martes, 30 de diciembre de 2008

Las Pajas del pesebre...
Félix Lope de Vega y Carpio.



Las pajas del pesebre,
Niño de Belén,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.
Lloráis entre pajas,
del frío que tenéis,
hermoso niño mío,
y del calor también.
Dormid, Cordero santo;
mi vida, no lloréis;
que si os escucha el lobo,
vendrá por vos, mi bien.
Dormid entre pajas
que, aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.
Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven,
serán mañana espinas
en corona crüel.
Mas no quiero deciros,
aunque vos lo sabéis,
palabras de pesaren días de placer;
que aunque tan grandes deudas
en pajas las cobréis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.
Dejad en tierno llanto,
divino Emmanüel;
que perlas entre pajas
se pierden sin por qué.
No piense vuestra Madre
que ya Jerusalén
previente sus dolores
y llora con José;
que aunque pajas no sean
corona para rey,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Iconografía en la Iglesia Episcopal:
Christ Child de Lorna Effler





U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...






¡Navidad es Jesús...!

Al pobre pesebre del Niño Jesús,
estrellas del cielo le dan suave luz.
Humilde la cuna que Él escogió,
y su cabecita allí descansó.
Durmiendo entre paja el Niño está;
mas cuando despierta, ¿no se oirá llorar?
Yo te amo Jesús y te quiero adorar:
del sueño mortal hazme ya despertar...

Letra española del Himnario 1961 de la IX Provincia de la Iglesia Episcopal, alterada en la segunda estrofa por M. Zavala-Múgica+.
Para escuchar la música y ver la letra en inglés: http://www.cyberhymnal.org/htm/o/m/d/omdivine.htm
Música: Tonada Cradle Song, de Will­iam J. Kirk­pat­rick, en el folleto
Around the World with Christ­mas, de 1895.


U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...

viernes, 26 de diciembre de 2008

Compañeros del Maestro:
Compañeros de Jesús.
Homilía para el tiempo de Navidad, dedicada a quienes alguna vez en su vida han hecho algo así como "viajes simbólicos"...
Pbro. Miguel Zavala-Múgica+
Hay un viejo chiste que en su origen intentó ser sacrílego y blasfemo: sin entrar en detalles, y tratando de no quedar, yo ahora, como un humorista involuntario, la broma consistía en que Jesús había tenido pésimas compañías en los momentos cruciales de su vida: cuando nació, sus compañeros fueron un buey y una mula, y al morir tuvo por compañeros a dos ladrones.
No hay cosa buena que Dios no pueda sacar de una mala, ni cosa mala que el ingenio humano no sepa sacarle a lo que Dios y naturaleza han hecho bueno. Así que algo de verdad tenía que contener este "intento de blasfemia".
¿Qué clase de malas compañías…?
Bueno, pues nada más cierto, y parece que el chiste se quedó corto. Pero por supuesto que el Señor tuvo las más detestables e inconvenientes compañías, depende de cómo se mire, de quién lo diga y –en fin-, de cuáles eran los propósitos de Jesús, porque las malas compañías no le escoltaron nomás en las pajas y el madero, sino en medio de toda su vida: “Este se junta con publicanos y pecadores y come con ellos”, es la crítica que los relatos de los Evangelios recogen.
Pues ciertamente que Jesús no mantenía clubes privados ni de cobradores de impuestos ni de cortesanas; era y es para quienes queremos de verdad seguirle, un Maestro de Vida y actitudes, y apelaba a un cambio en la vida, costumbres y estado de las personas que se dejaban tocar de Él. ¡Pero un cambio de veras y a lo profundo e interno de la persona, que no puros maquillajes externos!
Se puede querer ser cristiano nada más que por socializar, por ir “a donde va la gente”… Cuando lo cristiano lo llevamos por de fuera, raro será hacerse uno preguntas, o quererse plantear para meditar alguna cosa concreta y clara, como: ser compañeros de Jesús.
¿Qué significa ser compañeros de Jesús?: ¿Se trata de hacerle “compañía” frente al altar o al sagrario?, ¿será irse de misionero al extranjero?, ¿habrá que dejarse crucificar o ajusticiar de cualquier otro modo por la autoridad civil o eclesiástica, a semejanza del Señor? Vamos a inspirarnos en estos dos pasajes donde se habla de ciertos "compañeros" de Jesús.
Al principio del libro del Profeta Isaías, hay un reclamo de Dios:
“El buey reconoce a su dueño, y el asno el establo de su amo; pero Israel, mi propio pueblo, no reconoce ni tiene entendimiento.” ¡Ay, gente pecadora, pueblo cargado de maldad, descendencia de malhechores, hijos pervertidos! Se han alejado de Yahvéh, se han apartado del Dios Santo de Israel, lo han abandonado…
(Isaías 1: 3, 4).

El prólogo del Evangelio de San Juan, que es nuestra respuesta desde el Nuevo Testamento dice también:

“Aquel que es la Palabra estaba en el mundo; y, aunque Dios hizo el mundo por medio de él, los que son del mundo no lo reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.
(San Juan 1: 10-13).

El Maestro entre bueyes, mulas y ladrones.

La primera cita bíblica ha sido el origen de la costumbre de colocar un buey y un burrito o una mulita –primero en los íconos orientales de la Natividad, y luego en los nacimientos que inició San Francisco de Asís-; mientras que la segunda cita (unida a la frase “…no hubo lugar para ellos en el alojamiento”, de San Lucas 2: 7b) es la base teológica de la leyenda bordada en torno a los relatos del Nacimiento de Jesús, y que pone a María y a José de peregrinos rechazados; cosa que con hermosa candidez representamos en las “Posadas” mexicanas.
El caso es que los primeros “compañeros” de Jesús (¡sí, sí..., el buey y la mula!), somos nosotros mismos –con nuestra terquedad y necedad a cuestas, los inocentes animalitos, pues… como de costumbre, pagan la cuota de ser símbolos de nuestros vicios o virtudes humanos.
La vida nos da continuas lecciones que depende de nosotros aprender o desaprovechar. Puede que en apariencia creamos ser humillados por las personas o las circunstancias; pero el principio del éxito del camino de la vida humana, es volverse observador –epopta- (“vidente”) decían los griegos, y ver en todo la mano e intervención de Dios. Eso cuesta; pero así como cuesta, vale; a fin de cuentas Dios es quien corrige (aunque digan que no castiga, lo distinto es que Dios no se desquita vengativo –como nosotros). La vida es una "rueda de la fortuna", que da un montón de vueltas, guiada por la mano de Dios.
Aprender la autoridad de Dios en nuestras vidas, se compara a la manera dócil en que unos animalitos comprenden –a su modo-, la autoridad de sus amos humanos, (no se trata de entenderlo literalmente y justificar parecerse uno a uno de estos animalitos), sino de saber transferir los valores. Me perdonará usted, pero si le dolió (como a mí), considere si esta reflexión le es necesaria.
Así, en la letra del tierno canto de Navidad La Peregrinación, el Obispo metodista Federico Pagura (con música de Homero Perera), nos la pone clara de nuevo, con palabras puestas en boca de la Bendita Virgen:
“…Ay burrito del campo, ay buey barcino, / que mi niño ya viene, háganle sitio;
un ranchito de quincha sólo me ampara, / dos alientos amigos, la luna clara…”
Un montoncito de paja es lo único que la ampara, mientras los dos alientos de los animales son el mejor cobijo y calor que encuentra el Niño Jesús que está por nacer.
Para seguirle la línea –a nuestro modo-, a la broma con la que empezamos, vamos a recordar de una pasada, que como dice otro canto (este de Skinner Chávez-Melo), refiriéndose a la Virgen Madre… :
“De la paja al madero, fue a su Hijo siempre fiel,
Y entre lágrimas y risas, consagró su vida a él…”
En Belén está presente la Madre del Señor, y en el Calvario, es ya Jesús –Maestro de Dolores, como decía de él don Miguel de Unamuno-, quizá ya el Hijo de la Viuda, su Madre, la bendita Virgen; y vuelve a estar en medio, entre dos fuerzas simbólicas, como lo estuvo en el pesebre, ahora en la Cruz. Los compañeros de Jesús son ahora dos ¿ladrones?, ¿cuáles ladrones?: dos sediciosos a quienes Roma no podía perdonar… Como quiera, otra vez está entre dos fuerzas opuestas.
Equilibrio entre dos fuerzas.

Un símbolo muy amado en la cristiandad oriental es la que se conoce como Cruz de Vladimir: una cruz de tres travesaños. Además del de los brazos, hay otros dos travesaños: el superior es el del títulus, la nota de la condena, el inferior es el apoyo de los pies. Nada qué ver con la manera como históricamente se crucificaba a los reos, aquí el sentido de las formas es completamente simbólico.
Mientras los travesaños del títulus y de los brazos están en ángulo recto con el poste vertical, el de los pies aparece inclinado, oblicuo, con el extremo derecho hacia arriba y el izquierdo hacia abajo (nada de insinuaciones políticas modernas).
La Cruz de Vladimir significa que Cristo Jesús cumplió rectamente (a escuadra) con una condena injusta, que los humanos entendieron de un modo, pero que Dios enderezó a su modo: “Jesús –el Nazareno-, el Rey de los Judíos”; la verticalidad del poste y la recta horizontalidad de los brazos significan la relación armónica que el Maestro de maestros y Rey de reyes, instituyó y restableció en Gracia entre la relación del ser humano con Dios (de arriba abajo), y entre los seres humanos (de lado a lado).
Pero el travesaño del apoyo de los pies rompe todo equilibrio, y de pronto la obra –trazada a escuadra-, del Salvador del Mundo, depende de la manera de colocarse ante la vida, ante la muerte. El travesaño de los pies representa el humano arbitrio, la caprichosa razón humana, la decisión del ser humano, quien no puede quedar indiferente ante el Maestro de la Cruz.
Si en el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, Adán y Eva representaron una caída mortal y por partida doble, en el Árbol de la Cruz los otros dos crucificados, “en el mismo tormento”, eligen cada cual su camino, y uno hay que advierte al otro.
Los Compañeros de Jesús –los “ladrones”-, los que sufren conjuntamente con Él, similar castigo, y pueden libremente optar –pese a las aparentes limitantes-, por él o contra él, somos también nosotros, cada ser humano que tiene ante sí la posibilidad de hacerse aprendiz de discípulo de un Maestro bien probado, seguro y amigo de los seres humanos. Habiendo aceptado la muerte, gustándola y experimentándola en su carne, la ha vencido en el poder del Espíritu.
Cuando algunos poetas dicen que “Cristo nació crucificado”, no se equivocan: Cristo –el Verbo encarnado-, es la obra perfecta del Padre que deja lugar al concurso y la decisión humana. Su Pasión no comienza con la Oración en Getsemaní, ni con su arresto, sino con la Encarnación misma, es la pasión humana, es nuestra pasión de dolores y gozos, de risas y lágrimas, de altas y bajas, de salud y enfermedad, riqueza y pobreza. (Póngale cuidado al cineasta metido a catequista, Mel Gibson, que explota una mercancía fílmica sanguinolenta de la Pasión como un manojo demencial de culpas y de ensalada de horrores).

……………………………..
Señor y Maestro Jesús:

¿Cómo no remontar nuestra condición de simples aprendices, y ser compañeros tuyos… de ti –Maestro-, que te has hecho Compañero nuestro, tomando violentamente nuestro lugar en el mundo? Has ocupado solidariamente nuestro sitio en un viaje que para ti –como quisiéramos que fuera para nosotros– ha sido aparente humillación y retroceso, como el del viaje del Sol, ¡con razón te llamas Sol de Justicia!

Haznos dignos de acercarnos humildemente a ti como discípulos, permítenos el honor de ser tus compañeros –aunque por un momento pasemos por bestias, aunque por un breve espacio de tiempo de la vida pasemos por ladrones y traidores-, pero permítenos ser –contigo-, maestros que remontemos la muerte, venciéndola con la Vida Eterna que concedes a quienes resueltamente te siguen.

AMÉN.

U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...

miércoles, 24 de diciembre de 2008

En la Gracia de la Nochebuena...



'En të jári tës
Xristougennatikës
'Espéras


'E Parthénos sëmeron ton proaiónion Lógon

'en spélaïo 'érjetai
'apotekeín 'aporrëtos.
Jóreve, é o'ikouménë akoutistheïsa.
Dóxason, metá Angélon kaí ton Poiménon.
Boulëthénta 'epofthénai, Paidíon néon,
tón proaiónon Theón...!
Hoy la Virgen viene
a dar a luz al Verbo Eterno.
En la gruta acontece un nacimiento inefable.
Exulte el mundo que lo escucha:
glorificad, con Ángeles y Pastores.
¡Contemplad con alegría un Nuevo Niño
nuestro Sempiterno Dios...!

Tropario (himno) bizantino de la
Fiesta del Nacimiento -según la carne-,
de Nuestro Señor Jesucristo.
Icono ruso de la Natividad, Studeníka.





U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...





domingo, 14 de diciembre de 2008

Deseamos una
Bendita Navidad
a todos nuestros lectores...





Naces pequeño y pobre;
y nos traes el regalo enorme de la Gracia.

Naciendo inocente, redimes a los culpables;
eres Palabra Eterna y apenas balbuceas;
lloras desvalido y eres segura alegría...

Eres infinita riqueza de Sabiduría,
y naces ignorante y carente.

Siendo Rey, tomas forma de siervo;
siendo Sol de Justicia,
naces entre nuestras tinieblas.
Eres Llave y nadie te abre,
eres Señor, ¿y quién te acata?;
¡eres Dios-con-nosotros!
¿y acaso reconocemos tu presencia?

Haznos generosos como tú eres con nosotros;
y si tú has sido bendición, haz de cada uno
una bendición viva.

Amén.

M. Zavala+



U.I.O.G.D.

sábado, 13 de diciembre de 2008

La Imagen de Guadalupe, pistas para una crítica...
Pbro. Miguel Zavala-Múgica+
Seguramente las discusiones que confrontan a las personas y caldean los ánimos, son estériles y preparan a la violencia; sin embargo, el debate respetuoso de las ideas requiere información que cada persona evalúe internamente y con la cual pueda llegar a sus propias conclusiones.
Actitudes para abordar este asunto.
Al analizar el tema de la Virgen de Guadalupe y del guadalupanismo, yo he distinguido varias actitudes de aproximación ante este objeto de estudio.
Por una parte, están algunas de las diversas ortodoxias del cristianismo (sobre todo las del protestantismo, aunque también en el catolicismo romano) que rechazan --nótese que siempre por razones religiosas--, el aparicionismo y el culto mariano tal como se han desarrollado a partir de la tradición popular española, mexicana y latinoamericana, en estas ortodoxias no deja de haber ciertos ingredientes de intransigencia.
Por otra parte, están el catolicismo romano popular y los diversos paganismos --antiguos y modernos--, que ponen, de uno u otro modo, la figura de la Madre de Guadalupe en el centro de su fe religiosa. Dicha sea la palabra "paganismo" con toda sana intención y respeto a los creyentes respectivos.
Está también el empeño de ciertas jerarquías religiosas, políticas y mediáticas --a fe mía manipuladoras de la historia nacional, y de los sentimientos del pueblo mexicano y de quienes se relacionen con él. Este empeño ha llegado al colmo de no bastarle la interpretación simbólica del mito guadalupano (dicho sea en el sentido antropológico de la palabra "mito", y no en el sentido de "embuste"), para buscar innecesarias justificaciones en el campo de la pseudo-ciencia, tanto histórica como médica, bioquímica y hasta nuclear.

Otro enfoque desde las iglesias mismas (y no sólo la católica romana), es el de las comunidades solidarias que apoyan los procesos del pueblo, y toman el relato guadalupano (generalmente tomando su sentido mítico sin crítica documental, que -para el caso, no parece necesaria), en el sentido de la opción preferencial por los pobres del Vaticano II y de la hoy proscrita --pero nunca inoportuna-- Teología de la Liberación. En este sentido, muchas de las ortodoxias cristianas (al fin ortodoxias), se pierden un análisis que pone de manifiesto los valores evangélicos del relato guadalupano (los textos en náhuatl Nican Mopohua, Huey Tlamahuizoltica, etc.).
Es que no se trata de aceptar la creencia guadalupana, sino de entender el núcleo de las íntimas necesidades y de las esperanzas puestas por innumerables personas en un objeto y un fenómeno que --mejor o peor--, ha demostrado su capacidad de respuesta. La jerarquía eclesiástica --interpuesta entre el pueblo y la Guadalupana--, tan sólo ha sabido colocarse y administrar (bien o mal) esta relación que -en realidad-, tiene vida propia, esto último me parece más que evidente.
Todavía, por otra parte, quizá podamos distinguir dos actitudes más, provenientes del racionalismo: uno científico e historicista, completamente agnóstico, y otro que --tratando de rescatar las intuiciones de la religiosidad popular--, se empeña en la difícil tarea de encuadrar la visión de la Guadalupana en el marco del cristianismo.En la primera de estas actitudes, cabe destacar los análisis de Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad, y de Edmundo O'Gorman en El Guadalupanismo mexicano.
La Virgen de Guadalupe tiene múltiples enfoques para su estudio, y es preciso no confundir los negocios o manipulaciones que se hagan o puedan hacerse con ella, con el hecho antropológico, psicológico e iconológico que este ícono maravilloso implica.
Guadalupe reúne todas las cualidades de una diosa madre --independientemente de que se la asuma de esa manera. No sólo se trata de la Tonantzin prehispánica, sino de la Diosa, un auténtico arquetipo de la psiquis humana universal; el que el catolicismo romano la haya apropiado y adecuado a su cuerpo doctrinal identificándola con la Virgen María, puede ser justificable o no, pero es un asunto diferente dentro del mismo tema.
No deja de ser una actitud un tanto cuanto miope, el que desde otras iglesias cristianas que aceptan una especial devoción mariana, como la Ortodoxia o el Anglicanismo, se critique (en bloque y sin análisis) el guadalupanismo, cuando toda la mariología a lo largo de la historia de la Iglesia --de un modo u otro--, ha sido un esfuerzo más o menos consciente por armonizar la figura de la humilde muchacha de Nazaret, con el mito de la Diosa.
Se puede aceptar o no fenómenos y procesos como la configuración de la imagen de María en el cristianismo general, tanto como la de Guadalupe --y las razones pueden ser más o menos válidas, según el paradigma desde donde se consideren; pero se trata de objetos ante los cuales hay que aproximarse con cautela y ojos bien abiertos.
Cuando me planteo este asunto, me abro preguntas que aún no he podido responderme satisfactoriamente:
Guadalupe y la figura de María, en general:
¿Es una manera de responder a la imagen de Dios que --revelado en la Biblia con ternura y poder--, no se le ha descubierto suficientemente, sin embargo, el rostro femenino y maternal? Ese Yahvéh rajamán ("compasivo"), lleva en este adjetivo el sello de un amor de madre (rajamim = "útero", "entrañas").
Los cristianos hemos sido prolijos en atribuir diversas imágenes a Dios: un niño, un anciano barbado, con corona imperial o tiara pontificia, efigies con tres rostros iguales, y hasta de animales, como corderos, palomas y pelícanos, haciéndolo a nuestra imagen y semejanza. ¿Qué argumentos habría en contra de atribuir a Dios una imagen femenina? ¿Acaso solamente los varones hemos sido hechos a imagen de Dios?, ¿las mujeres no reflejan --en nada-- la bondad, el amor y el poder de Dios?
La imagen guadalupana podrá adolescer de una más grande o más pequeña heterodoxia (¿y qué imagen no?); pero --aceptando que se se le ha manipulado ampliamente--, ¿no estará el pueblo respondiéndose a través de ella --a medias quizá--, inquietudes que el cristianismo institucional no ha sabido o no ha podido atender?
¿Contribuye la imagen guadalupana --y mariana, en general-- a la eternización de la minoría de edad de un pueblo?, ¿representa procesos no superados en la psicología de las masas?, y --si así fuera--, ¿cuál es la manera de resolver esa problemática?
Guadalupe en el paradigma trinitario.
Hace ya varios años pude ver --en una estación de microbuses, a la salida del Metro General Anaya, en la Ciudad de México--, una imagen guadalupana pintada en la pared, en memoria de un conductor que recientemente había muerto. Una enorme Virgen de Guadalupe sostenía maternalmente los brazos de la Cruz donde el Hijo --Jesucristo--, lanzaba el último suspiro; al mismo tiempo, del pecho de la Guadalupana salía la paloma representativa del Espíritu Santo.
Al primer golpe de vista de un ojo teológico ortodoxo, se trata de un disparate, una herejía: María (¿María?) --desproporcionada hasta en el tamaño de la imagen--, ocupa un lugar que no le corresponde: debería estar al pie de la Cruz: en lugar de ello, se coloca en el lugar que la iconografía cristiana ha reservado, durante siglos a la primera persona de la Trinidad: el Padre, quien sostiene a su Hijo Unigénito en su Pasión y "espira" al "Espíritu que del Padre procede..."
Esta imagen me ha dejado impresionado durante todos estos años.
Se trata de una pequeña gran obra de arte popular..., de hecho era un grafiti hecho con aerosoles de brillante y variopinto color. Con el adjetivo "popular" suele conjurarse que el pensamiento o la expresión artística de las personas comunes pueda considerarse teológico, al menos en cierto sentido. La obra sería --según la sentencia eclesiástica--, una pequeña gran herejía. Pero... ¿quién dijo que se trata necesariamente de María? Las personas --sobre todo las humildes y pobres--, hablan de "la Virgencita", o de la "Santísima Virgen", porque es el lenguaje de que les hemos provisto los guardianes de las ortodoxias y, en apariencia, siguen el paradigma dogmático que les hemos propuesto.
¿Cuál es el sentido del paradigma popular? ¿Cuál la manera en que la mente (o mentes) popular(es) reorganizan de modo más --o menos consciente--, los datos aprendidos de la tradición generacional y de la tradición eclesial, así como su propia reflexión experiencial? Los anglicanos solemos decir que respetamos el proceso de esta razón de experiencia (o experiencia de razón) en la gente, como un vehículo de expresión de la Palabra de Dios.
En el ícono propuesto, y --por ende--, en la mente popular, ¿la Guadalupana representa realmente de María?, ¿o a la primera Persona de la Trinidad?; entonces --aceptado esto--, ¿la Primera Persona --el Padre--, puede ser Madre? Dios --el Espíritu puro y absoluto, el SER--, no aprisionado por condicionamientos humanos, ni por la dualidad hombre-mujer, Dios --el UNO absoluto--, ¿puede o no ser representado?, ¿vale la pena expresarlo en términos de uno u otro sexo?
"¡No te harás imagen alguna...!", parece resonar el Decálogo en este punto. ¿Y el ser humano, hecho a imagen de Dios?, ¿y Cristo, el Dios hecho a imagen del ser humano?
Indudablemente el arte ha hecho al mundo. Divina o humana (eso no ha sido tema de nuestra disertación), el ícono guadalupano no deja de ser una obra de arte, y expresa... ¿expresa a Dios o a María? Entre todos estos procesos, creo que el más vertebral y medular es el proceso de hacernos conscientes de ellos.

U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...

jueves, 11 de diciembre de 2008

Mos abendises, Dió del sielo,
por la tu sejut
mos venga el Goel...
U.I.O.G.D.