La apertura a las interpretaciones a las palabras de Jesús es sumamente amplia, yo me quedo con ésta, y la ofrezco a todos los que me hacen la caridad de leerme:

1. Tú decides si quieres que éste estado de cosas en tu vida, en tu trabajo, en tu patria, etc. continúe o quieres que haya un cambio, por lo pronto el señor de la efigie (el César, el estado, las políticas de tu empresa…), es quien ha puesto las reglas del juego –así que por lo pronto no hay más remedio, en algunas cosas tendrá razón, en otras no tanto, en otras definitivamente no. Trata de seguir las normas vigentes y –si crees que se necesita un cambio, lucha por él: así que vas a necesitar valentía. Ahora bien, ¿en qué estriba darse cuenta de la necesidad de un cambio?, ¿en qué estriba esa lucha?: en que cumplas la segunda parte de la frase: ‘…a Dios lo que es de Dios’: necesitarás lucidez.

2. ¿…Y quién decide qué cosa pertenece a Dios y qué no? ¿Habrá algo que no le pertenezca al dueño del universo?; ¿Dios tiene voceros? (¿Papas, obispos?, ¿pastores?, ¿Obispos reunidos en Inglaterra, obispos reunidos en Jerusalén?, ¿un libro santo: la Biblia?). Todos esos señores (y señoras…), ¿no tendrán sus propios intereses personales y de grupo?, el libro… ¿no tendrá mejores o peores intérpretes? Ojo: Dios es Dios, los de alrededor …pues son “angelitos”, cuidado con las confusiones: necesitarás sentido crítico, ojo…: a los “angelitos” les gusta más la obediencia a ciegas que el sentido crítico.

3. ¿Cómo puedo armonizar mi sentido crítico con mi deseo de atender a las opiniones de otras personas y a la guía de los que considero mis pastores y mis guías espirituales?: ¡Dialoga! , promueve el compartir opiniones y experiencias de vida, o acércate a donde veas que se comparte y se dialoga: evita los “grupitos” que dividan a los demás y aprende que Dios habla por medio de todos sus hijos –a través de sus errores y aciertos, y a través de todas las circunstancias de la vida.

U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...