martes, 2 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
Wikipedia: La Enciclopedia Libre.-
El Adviento (latín: Adventus / adventi = “advenimiento”, “venida”, o “llegada”; de: venio / venire = “ir”, y ad = “hacia”).
Es la primera estación o período del año litúrgico en la Cristiandad Occidental; su duración es de veintiuno a veintiocho días, pues es una etapa de preparación para la Natividad o Navidad del Salvador (la cual a su vez consiste tanto en una Fiesta -25 de diciembre-, como en una Estación –los doce días comprendidos del 25 de diciembre al 05 de enero).
Tiempo y tema del Adviento.
Originalmente, el Adviento no existía con tal nombre; se trataba únicamente del Ayuno de Navidad (Jristougennatikê nêsteía) que se guardaba para prepararse a celebrar la Natividad, como hasta el presente siguen haciendo la Iglesia Ortodoxa y otras Iglesias orientales, a partir del 15 ó 28 de noviembre y hasta el 24 de diciembre, inclusive.
El inicio del año litúrgico entre los cristianos orientales es el 01 de septiembre [1], y no tiene qué ver con el tema del Adviento occidental, sino con un tema quizá más antiguo, el otoño, como estación astronómica de la creación, por lo cual tendría más relación con el sentido del inicio del año en el calendario hebreo. (Se sugiere visitar los enlaces de este blog: http://anglicanvmscriptorivm.blogspot.com/2008/09/el-mes-de-tishrei-de-wikipedia-la.html y http://anglicanvmscriptorivm.blogspot.com/2008/09/septiembre-mes-de-la-creacin.html ).
El Adviento (con el énfasis en sus cuatro domingos –seis en las tradiciones de los Ritos Mozárabe, de España, y Ambrosiano de Milán, en Italia), subraya el inicio del año litúrgico en el catolicismo romano, el anglicanismo, diversas iglesias del protestantismo clásico y otras comuniones y denominaciones cristianas de Occidente. El primer Domingo de Adviento, es el domingo cuarto-anterior al día 25 de diciembre, siempre el más cercano (ya sea anterior o posterior) al día 30 de Noviembre, fiesta de San Andrés (la que además es el inicio del Ciclo Santoral), y es el domingo siguiente al Domingo de la Fiesta de Cristo Rey.
En este período los fieles se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo –según la carne-, así como para renovar la esperanza en la Segunda Venida de Cristo, al final de los tiempos, la ya mencionada Parusía
El tema de las lecturas, sermones y catequesis de Adviento es –al principio de éste, el enlace con el fin del año litúrgico-, la preparación del pueblo cristiano para la Segunda Venida, así como –sobre todo a partir de la segunda mitad del período-, enfocarse en el tema de la Encarnación del Verbo, y su nacimiento en Belén.
Por esta razón se pueden reconocer dos partes en el Adviento:
La segunda o Adviento de la Encarnación: Del 17 de diciembre al 24 de diciembre inclusive, es la llamada “Semana Santa de Navidad”, orientada a preparar más explícitamente la venida de Cristo como Mesías al pueblo judío.
“Esto indica que a pesar de que el Cristianismo no pretende ser una religión cíclica, como las del extremo oriente, sino que se dirige a una plenitud final, el Adviento desempeña un papel importante como versión cristiana de la idea del enlace del fin y el inicio de ciclo (mito del eterno retorno), pues es –a la vez-, un período que lleva a meditar en el fin de la existencia, y en el reinicio de ésta, o bien, en el inicio de una nueva: el ícono del final de los tiempos es el Cristo Rey que llega a concluir la historia con su Parusía; pero el proceso del Adviento hace que aparezca el ícono del Niño que está por nacer –y finalmente nace-, en Belén y en el corazón de cada creyente. El Adviento no completa su sentido, si no enlaza su celebración del fin del mundo, con las estaciones de Navidad y Epifanía, con las cuales conforma el Ciclo de Navidad, cuyo tema central es la Encarnación de Dios en Cristo Jesús. Las estaciones de este ciclo tienen, respectivamente, el sentido de: preparación (Adviento), celebración (Navidad) y continuación (Epifanía). El Ciclo de Navidad –junto con el Ciclo Pascual(Cuaresma, Pascua y Pentecostés)-, conforma la totalidad del Año Litúrgico.”
(Miguel Zavala+)
El uso del morado suele estar más asociado a la tradición de la Iglesia Romana; se trata, en el caso del Adviento, del “púrpura regio” –más bien azuloso-, mientras que el morado de Cuaresma es el “púrpura romano” –más bien rojizo. El color morado subraya que se trata de un tiempo de preparación y, por ende, de penitencia –como lo manifiesta en las lecturas el mensaje de los profetas, y especialmente el de Juan el Bautista-, aunque en el Adviento se tiende a insistir en que se trata de una espera gozosa, lo cual también es parte del mensaje de los profetas. II.- Azul.
El azul índigo –llamado “azul Sarum”-, como color litúrgico para el Adviento, se remonta a la época medieval, al llamado Uso de Sarum del rito latino en Inglaterra (Sarum es el nombre romano de Salisbury), este uso y este rito eran los que se usaban en Inglaterra durante la Reforma del siglo XVI. En realidad, se trata de una variante del morado; en tiempos antiguos este color se obtenía de la púrpura o tinta de un molusco que –al parecer-, resultaba en un tono más oscuro en los mares fríos del norte de Europa.
El uso del azul se refiere al acontecimiento astronómico de las tinieblas de la noche, que -desde el solsticio de verano-, cada vez duran un tiempo más largo, hasta la llegada del solsticio de invierno (fecha en relación a la cual se fijó la Navidad). Jesucristo es –metafóricamente-, el Sol de la Justicia, y el Adviento representa esas tinieblas que van a ponerse en fuga ante su llegada resplandeciente. Foto Izq.- Vestiduras de Adviento: de der. a izq. Presbíteros Ned Prevost, Rector de Christ Church, Winnetka, IL y Patti Scickenberger (con casulla); el Obispo Graham Chadwick (sólo con estola), y el Diácono George Smith. Al fondo se aprecia el altar revestido en azul de Adviento (2003).El uso del azul, es la costumbre cada vez más generalizada en muchas iglesias anglicanas y luteranas. A diferencia de la Iglesia Católica Romana y de las Iglesias Luteranas, en la Comunión Anglicana –aunque existe una tradición continua y congruente sobre el uso de ciertos colores para las diversas estaciones, fiestas y observancias del año litúrgico-, en realidad no hay una regla prescrita sobre los colores, ni en los Cánones ni en las versiones del Libro de Oración Común. Rosa.
Ya sea que se adopte la tradición del color morado o la del azul, en el Tercer Domingo de Adviento, conocido aún por su antigua denominación latina: Domínica Gaudete, algunas iglesias usan rosa pálido, que indica el cambio a un ánimo más alegre y festivo en el tono de la liturgia, al acercarse más la Navidad. 2. La Corona de Adviento.
(Véase próximamente artículo especial).
Durante el Adviento, se prepara en los hogares, así como en las parroquias o capillas, un trenzado de ramas de muérdago, pino u otras ramas de coníferas, de forma circular, conocida como Corona de Adviento. Se le colocan cuatro candelas, una por cada domingo del Adviento; o bien cinco, añadiendo al centro una quinta candela que se enciende durante la Víspera de Navidad, o bien el Día de Navidad. Las candelas son generalmente del color tradicional de las vestiduras litúrgicas de Adviento (véase arriba): morado o azul índigo. Una de las cuatro velas suele ser rosada (la del tercer domingo, Domínica Gaudete o “Domingo de Gozo”). La quinta candela –que va al centro y representa la Navidad-, suele ser blanca o dorada. El simbolismo de las candelas de la Corona varía de una comunidad local a otra, pero siempre queda dentro de la simbólica general del Adviento. 3. Las Antífonas “O”.(Véase próximamente artículo especial). Los días de la última semana de Adviento (17 a 23 de diciembre inclusive), se subraya el sentido de lo que algunos llaman Gran Adviento con las “Antífonas O”. Durante el rezo de la Oración Vespertina u Oficio de Vísperas tanto en la Iglesia Anglicana como en la Iglesia Romana, cotidianamente pueden añadirse antífonas al rezo o canto del Magníficat o Cántico de María. En estos últimos días del Adviento, estas Antífonas al Magníficat, están tomadas de siete de los muchos títulos que los profetas dan al Mesías, como: Adonay, Llave de David, Oriente de lo Alto, etc. Son la base de los versos de un himno popular del siglo XVIII: “Veni Emmanuel.”
Iglesia Luterana revestida para Adviento: A la izquierda se aprecia la Corona; cada uno de los estandartes que se ven al fondo, muestra un símbolo relacionado a los títulos mesiánicos de las Antífonas O; esto indica que estamos en la última semana de la estación. Cada día, del 17 al 23 de diciembre, un nuevo estandarte va desplegándose.
4. Ayunos y abstinencias.
En ninguna Iglesia Occidental son ya materia de disciplina obligatoria los ayunos y las abstinencias, sin embargo, lo son aún en algunas Iglesias tradicionalistas, y se guardan piadosamente por algunos de los fieles en todo Occidente.
Así como en las Iglesias orientales sigue habiendo un ayuno estricto en este período, en Occidente, desde el siglo IV, y hasta muy entrada la Edad Media, se observaban ayuno y abstinencia tan estrictos como los de la Cuaresma (comenzando, en algunas localidades, el 11 noviembre, día de San Martín de Tours, de aquí los inadecuados pero populares nombres de “Ayuno y Cuaresma de San Martín” o los cuarenta días de San Martín). La fiesta de San Martín –por lo tanto-, era ocasión de una opípara y pesada comida.
Este tipo de excesos han sido el origen de que se mitiguen las penitencias, y se busque enfatizar en el Adviento otros sentidos ocultados por aquellas, como el de la espera gozosa.
5. Imágenes de Adviento.
En los condados del norte de Inglaterra, existió la costumbre medieval (ahora extinta) de que algunas mujeres pobres llevaran las “Imágenes de Adviento”, que representaban a Jesús y a la Bendita Virgen María. Se esperaba que cada persona o casa ante quien estas imágenes se exhibieran, ofreciera dos peniques a estas mujeres humildes; la eventual negativa a ofrecer la limosna o el hecho de no visitar alguna casa con las imágenes, se consideraba de muy mala suerte para los dueños de la casa.
Cabría pensar que estas costumbres hayan sobrevivido –purificadas ya de supersticiones y con un sentido más de solidaridad comunitaria que de limosna individual-, en las “posadas” que los misioneros españoles católicos romanos trajeron a América, especialmente a México, y que ahora regresan hacia otras iglesias cristianas como la anglicana, la luterana o la metodista.
6. Las Posadas.
(Véase próximamente artículo especial).
Luego de la conquista o invasión española a América, los primeros misioneros españoles que trajeron el cristianismo, comenzaron en México –en algún momento después de 1521-, la costumbre de las Posadas, que se celebran en coincidencia con los días de las ‘Antífonas O’, aunque añadiendo dos días más: la duración de las Posadas va del 16 al 24 de diciembre inclusive. Es pues, un novenario, y representa los meses de gestación del Niño Jesús.
Las posadas son celebraciones comunitarias –originadas en sociedades rurales-, que representan a José y María (embarazada), pidiendo hospitalidad para el nacimiento de Jesús, su base bíblica es el versículo de San Juan 1 que dice: “Vino a su propio mundo, mas los suyos no le recibieron, pero a cuantos le recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios”.
De acuerdo a las variantes, suelen llevarse procesionalmente personas vivas –convenientemente vestidas-, que representan a los personajes de José, María y un ángel, o bien imágenes de barro o yeso de José jalando el burrito donde va montada María (a veces se incluye un ángel que les sirve de guía).
Se cantan villancicos de Adviento y Navidad durante la procesión, y se pide posada cantando versos tradicionales, ante las puertas cerradas de una casa con cuyos dueños ha habido un acuerdo previo para organizarse allí la celebración.
Al abrirse las puertas comienzan los festejos que –al hacerse correctamente-, siempre incluyen oración, lectura bíblica, y el compartir comida típica del lugar y de la estación, así como juegos en conjunto, como quebrar “piñatas”, y otras diversiones sencillas y alegres que unen a niños, jóvenes y adultos. Idealmente, se celebran así los nueve días; aunque en ambientes urbanos se haga una sola celebración.
7. Tradición popular en Italia.
En Italia, entre otras celebraciones de Adviento, se halla la entrada en Roma –en los últimos días de la estación-, de los pifferari o gaiteros calabreses, que tocan sus instrumentos delante de todos los santuarios marianos de la ciudad, dada la tradición italiana de que los pastores de Belén tocaron sus gaitas ante el pesebre del niño Jesús en Belén.
8. Tradiciones populares relacionadas al Adviento como fin del Año litúrgico.
Antiguamente en las Iglesias anglicanas, el uso popular llamaba Stir-up Sunday (por causa de las primeras palabras de la colecta del día en el Libro de Oración Común), al Domingo anterior al primer Domingo de Adviento.
Por asociación de ideas (Stir-up / syrup = jarabe), ese día fue subsecuentemente relacionado –especialmente en Inglaterra, con la preparación de los pasteles de Navidad en preparación a esta celebración."Suscita (stir-up), te suplicamos, oh Señor, el deseo de tu pueblo fiel; para que, produciendo el fruto abundante de buenas obras, pueda ser abundantemente recompensado por ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén."
Antes de que se estableciera como cierre del año litúrgico la Fiesta de Cristo Rey en 1969 en la Iglesia Romana (y de allí pasara a la Comunión Anglicana y a la Iglesia Evangélica Luterana en América como Domingo de Cristo Rey), el final del año era, comúnmente el 24to. ó 25to. Domingo después de Pentecostés.
Leccionario Dominical de Adviento
Ciclos A, B y C, según el Libro de Oración Común, 1979.
Ciclo A.
I Domingo de Adviento:
Salmo 122 / Isaías 2: 1-5 / Romanos 13: 8-14 / San Mateo 24: 37-44
II Domingo de Adviento:
Salmo 72 ó 72: 1-8 / Isaías 11: 1-10 / Romanos 15: 4-13 / San Mateo 3: 1-12
III Domingo de Adviento:
Salmo 146 ó 146: 4-9 / Isaías 35: 1-10 / Santiago 5: 7-10 / San Mateo 11: 2-11
IV Domingo de Adviento:
Salmo 24 ó 24: 1-7 / Isaías 7: 10-17 / Romanos 1: 1-7 / San Mateo 1: 18-25
Ciclo B.
I Domingo de Adviento:
Salmo 80 ó Salmo 80: 1-7 / Isaías 64: 1-9ª / I Corintios 1: 1-9 / San Marcos 13: (24-32) 33-37
II Domingo de Adviento:
Salmo 85 u 85:7-13 / Isaías 40: 1-11 / II San Pedro 3: 8-15ª y 18 / San Marcos 1: 1-8
III Domingo de Adviento:
Salmo 126 o Cántico 8 (Magníficat) / Isaías 65: 17-25 / I Tesalonicenses 5: (12-15) 16-28 / San Juan 1: 6-8 y 19-28 ó San Juan 3: 23-30
IV Domingo de Adviento:
Salmo 132 ó 132: 8-15 / II Samuel 7: 4 y 8-16 / Romanos 16: 25-27 / San Lucas 1: 26-38
Ciclo C.
I Domingo de Adviento:
Salmo 50 ó 50: 1-6 / Zacarías 14: 4-9 / I Tesalonicenses 3: 9-13 / San Lucas 21: 25-31
II Domingo de Adviento:
Salmo 126 / Baruc 5: 1-9 / Filipenses 1: 1-11 / San Lucas 3: 1-6
III Domingo de Adviento:
Salmo 85 u 85:7-13 o Cántico 8 (Magníficat) / Sofonías 3: 14-20 / Filipenses 4: 4-7 (8-9) / San Lucas 3: 7-18
IV Domingo de Adviento:
Salmo 80 ó Salmo 80: 1-7 / Miqueas 5: 2-4 / Hebreos 10: 5-10 / San Lucas 1: 39-49 (50-56)
Referencias:
1. ^ Kallistos (Ware), Obispo (1969), “The Five Cycles”, en The Festal Menaion, London: Faber & Faber, p. 40
Véase también:
(Los siguientes artículos son de Wikipedia en inglés, al consultarlos se sugiere ver al margen, en la lista de idiomas, la opción en español, pero se advierte que, en los temas de religión, consideramos los artículos en inglés como mejor documentados e imparciales).
1. Ayuno y abstinencia en la Iglesia Católica Romana
2. Mortificación de la carne en el Cristianismo
3. Cuaresma
4. Días de Rogativa
5. Gran Cuaresma
6. Ayuno de los Apóstoles
7. Ayuno de la Dormición
Enlaces Externos:
Wikimedia Commons dispone de medios relacioinados a:
Advent
The Christian Season of Advent en el Christian Resource Institute.
Catholic Encyclopedia: Advent
Advent history, hymns, virtual wreath en i.UCC online community.
American Catholic: Advent to Epiphany Oraciones, calendario y actividades.
Liturgical Resources for Advent
Advent FAQ at the Missouri Synod Lutheran web site
Advent wreath FAQ en el sitio web de la Evangelical Lutheran Church in America.
Advent Resources en el Bible Resource Center, ministerio en línea de la American Bible Society
History of Advent
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado…
sábado, 29 de noviembre de 2008
De qué bases históricas parte el debate sobre la validez.
Pbro. Miguel Zavala-Múgica+
patronal. Dentro de la propia Inglaterra comienzan algunos de los primeros movimientos socialistas: fue patria adoptiva del propio Marx. Izquierda.- El Papa León XIII (reinante: 1878-1903): Su visión crítica sobre el Protestantismo liberal, el liberalismo en sus diversos aspectos, el socialismo y otros temas, determinó su postura ante el Anglicanismo y la validez como Iglesia.
caracterizó toda su vida-, en los temas conjuntos de Ciencia y Religión. En 1860 en un famoso encuentro de la Asociación Británica en el que ocurrió el debate entre Thomas Huxley y Samuel Wilberforce, Temple predicó un sermón en el que daba la bienvenida a los avances científicos de la Teoría de la Evolución [**]. En sus Ocho Conferencias Brampton sobre las relaciones entre la Religión y la Ciencia (1884) declaró llanamente que "la doctrina de la Evolución no es en ningún sentido antagónica a las enseñanzas de la Religión" [***]. Estas conferencias concernían al origen y naturaleza de la ciencia y de las creencias religiosas, y a los aparentes conflictos entre ambas respecto al libre albedrío y la existencia de un poder sobrenatural. Movimiento de Oxford. A principios del siglo XIX se originó -en el ambiente académico de la Universidad de Oxford-, una dinámica de múltiple expresión: filosófica, historiográfica, literaria, y también espiritual y eclesiástica, denominada Movimiento de Oxford. Éste, promovía una revaloración del Medioevo europeo, pero especialmente el británico, así se volvieron los ojos -con gran interés-, hacia todas las ciencias humanas de la Edad Media: filosofía, literatura, historia, arte, arquitectura, teología: Se construyeron diversos edificios neo-románicos y neo-góticos (especialmente universidades y templos), se analizaron obras literarias medievales, y se tomaron de ellas temas para la pintura y la escultura. Al mismo tiempo, se retomaron también otros valores del Medioevo primitivo, como la Teología de los Padres de la Iglesia (Patrística), o los del Medioevo avanzado (teología de Tomás de Aquino), y por supuesto, también se evocó a la Iglesia Inglesa anterior a la Reforma del siglo XVI. Esto fue el caldo de cultivo para dos corrientes eclesiásticas dentro del Movimiento.
En la década de 1880, los obispos de las colonias y ex-colonias británicas, reunidos en la Conferencia de Lambeth, acordaron la conformación de la Comunión Anglicana, una familia eclesiástica que permitiría a las diversas iglesias anglicanas (también llamadas episcopales), regionales o nacionales existentes desde tiempo atrás, organizarse autónomamente y mantener una comunión (y federación) entre sí y con el Arzobispo de Canterbury, esto es, con la sede en Inglaterra. Ambiente político en la Iglesia Católica Romana en Inglaterra. Todos los anteriores factores toman cuerpo en algunas líneas importantes. La Iglesia Católica Romana había iniciado un proceso de “romanización” de sus propias iglesias nacionales, sujetándolas a un control más directo desde el Vaticano, especialmente en lo referente a la formación de nuevos sacerdotes; además, enfrentaba las presiones del Liberalismo (en todas sus expresiones), especialmente a través de la labor de la Masonería y de la instauración del laicismo político y su avance social, y la consolidación de los movimientos socialistas.
(El proceso de romanización en México está muy documentado, un detalle interesante de la resistencia de los obispos locales a las indicaciones de Roma, fue el completo ocultamiento de los fardos que contenían los ejemplares de la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, destinada a ser leída y estudiada en todo el mundo católico. La alianza con el liberalismo positivista porfiriano, resulta obvia).
Por sus actitudes, parece que en la mente de León XIII y de su curia, había un rechazo comprensible a todo lo que oliera a Reforma protestante, Liberalismo, Masonería, Libre-pensamiento, Socialismo, Modernismo, etc. Su predecesor Pío IX había pasado por la pérdida de los Estados Pontificios en la Guerra de Unificación de Italia, precisamente a causa de una colusión de todos estos factores (Giuseppe Garibaldi, etc.). Era, pues, importante que la Iglesia Católica Romana recuperara el largo tiempo históricamente perdido y abanderara movimientos obreros que restaran filas a la izquierda anarco-sindicalista, socialista y comunista. Así como que afirmara su validez en el Reino Unido, pues un clero anglicano en sucesión reconocida (anglicana), hacía innecesaria una jerarquía paralela (romana) en Inglaterra. La Iglesia de Inglaterra había aprovechado (no sin múltiples disputas internas) el Movimiento de Oxford; dentro de ella comenzaban algunos movimientos de Socialismo Cristiano (véase nota 4); pero, sobre todo, ella continuaba siendo la religión del Estado, la iglesia oficial. Esto no iba a permitir el arraigo que resultaba necesario para la jerarquía católica romana inglesa, menos aún si continuaba irresoluta la actitud católica romana sobre la legitimidad del ministerio clerical anglicano. Era necesario infundir en los feligreses romanos británicos, el convencimiento de que la jerarquía anglicana no podía aspirar a cosa mejor que ser un grupo de laicos cristianos bien-intencionados, pretendiendo celebrar sacramentos para los cuales no tenían validez ni autoridad. Argumentos romanos en contra de la validez de las órdenes anglicanas. Se recurrió a estudios teológicos e históricos sobre la validez de las órdenes conferidas con el rito anglicano que incluyeron los siguientes argumentos: El Arzobispo de Canterbury, Matthew Parker, había sido consagrado en 1559, en el reinado de Isabel I, por cuatro obispos que se habían declarado protestantes bajo Eduardo VI; según eso, la consagración no habría sido válida por carecer de Sucesión Apostólica; suponiendo que ésta hubiera sido interrumpida, habría sido restaurada en la consagración del Arzobispo William Laud en 1573 cuyos consecrantes estaban en la línea de sucesión italiana e irlandesa, que no eran motivo de disputa. Otro argumento fue que el rito utilizado bajo Eduardo VI –influido de doctrina calvinista-, no contenía elementos indispensables para una ordenación válida. Ejemplo: la traditio instrumentorum o "entrega de los instrumentos del oficio" (a saber: el libro de los Evangelios a los diáconos, y el cáliz y la patena para celebrar la eucaristía, a los presbíteros). Esta ceremonia tenía –al empezar a practicarse-, un propósito meramente simbólico; en la Edad Media se incluyó en la ordenación de diáconos y presbíteros. Pero ésta costumbre no aparece –por ejemplo-, en un ritual antiquísimo del siglo II: la Tradición Apostólica de Hipólito de Roma. Tan sólo eso pondría en jaque también la validez de las órdenes romanas, si realmente fuera necesario todo este alegato. Además, se alegaba que el rito de ordenación anglicano tenía una intención defectuosa al no especificar que el ordenando quedaba facultado para ofrecer el sacrificio de la misa. El entendimiento sobre la manera en que ha de entenderse la Eucaristía como Sacrificio de Cristo, es el punto central de la discusión, mejor que la doctrina de la Sucesión Apostólica. De hecho, fue el propio León XIII quien –consecuentemente con sus ideas y temores, y presionado por las necesidades de la jerarquía católica romana inglesa-, inclinó la balanza en contra de las órdenes anglicanas, pese a que -hasta fechas recientes-, oficialmente se dijera en el Vaticano que el fallo negativo fuese unánime. Así, en 1896, el Papa emitió la bula Apostolicae Curae que declaraba nulas las órdenes conferidas con el rito anglicano. Réplica anglicana, opinión ortodoxa, y revisión ecuménica anglicano-romana (ARCIC). El Arzobispo de Canterbury -Frederick Temple, ya mencionado-, conjuntamente con el Arzobispo de York William Dalrymple Maclagan publicó una réplica titulada Saepius Officio (1897), en la que referían la variedad de ritos de ordenación en el pasado histórico, especialmente en Oriente; insistían en que la intención de la Iglesia de Inglaterra en sus ordenaciones era conferir el ministerio fundado en tiempos apostólicos: “Al anular nuestras órdenes, anulan las suyas propias, y pronuncian sentencia sobre su propia Iglesia”. Se indicaba que la intención anglicana quedaba suficientemente demostrada, pues existen en el Libro de Oración Común dos ritos separados, uno para ordenar diáconos y otro para ordenar presbíteros. Desde 1896 ha habido montones de literatura que explica o confirma la visión vaticana, y otros que critican los acontecimientos históricos que la originaron y sus limitaciones teológicas. Los estudios elaborados, han resultado tendenciosos, según se ha constatado después del Concilio Vaticano II y al abrir los archivos Vaticanos en 1996, en el centenario de la Apostolicae Curae. La comisión pontificia ad-hoc (cuyos trabajos iniciaron el 24 de marzo de 1896), se reunió doce veces sin llegar a un acuerdo consensuado. El Padre Luis Duchesti y otros estudiosos católicos romanos se habían pronunciado por el reconocimiento a las órdenes anglicanas; pero las razones para el desconocimiento fueron de orden político, para lo cual se armó un andamiaje teológico. Amén de los antecedentes ya mencionados, los objetivos de la Curia Romana parece que estribaban en legitimar el Papado ante ortodoxos y anglo-católicos, con miras a lograr su unión. Nunca grandes números de laicos ni clérigos anglicanos volvieron a la jurisdicción romana, pero –como se ha visto-, se cubrió bien el objetivo de ganar un enclave seguro y respetado en el corazón del Imperio británico.
El Arzobispo Rowan Williams, de Canterbury (izq.), junto con el Deán catedralicio, recibe al Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla y primado de honor de la Iglesia Ortodoxa. (Foto: Archivo ACNS) .
La Iglesia Ortodoxa considera las órdenes anglicanas al mismo nivel en que consideran a las órdenes católicas romanas, las armenias, y otras orientales. No hay consenso entre los ortodoxos, unos se muestran más bien favorables (Patriarcado de Antioquía), otros no; esto es consecuente: la Ortodoxia no es, en modo alguno, una entidad monolítica, amén de que esta iglesia se caracteriza por un énfasis teológico y místico, y no por el énfasis jurídico –típico del Catolicismo Romano. La Ortodoxia considera la validez de los sacramentos o del ministerio de individuos únicamente en el marco de su comunión con la Iglesia total, que –conforme a su enseñanza-, se expresa únicamente en la Iglesia Ortodoxa.

Otro aspecto de la visita del Patriarca Ecuménico a Inglaterra, y de su recepción por el Arzobispo Williams. (Foto: ACNS).
Las relaciones ecuménicas entre la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica Romana se han desarrollado en el marco de la Comisión Internacional Anglicano-Romana (ARCIC, por sus siglas inglesas). Se trata de una organización que trabaja por el progreso ecuménico entre ambas comuniones; sus patrocinadores son el Consejo Consultivo Anglicano y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (anteriormente Secretariado).
ARCIC se propone identificar las áreas comunes de diálogo. Ya se ha llegado a áreas comunes de diálogo en los temas sobre la Eucaristía y el papel de la Virgen María en la Iglesia, sin embargo, el tema de la Autoridad en la Iglesia sigue en compleja discusión.
Las relaciones ecuménicas han entrado en un receso debido a la negativa católica romana a continuar (bajo Juan Pablo II), en tanto se mantenga la práctica de la ordenación de las mujeres dentro de la Comunión Anglicana y –en años más recientes-, las controversias anglicanas sobre la homosexualidad, y la consagración episcopal del Obispo de New Hampshire Gene Robinson.

Histórico encuentro entre un Arzobispo de Canterbury y un Papa, desde la ruptura entre anglicanos y católicos romanos, Arthur Michael Ramsay visita en Roma a Paulo VI en 1966, sólo precedido por la breve relación entre Pío XII y Geoffrey Francis Fisher.
Actualidad:
En la búsqueda de poder y legitimación que, de tiempo en tiempo, buscan las entidades sociales, hemos visualizado someramente el marco histórico e ideológico que rodeó la controversia anglicano-romana sobre el presunto problema de la validez de las órdenes sagradas conferidas con el rito anglicano. En el fondo, lo que estaba en juego era la competencia política por la legitimidad de las Iglesias, y de su respaldo a unas determinadas propuestas ideológicas, políticas y sociales. El debate teológico -desventuradamente-, se condiciona a necesidades de partido.A casi cien años exactos de la bula Apostolicae Curae, aparece la Encíclica Dominus Iesus, una declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, signada por su Prefecto, el Cardenal Joseph Ratzinger (después Papa Benedicto XVI), y por su Secretario, el Arzobispo Tarcisio Bertone, después Cardenal Secretario de Estado. Aprobada por el Papa Juan Pablo II, fue publicada el 06 de agosto de 2000 --104 años después de la bula de León XIII. Su título oficial es: Acerca de la Unidad y la Universalidad Salvífica de Jesucristo y de la Iglesia.
En sus variadas situaciones de crisis a lo largo de los siglos, la Iglesia Católica Romana ha sabido ceder al cambio, absorbiendo e incluyendo las nuevas propuestas en su propia agenda --como cuando permitió la fundación del proyecto Franciscano en el siglo XII, o cuando generó el catolicismo social de principios del siglo XX--, pero también, en cada caso, ha tenido la mano muy firme -cuando no muy dura-, al recurrir a sus propias fuentes y apostar por un integrismo que exige una militancia leal.Con la Dominus Iesus, la Curia romana -que no la totalidad de la Iglesia Católica Romana-, recurre al discurso antiquísimo que plantea a esa Iglesia como la sola Iglesia verdadera, y echa atrás toda la construcción ecuménica del Concilio Vaticano II, que había llegado a considerar como Iglesias hermanas y parte del Cuerpo Místico de Cristo a muchas de las otras cristiandades, reduciéndolas a "comunidades eclesiales".
Si en 1896, Frederick Temple respondió -con la Saepius Officio a León XIII y a la Apostolicae Curae, en el 2000 no faltó un George Carey que respondiera firmemente, al Cardenal Ratzinger y a Juan Pablo II, en la Dominus Iesus, lamentando que parecieran quedar borradas de un plumazo las expectativas y compromisos creados a partir del Concilio Vaticano II, y advirtiendo que la Comunión Anglicana seguiría haciendo ecumenismo con las entidades eclesiales que estuviesen dispuestas al diálogo.
¿Qué clase de Anglicanismo queremos?
En estos años iniciales del siglo XXI, muchas instituciones, así como la humanidad misma, están en crisis, y ante un replanteamiento de su ser y misión en el mundo. En una reunión oficial en una diócesis anglicana en México. Uno de los planteamientos versó sobre ser una iglesia rural, confinada a pueblos y gente pobre, o aspirar a abarcar espacios urbanos, especialmente en vecindarios de gente acomodada: El planteamiento -a fe mía-, apostaba por lo segundo.Indudablemente, el Evangelio es para toda persona que esté dispuesta a aceptar sus exigencias, lo cual incluye a pobres y ricos. Sin embargo, es terrible que una visión como la del planteamiento anterior, pueda congelarse en una adopción cómoda del Evangelio y de la Iglesia, y no plantearse –por ningún lado-, la posibilidad de ser una Iglesia que le apueste a la Razón y la experiencia humanas como expresión de la Razón misma de Dios que discierna la Biblia y la Tradición eclesiástica. Para ello, creo que no se puede menos que acompañar a la gente en sus procesos de cambio y maduración social y económica, y no sólo en capellanías para personas económicamente solventes, sin –además-, alimentar en ellas el deseo de crecimiento y de cambios, y sin un compromiso social que vaya un algo más allá de la dinámica social "filantrópica".
Pareciera que a poca gente le interesara con seriedad –en el cristianismo tradicional-, constituirse en una Iglesia que enseñe a la gente a 1. razonar su fe, 2. hacerse preguntas y 3. aceptar el riesgo de no siempre tener respuestas seguras para todo: y –muy especialmente-, 4. aceptar la cruz de que eso, precisamente, es una de las implicaciones de seguir a Dios mediante las enseñanzas de Cristo -dicho de otro modo: de tener fe. Esta falta de interés, de un modo u otro afecta a las Iglesias de la Comunión Anglicana que se enfrentan a una terrible crisis económica mundial e intestina, así como a una tensión que YA -hoy-, está enfrentándola a resquebrajaduras cismáticas por parte de los conservadores.
La tejedura de alianzas políticas desde la actual administración del Vaticano, se ha ido ganando a importantes sectores de la Iglesia Ortodoxa, y -si en el siglo XIX pretendía aliarse con los eclesiásticos y académicos del Movimiento de Oxford, es decir, con el énfasis puesto en el ritualismo, así como en el apoyo a los sectores obreros, hoy las tintas se cargan en los asuntos concernientes a la sexualidad humana: mujeres ordenadas y personas homosexuales, aunque también la apertura para debatir sobre el aborto, la constitución de la familia y la equidad de género.
De modo que actualmente se aparece el fantasma de una reconformación de la Comunión Anglicana a partir de sectores conservadores como la Iglesia Anglicana del Cono Sur -que parece estar presente hasta en los rincones más insospechados del Anglicanismo-, así como la Coalición Anglicana en Canadá, la Convocación de Anglicanos en Norte América y otras sociedades eclesiásticas que podrían ser candidatas a un reconocimiento -al menos para un diálogo "ecuménico" de parte de la actual Curia en Roma.
La pregunta sobre qué clase de Anglicanismo queremos, ha tenido siempre su resonancia ecuménica, y tiene que ver con “hacia qué lado nos inclinamos”. Los anglicanos somos una Via Media –al menos eso dijo alguien a quien yo llamaría “nuestro verdadero padre fundador”, el Dr. Richard Hooker, teólogo y sacerdote del siglo XVI; pero esto de ser “vía media” no consiste tan sólo en saber mezclar estéticamente un poco de todo (catolicismo romano y protestantismo, especialmente), sino en saber ser asertivos para hallar la verdad de Dios por la vía de la razón y la experiencia que armoniza Biblia y Tradición allí donde los extremos se fanatizan y se convierten en fundamentalismos o integrismos y se alejan desesperados en su búsqueda de respuestas. Tiene que ver con enseñar a la gente a pensar, pero parece que eso es el más tremendo tabú para la mayoría de las comunidades religiosas grandes y pequeñas.

El Arzobispo Rowan Williams y el Papa Benedicto XVI se encuentran en el Vaticano: Pese a los diversos avances en lo teológico durante el papado de Juan Pablo II y el episcopado de George Carey, y en el ecumenismo práctico entre diócesis y otras pequeñas iglesias, la agenda conjunta de ambas comuniones se ha visto estancada por las crisis de las tensiones entre liberales y conservadores que vive cada una en sus propias circunstancias. (Foto: ACNS).
En el asunto de la validez de las órdenes anglicanas, a veces pareciera como si la agenda consistiera en cubrir los requisitos para parecernos lo más posible -o al menos resultar agradables-, no a la Iglesia Católica Romana (lo cual incluye a sus infanterías: monjas, clérigos rurales, laicos comprometidos), sino a la jerarquía de turno –y además a una determinada visión de esa Iglesia.
Ante las ideas de Sucesión Apostólica y Episcopado Histórico que tradicionalmente hemos sostenido los anglicanos para validar nuestras órdenes sagradas, se levanta la exigencia que hace la sociedad laica de una validez ética, (“demasiados símbolos y poco servicio”, comentaba hace poco un lector), por no decir que el propio Jesús mantenía una guerra declarada contra la hipocresía y –no siendo él mismo miembro de ninguna “sucesión” sacerdotal, se supo ubicar en el papel de Pastor compasivo e interesado por su gente, mientras que el único sacerdocio que ejerció fue el de su propia pasión y muerte, en el incómodo altar de la Cruz.
Tiene gran importancia –por desgracia-, el que la agenda ecuménica se determine –en gran parte-, por preocupaciones polìticas mejor que por la búsqueda de hacer madurar al ser humano y hacer de la Iglesia una comunidad solidaria y fraterna.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS.-
1. http://www.mercaba.org/DicEC/O/ordenes_anglicanas.htm. Este enlace refiere los antecedentes y el estado actual de las relaciones anglicano-romanas:
2. La Bula Apostolicae Curae se puede hallar en:
Denzinger, Enrique; El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion Symbolorum de rebus fidei et morum), Ed. Herder, Sección de Teología y Filosofía. Vol. 22; Barcelona, 1963.
3. La revista jesuita mexicana Actualidad Litúrgica, en un ejemplar del año 1984 u 85 en su serie "Lo que piensan los cristianos sobre los sacramentos", menciona la falta de consenso de los estudios que condujeron a la bula Apostolicae Curae.
4. Para los movimientos anglicanos socialistas, recomendamos el sitio: Anglo-Catholic Socialism
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Para que en todas las cosas sea Dios glorificado…
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Louis Pasteur 1822-95 por Albert Edelfelt 1854-1905
El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolsillo y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose más pequeño que una ameba.
La tarjeta decía:
Instituto Pasteur: Fundado por el gran científico francés en 1887. Consulte Ud.: http://www.pasteur.fr/ip/index.jsp
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Pantokrátor de la Catedral Ortodoxa de Pâtras, Grecia.
Va del cielo descendiendo...
I. Va del cielo descendiendo
el triunfante Redentor
contemplémosle asumiendo
sus poderes de SEÑOR...
Estribillo:
¡Aleluya Aleluya Aleluya!
¡Dios en tierra reinará!
II. Hoy le vemos revestido
de imponente majestad,
al que un día ofendimos
con desdén y crûeldad...
III. Ahora vemos las heridas
que le hicimos en la Cruz
cual señales infligidas
para darnos Vida y Luz...
IV. Cristo Rey, hoy te adoramos
en tu augusto tribunal;
honra y gloria te ofrendamos
Soberano celestial.
Estribillo final:
¡Aleluya Aleluya Aleluya!
¡Sobre todo reinarás!
..........................................................
Letra: John Cennick, Collection of Sacred Hymns, 1752; republicado & alterado por Charles Wesley, 1758, y Martin Madan, 1760. Otra versión: Lo! He Cometh!
Versión castellana: Autor no encontrado. Himnario de la IX Provincia, de la Iglesia Episcopal 1961. Probablemente Efraín Salinas y Velasco. Versión adaptada por Miguel Zavala-Múgica, 1992.
Escucha y canta las tonadas con Cyberhymnal.-
Música: Tonada Helmsley, melodía inglesa de siglo XVIII, (MIDI, score).
Tonadas alternativas: Bryn Calfaria, William Owen, 1852 (MIDI, score, se repite la última línea de cada estrofa). Regent Square, Henry T. Smart, 1867, (MIDI, score). Rouen, Charles F. Gounod, 1872, (MIDI, score). St. Thomas, Samuel Webbe, 1792 (MIDI, score)

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viernes, 21 de noviembre de 2008

Este blog se une al duelo de los queridos amigos y hermanos de la Libre Congregación Unitaria de México -particularmente al querido Francisco Lagunes Gaytán-, y les agradece por compartir esta información e imágenes.
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