Matthias Grûnnewald: La Resurrección, (1515).
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...
Matthias Grûnnewald: La Resurrección, (1515).
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...
del libro de las Lamentaciones a las que has oído siempre en este día; será tal vez, porque las Lamentaciones son lectura tradicional para los oficios de Maitines y Vísperas (Oración Matutina y Vespertina), y no las del Oficio de Pasión.
“…y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció.”
(Hebreos 5:8).
15 Dios compasivo, encomendamos a tu cuidado a ...N, quien ha muerto por su propia mano. Concede que el conocimiento de tu amor y misericordia, pueda confortar a quienes lloran por él/ella. Fortalece nuestra seguridad en tu propósito redentor para todos tus hijos e hijas, mediante Jesucristo, tu hijo. Amén.16 Señor Jesucristo, tú has conocido la agonía de morir solo y abandonado. No hemos podido conocer la agonía que ha llevado a …N, a disponer de su propia vida. Nos conduele no haber podido conocer sus necesidades. Consuélanos al enfrentar este aparente triunfo de la muerte; perdónanos si acaso le hemos faltado a …N en tiempo de necesidad; y bríndanos la seguridad de que tú puedes traernos esperanza en el dolor. Amén.
…Innocens captus, / nec repugnans ductus; /testibus falsis / pro impiis damnatus...Gerard van Honthorst 1590-1656
Cristo ante el Sumo Sacerdote.
Attende Dómine en una coral de la iglesia católica romana de St. Bartholomew's.
“Creo en un solo Señor: Jesucristo… engendrado, no creado; de la misma naturaleza (‘omooúsios) que el Padre…”

Muñoz Degrain: Conversión de Recaredo,
Palacio del senado, Madrid, 1888.
La liturgia hispánica.
La España medieval tuvo su propio rito litúrgico: el Hispano-Mozárabe –también llamado Rito Visigótico-, que se remonta, cuando menos, al siglo VI, y perduró entre los cristianos aún bajo el dominio árabe musulmán (de ahí: "muzárabe"). Aunque, ciertamente, celebrado en latín, el mozárabe es distinto del Rito Romano, y posee sus propias colecciones de himnos, antífonas y otros recursos litúrgicos.
Aunque abolido paulatinamente, a favor de la imposición del rito romano, el rito mozárabe continúa celebrándose en algunas iglesias católicas romanas con privilegio papal p
ara hacerlo continuamente o en ciertas fechas. Juan Pablo II extendió el privilegio, en 1992, a toda España, donde la devoción o el interés histórico-litúrgico lo requieran.
El rito hispánico fue la base para la liturgia que compuso Juan Bautista Cabrera, primer Obispo de la Iglesia Española Reformada Episcopal, hacia 1880, para el naciente anglicanismo español.
Juan Bautista Cabrera (1837-1916):
Primer Obispo de la Iglesia Española
Reformada Episcopal: Su liturgia tomó en
consideración el antiguo rito hispano mozárabe.
Los cantos mozárabes y la himnografía anglicana: El Attende Dómine.
Uno de los cantos mozárabes o visigóticos más conmovedores, es Attende Dómine, cuya letra presentamos aquí; en el rito hispánico, se trata de las preces para el Oficio de Sexta (mediodía) del miércoles de la V y última semana en Cuaresma.
Sin embargo, el tema pasó, con algunas variantes, a la liturgia romana. Es un tema muy de Semana Mayor –el prendimiento y juicio de Nuestro Señor-, especialmente de la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo.
En la mayoría de las liturgias cristianas, los himnos, antífonas y otras composiciones, por lo general se dirigen a Dios Padre, y hablan –en tercera persona- de Cristo o de los santos. Sin embargo, el Rito Mozárabe se caracteriza porque muchos de sus cantos se dirigen a Cristo, hablándole directamente y enfatizando su condición divina; esto, merced a la lucha contra las doctrinas arrianas.
Un himno mozárabe –Christe Lux Mundi (modo VII)-, aparece en los himnos: 33 (letra y música); 34 y 35 (sólo letra) del Himnario 1982 de la Iglesia Episcopal, la provincia anglicana de los Estados Unidos.
El Attende Domine, aparece en versión libre al castellano en el himno 47 (Christe, audi nos) del Himnario Episcopal de 1961. Este himnario ha perdido carácter oficial pero sigue en uso, al menos, en la Catedral de San José de Gracia y en algunas otras iglesias de la Diócesis de México de la Iglesia Anglicana.
La mencionada versión castellana del Attende Dómine, (del Himnario 1961), fue traducida no desde el original en latín, sino, probablemente, desde la versión inglesa de C.S. Phillips, 1932, para el himno 586 de la colección Hymns Ancient & Modern, Revised.
Ojalá se considere su inclusión en próximas ediciones de himnarios anglicanos, especialmente de lengua castellana.
Attende Domine con coro español.
ATTENDE DOMINE
Véase una traducción castellana más abajo.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
Ad te Rex summe, / omnium Redemptor,
oculos nostros / sublevamus flentes:
exaudi, Christe, / supplicantum preces.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
Dextera Patris, / lapis angularis,
via salutis, / ianua caelestis,
ablue nostri / maculas delicti.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
Rogamus, Deus, / tuam maiestatem:
auribus sacris / gemitus exaudi:
crimina nostra / placidus indulge.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
Tibi fatemur / crimina admissa:
contrito corde / pandimus occulta:
tua, Redemptor, / pietas ignoscat.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
Innocens captus, / nec repugnans ductus;
testibus falsis / pro impiis damnatus
quos redemisti, / tu conserva, Christe.
Attende Domine, et miserere,
quia peccavimus tibi.
………………………………..
NOTA:
La forma original del canto pone Et miserere…, como respuesta del pueblo:
al fin de cada prez, y no se usa el estribillo. La primera estrofa reza:
Ad te Redemptor / omnium Rex summe,
oculos nostros / sublevamus flentes:
exaudi, Christe, / supplicantum preces.
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ATIENDE, OH SEÑOR
Traducción y adaptación: Pbro. Miguel Zavala Múgica+
Santa María Tlalmimilolpan, México, 1992.
Tonada: Attende Dómine, Mozárabe.
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
A ti Rey supremo, / Redentor de todos,
los ojos nuestros / llorando elevamos:
escucha, oh Cristo, / suplicantes preces.
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
Oh Diestra del Padre, / piedra angular,
via salvadora, / puerta celestial,
lava las manchas / de nuestros delitos.
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
Rogamos, oh Dios, / a tu majestad:
tu santo oído / presta a los gemidos,
y nuestro crimen / perdonar te plazca.
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
A ti confesamos / crimen consentido:
muestra lo oculto el / corazón contrito;
¡oh Redentor, que / tu piedad perdone!
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
Inocente, preso, / dejas que te lleven;
condenado fuiste / con testigos falsos.
¡Conserva, oh Cristo, a / quienes redimiste!
Atiende oh Señor, y apiádate,
porque pecamos contra ti.
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FUENTES:
1. http://usuarios.lycos.es/sinelabe/index-0.htm
2. http://es.wikipedia.org/wiki/Liturgia_hisp%C3%A1nica
3. The Hymnal 1982, Ed. The Church Hymnal Corporation, Nueva York.
4. El Himnario de la Iglesia Episcopal 1961: Para el uso de las Congregaciones de habla española, Ed. The Seabury Press Greenwich, Connecticut.
5. http://www.oremus.org/hymnal/h/h180.html
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado…
Marc Chagall: La Guerra.
Esta obra –representa exilio, matanza y destrucción-, la escena parece desarrollarse sobre el mantel de una mesa (¿del Séder de Pésaj?), o quizá sobre el tálit de oración. El cabritico aparece como presidiendo la escena, pero –en sí mismo-, es un motivo más, y aparece de nuevo, más pequeñito, a la izquierda. El crucificado aparece también, visible y claro, pero relegado a un extremo.
Un kavritiko…
Por dos levanim, por dos levanim.
Vino el perro i modrió al gato,Por dos levanim, por dos levanim.
Vino el shohet (*), i degoyó al buey,Por dos levanim, por dos levanim.
Vino El Santo bendicho… (*) … …Por dos levanim, por dos levanim.
::::::::::::::::::::::::::::::Jad gadya…Jad gadya, jad gadya,
d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata shunra v’ajlah l’gadya, d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata kalba ve-nashaj l’shunra, d’ajlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata jutra, v’hikkah l’kalba d’nashj l’shunra, d’akhlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata nura, v’saraf l’jutra d’hikkah l’kalba, d’nashaj l’shunra, d’akhlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata maya, v’javah l’nura d’saraf l’jutra, d’hikkah l’kalba d’nashaj l’shunra, d’ajlah l’gadya
d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata tora, v’shatah l’maya d’javah l’nura, d’saraf l’jutra d’hikkah l’kalba, d’nashaj l’shunra, d’ajlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata ha-shojet, v’shajat l’tora d’shatah l’maya, d’javah l’nura d’saraf l’jutra, d’hikkah l’kalba d’nashaj l’shunra, d’ajlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei
Jad gadya, jad gadya.
V’ata Mal'aj ha-Mavet, v’shajat le-shojet d’shajat l’tora, d’shatah l’maya d’javah l’maya, d’saraf l’jutra d’ hikkah l’kalba, d’nashaj l’shunra, d’akhlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
V’ata ha-Kadosh Baruj Hu, ve-shajat l’Mal'aj ha-Mavet, d’shajat le-shojet d’shajat l’tora, d’shatah le-maya d’javah l’nura, d’saraf l’jutra d’hikkah l’kalba, d’nashaj l’shunra, d’ajlah l’gadya d’zabin abáh bitrei zuzei.
Jad gadya, jad gadya.
Jad Gadya
(Original arameo con grafía hebrea).
חַד גַּדְיָא
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא שׁוּנְרָא, וְאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא כַלְבָּא ,וְנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא חוּטְרָא, וְהִכָּה לְכַלְבָּא
דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא נוּרָא, וְשָׂרַף לְחוּטְרָא
דְּהִכָּה לְכַלְבָּא ,דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא מַיָּא, וְכָבָה לְנוּרָא
דְּשָׂרַף לְחוּטְרָא ,דְּהִכָּה לְכַלְבָּא
דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא תוֹרָא, וְשָׁתָה לְמַיָּא
דְּכָבָה לְנוּרָא ,דְּשָׂרַף לְחוּטְרָא
ּ דהִכָּה לְכַלְבָּא, דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא הַשּׁוֹחֵט, וְשָׁחַט לְתוֹרָא
דְּשָׁתָה לְמַיָּא ,דְּכָבָה לְנוּרָא
דְּשָׂרַף לְחוּטְרָא, דְּהִכָּה לְכַלְבָּא
דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא מַלְאַךְ הַמָּוֶת, וְשָׁחַט לְשׁוֹחֵט
דְּשָׁחַט לְתוֹרָא,דְּשָׁתָה לְמַיָּא
דְּכָבָה לְנוּרָא, דְּשָׂרַף לְחוּטְרָא
דְּהִכָּה לְכַלְבָּא, דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
וְאָתָא הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא
וְשָׁחַט לְמַלְאַךְ הַמָּוֶת ,דְּשָׁחַט לְשׁוֹחֵט
דְּשָׁחַט לְתוֹרָא, דְּשָׁתָה לְמַיָּא
דְּכָבָה לְנוּרָא, דְּשָׂרַף לְחוּטְרָא
דְּהִכָּה לְכַלְבָּא ,דְּנָשַׁךְ לְשׁוּנְרָא, דְּאָכְלָה לְגַּדְיָא
דְּזַבִּין אַבָּא בִּתְרֵי זוּזֵי
חַד גַּדְיָא, חַד גַּדְיָא
U.I.O.G.D.
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...
Salmo XXIII

Carlos Martínez García http://www.jornada.unam.mx/2009/02/25/index.php?section=opinion&article=018a1pol
Parecen consolidarse nuevas tendencias hegemónicas en el protestantismo nacional. De iniciales críticos del clericalismo católico, y de la pretensión de éste a dominar la sociedad, los evangélicos mexicanos, en términos generales, practican lo que antes decididamente rechazaban. Tal vez así estén adulterando su vocación original: la democratización de lo religioso y construir núcleos contrastantes con su entorno social y político, pero sin el recurso constantiniano de usar al Estado con fines adoctrinadores. En nuestro siglo XIX, a partir de la promulgación de la Ley de Libertad de Cultos juarista (4 de diciembre de 1860), las células protestantes comienzan a consolidarse en el país. Distintos esfuerzos locales, a los que después se articulan los misioneros llegados del extranjero, le van dando forma y cariz al protestantismo de corte evangélico en diversas partes de la geografía nacional. Una de sus características fue la crítica del predominio clerical católico existente tanto en el seno de la institución eclesiástica como en su pretensión de controlar a la sociedad. Pugnaba por la plena participación de todos los creyentes en los asuntos de su comunidad de fe. De esa postura claramente anticlerical, en las últimas dos o tres décadas en las distintas expresiones eclesiásticas de perfil evangélico ha ido ganando terreno el control de los liderazgos sobre la feligresía. Incluso, para subrayar la diferencia entre unos y otros, se ha fortalecido un vocabulario antes casi inexistente en las iglesias protestantes. Nos referimos a los términos clérigos y laicos. Aquellos serían los administradores y/o mediadores de los bienes simbólicos de salvación, y los últimos consumidores de lo producido y ordenado por la elite clerical. Los cambios semánticos denotan transformaciones doctrinales y sus consecuentes prácticas. Ahora campean títulos rimbombantes para referirse a los líderes: apóstoles, reverendos, profetas, ungidos, salmistas, siervos consagrados, varones de Dios. No faltan, en el seno de la corriente clericalizadora dentro del evangelicalismo (que no evangelismo) mexicano, quienes lanzan todo tipo de anatemas contra los que se atreven a poner en duda las revelaciones que dicen recibir los iluminados neoclérigos. El clericalismo evangélico, en lugar de fortalecer la independencia de los creyentes, y su derecho a ser actores en la internalización y expresión de lo que creen, busca el control y la dependencia mediante el viejo mecanismo de vigilar y castigar. La otra tendencia que crece es la que podemos denominar encantamiento con la política partidista. Recordemos que a lo largo de la extensa geografía latinoamericana el protestantismo fue, en el siglo XIX y casi todo el XX, un claro defensor de la laicidad del Estado. Pugnó por la separación del Estado y las iglesias, en contra de lo sostenido por la Iglesia católica, que concebía al Estado como una extensión de sus ideas e intereses. En el anterior contexto, las primeras generaciones de protestantes mexicanos decididamente estuvieron en favor de consolidar el Estado laico como garante en el ejercicio de la libertad de conciencia. Nadie se planteaba la idea de impulsar desde las instituciones públicas y gubernamentales las particulares creencias evangélicas. Es más, prevalecía un rechazo a la participación política partidista y existía la preocupación por forjar comunidades de creyentes éticamente contrastantes con el mundo circundante. El estricto rechazo a la seducción del poder cambió, no con brusquedad, pero sí con paso firme en la década de los años 80 del siglo pasado. Con un esquematismo ahistórico se comenzó a escuchar que la solución a los problemas de las distintas naciones latinoamericanas estaba en la llegada al poder gubernamental de hombres de Dios, con corazón limpio e intenciones justas y nítidas. En diversos países, el nuestro incluido, fue elaborándose una simplona teología del poder, que prometía cambios súbitos en la calidad de vida de los guatemaltecos, brasileños, peruanos, nicaragüenses y demás nacionales de los países latinoamericanos. Al inicio con timidez, pero después en distintas zonas del país surgieron esfuerzos empeñados en construir partidos políticos evangélicos, o en ofrecer un copioso apoyo evangélico a cambio de espacios en los partidos ya existentes en el espectro electoral mexicano. Los liderazgos, que se dicen llamados por Dios al ministerio político, hicieron cálculos alegres y proyectaron que recibirían automáticamente los sufragios, en elecciones locales y nacionales, de sus hermanos y hermanas en la fe. Su mecanicismo les jugó malas pasadas, los votos no llegaron en el caudal esperado. Sin embargo, algunos lograron acceder a diversas esferas de poder. En algunos casos por desconocer los entretelones de la vida política partidista, los neopolíticos evangélicos fueron engullidos por los lobos de la politiquería. En otros momentos olvidaron los que decían eran sus principios y motivaciones para buscar el poder, y una vez obtenido (en escalas menores y de escasa repercusión, hay que decirlo) se comportaron de la misma manera que las rancias castas políticas. Una confesión religiosa, el protestantismo evangélico, que ha tenido en su historia nitidez doctrinal para comprender cuál es su papel en una sociedad plural, tal vez pueda recomponer las dos tendencias que hemos señalado y ser coherente con su vocación original.
a casualidad. Éste construyó la imagen de un candidato "temeroso de Dios", enarbolando estandartes guadalupanos, comulgando en el medio de la campaña, yendo a la Basílica y a cuanto templo se le presentaba. Desmentía a las corrientes laicas del panismo y le arrimaba el voto de protestantes, pentecostales y judíos conservadores. La inclusión de tres secretarios de estado judíos en su primer gabinete y un metodista en un alto cargo ratificaba dicha estrategia.