



La Presencia Real de Cristo en la Eucaristía de la comunidad, se entiende también en la inclusión --en una misma familia--, de muchos hermanos que son diferentes entre sí: Aquí, la congregación de El Espíritu Santo, en Tlalpan, México, D.F. (2004), en una eucaristía especial con personas homosexuales, sus padres y familiares.
Pienso que estas últimas, son extensiones válidas de la Eucaristía, y auténticas experiencias de la Presencia Real, viva y eficaz no sólo en su Cuerpo Sacramental, sino en su Cuerpo Místico, que somos nosotros, los miembros de la Iglesia.
ELECCIÓN EN Pbro. Miguel Zavala-Múgica+
Nuestro Señor Jesucristo no nos dejó doctrina ni enseñanza alguna específica sobre la homosexualidad; su enseñanza suprema sobre el amor, la fe y la buena voluntad, trascienden completamente los detalles casuísticos. ¿Qué diría Jesús de dos hombres o dos mujeres homosexuales que permanecieran juntos cuidándose uno a otro en un cáncer de pulmón, fortaleciéndose en la muerte de la madre o el padre del otro?; habiendo caridad y buena fe, ¿qué más da la privacía de las relaciones sexuales? El punto allí es la caridad, el amor oblativo, que se conecta con la actitud de Nuestro Señor en su santísima vida y en su bendita muerte por nosotros. Algunos biblistas (pocos, ciertamente), han presentado indicios (quizá no del todo suficientes, también es cierto) -basados en la crítica literaria y la filología-, de que el pasaje lucano de la curación del siervo del centurión, bien pudiera ser un caso en el que el militar romano hubiera adoptado como pareja a un miembro de su servidumbre. Esto explicaría entre otros motivos, la profunda humildad del soldado al sentirse indigno de hacer pasar al Señor a su casa, por no hacerle blanco de críticas, tanto por entrar en una casa pagana, como por sanar a su pareja (si aceptáramos eso último como cierto). En todo caso, Nuestro Señor alaba la fe de este hombre y le bendice con su milagro de sanidad. Y la actitud de Jesús con las mujeres, los niños, los extranjeros-paganos, y otras personas consideradas "impuras
", que pueden ser equiparables a la homosexualidad, muestran que --en Jesús--, la Gracia quiebra y rompe con la Ley, pues él la ha cumplido toda en la Cruz. Nuestro Señor Jesucristo no echa fuera a nadie, no rechazó a nadie, a todos acogió, bendijo y amó. Sus palabras referidas a la "mujer de mala vida" que perfumara sus divinos pies con carísima esencia de nardos, aplican para mil casos: "Sus muchos pecados le son perdonados por cuanto ha amado mucho..." De aquí que --ante la certeza de nuestros múltiples pecados--, más pese ante el Divino Juez el que ciertamente hayamos amado decisivamente, comprometidamente... ¡pero amado de verdad!, no mero romance... si
no amor responsable y oblativo. El mismo Señor resumió la Ley en amar a Dios y al prójimo, y nos dejó un solo mandamiento inescapable y de todo punto obligatorio: "Amaos los unos a los otros, como YO os he amado..." Y contra caridad no hay precepto. Lo que sí queda muy constatado y cierto, es que ciertamente sí condenó Jesús la venalidad, la falsa piedad, la hipocresía, y la soberbia (como la del fariseo de San Lucas 18), y a buen seguro que esas duras y enérgicas condenas suyas le merecieron el odio, la envidia y el rencor de "piadosos" y clericales falsos pastores pseudo-defensores de la Ley. Eso, ¡eso!, eventualmente le condujo a su Pasión y Muerte. Por eso San Juan --en el prólogo de su Evangelio dice: "...la Ley nos fue dada por medio de Moisés, mas la Gracia y la Verdad, es por Jesucristo que nos han venido." Tanto Jesús como Pablo, repiten que cualesquiera relaciones humanas de este mundo (amos-esclavos, judíos-griegos, hombres-mujeres, una mujer que enviuda de sucesivos maridos, etc.), se ven supeditadas al amor sin barreras que es condición fundamental de la nueva edad y el nuevo mundo del Reino de Dios que Jesús ha venido a proclamar, y anunciar hasta el testimonio mismo de su sangre que sella ese Nuevo Pacto, y de su resurrección que le exalta, y el Don del Espíritu Santo que le sella y confirma. Luego de esto, no me resta mucho por decir, en verdad...

Obispos anglicanos durante la Conferencia de Lambeth de 2008. Este organismo es uno de los instrumentos de unidad de la Comunión Anglicana, su autoridad es consultiva y no jurisdiccional. En la foto, la fila correspondiente a los Primados, y en ella se distinguen -de derecha a izquierda-: 4o. Martín Barahona (El Salvador, Primado de Centroamérica); 9o. Carlos Touché (México, Primado de México); 11o. Rowan Williams (Canterbury, Primado de Toda Inglaterra y de la Comunión Anglicana) y 12o. Katarine Jefferts Schori (Primada de EU).
La Mujer en la Iglesia
"Con sólo tocar el borde de su manto, me salvaré..."
tamente atrevida-, y valiente mujer. Cuando leo: “La mujer, al ver que no podía esconderse, fue temblando a arrodillarse a los pies de Jesús…”, pienso en la desesperación de tantas mujeres que quisieran ocultarse, cubrirse la cara, aniquilarse a sí mismas, con tal de no seguir sufriendo el trato estúpido, “troglodita”, grosero y cruel que tantas estructuras machistas –como modelos familiares, modelos de sociedad, estado e iglesia, e incluso otras mujeres o bien cegadas y alienadas o sencillamente convenencieras-, les han dado. San Pablo dice que “...en Cristo no hay: judío ni griego, esclavo ni libre, ni hombre ni mujer...” (Gálatas 3: 27 y 28), él no está negando las diferencias que nos enriquecen, sino declarando que las discriminaciones, maltratos y odios entre personas diferentes por sexo, raza, religión, clase social, etc., deben desaparecer cuando de veras has abrazado a Cristo y has elegido “seguirle y obedecerle como tu Señor”. Hace unos días, otros amables amigos: la Dra. Celina Vázquez-Parada y su esposo el Dr. Wolfgang Vogt –catedráticos de la Universidad de Guadalajara-, me invitaron a exponer, como se nos ha hecho costumbre, la historia y las características de la Iglesia Anglicana y de la Iglesia Ortodoxa (esto último, a falta de una persona cristiana ortodoxa calificada que pueda hacerlo regularmente en esta ciudad). Hablando sobre la problemática del status de la Mujer en la Iglesia y en la sociedad, y de la cuestión homosexual en la religión –y a propósito de los problemas al interior de la Comunión Anglicana, la Dra. Vázquez-Parada señalaba que el problema de fondo es la situación de la mujer; yo, a mi vez, señalaba que parte esencial de la causa del rechazo hacia las personas homosexuales consiste en la falsa creencia machista de que el hombre homosexual sea un varón que ha abdicado o renunciado a su status (“honorable” y “superior”) de masculinidad y adoptado un papel “inferior”, el femenino, he ahí dos problemas: adoptar esa creencia simplista y falsa (por incompleta) sobre la homosexualidad, y ponerle como base una creencia igualmente falsa y todavía más inicua y destructiva: la inferioridad, impureza, suciedad, debilidad, etc. de la condición femenina.
Anita Del Águila nos envía un hermoso vídeo sobre la belleza del rostro femenino en el arte. Se comenta que ha sido visto por más de 5.3 millones de visitantes en You Tube y ha causado más de diez mil comentarios en dos meses. Creo que sería aún más hermoso si –a los jóvenes rostros de mujeres blancas-caucásicas- se añadieran otras asiáticas, indígenas americanas, negras, australes, y no sólo jóvenes, sino también ancianas, y también el rostro de mujeres humildes y pobres. Aquí va el enlace: http://www.artgallery.lu/digitalart/women_in_art.html, gracias Anita, por el envío, y por detenerte en detalles que nos ayudan a razonar tantas cosas importantes en nuestra fe y nuestra vida de creyentes. 
Bono: "La Iglesia me condena


“Una vez iluminado, alcanza el ser humano las cumbres eternas, y ya aquí -en la tierra-, todo él se hace milagro; permaneciendo en la tierra -como un ángel-, conduce hacia Dios a toda creatura...”
Ahora bien: ¿qué son los querubines? La idea oriental y mística de lo que es un querubín, es algo muy distinto de la concepción occidental. En Occidente, el arte y la visión popular concuerdan en que los querubines son unos divertidos angelitos regordetes y sonrientes, riendo y jugando cabe la majestad del Eterno o la de la Siempre Bendita Virgen.'E Synáxis toon 'asomátoon: Ícono tradicional que representa el misterio interpretado en el Himno de los Querubines; el ícono se llama: 'E Synáxis toon Asoomátoon (“La Congregación de los Incorpóreos”), y representa a Nuestro Señor Jesucristo, no digamos en su “real”, sino en su Regia Presencia eucarística, escoltado por las angélicas huestes espirituales.
Jerub
(singular) / jerubím (plural) es una palabra hebrea que designa a una categoría de seres angélicos, espirituales y celestiales que forman parte de las huestes del Dios único de Israel. Estos seres espirituales, en las culturas: hitita, cananea, y las de Mesopotamia (como Babilonia, Asiria o Persia), eran representados en el arte oficial como verdaderos monstruos terribles, zoomorfos, con cabeza humana y cuerpos mixtos de león, toro y alas de águila.Los serafines (saraf / serafim), son otro tanto, aunque éstos son representados como llamas de fuego, aunque no menos representativos de las ideas de fuerza, poder y ligereza.
Este conjunto de ideas -no la de los angelitos regordetes, que tiene sus propias razones-, es la que va contenida en los textos bíblicos que hablan de querubines y serafines (jerubím / serafim), como Génesis 3: 24, donde Dios pone un querube con flamígera espada, al cuidado del Árbol de la Vida; o bien Éxodo 25: 18-22 donde se mencionan los querubines que custodian el Arca de la Alianza. Y en los dos libros de Samuel y de Los Reyes, se mencionan los querubines como parte de la imaginería o iconografía de Israel (menuda bronca para los que insisten en un iconoclasmo protestante absoluto, con perdón... eh).
El Profeta Ezequiel, en los capítulos 10 y 41, hace una descripción del carro de Dios, de la movilización de la majestad trascendente de Dios con su pueblo exiliado; en este carro, son esenciales querubines y serafines, según la descripción que anteriormente he dado; y en el Salmo 18:10 se presenta la metáfora de Yahvéh “montando sobre un querubín y volando sobre él”.
La descripción de la adoración celestial en el libro del Apocalipsis, en mucho depende de Ezequiel y del Libro del Profeta Isaías, donde el profeta describe a querubines y serafines zoomorfos que se gritan unos a otros:
“¡Santo, Santo, Santo! ¡Yahvéh Tsebaot!Llenos están cielos y tierra de tu gloria. ¡Hosanná en las alturas!”
La Iglesia ha combinado ese Hosanná con las exclamaciones del Salmo 119 y de la multitud a Jesús, en su entrada a Jerusalén: “¡Bendito el que viene en Nombre del Señor!, ¡Hosanná en las alturas!” (San Mateo 21: 9), para componer el Himno que llamamos Sanctus y al que se hace referencia en el Himno de los Querubines como tón Triságion 'ýmnon (“...la alabanza tres veces santa”). Este himno se canta justo antes de la plegaria de consagración del Cuerpo y la Sangre de Cristo.