sábado, 12 de julio de 2008

Europa en manos de
los hijos de San Benito
+ La obra de Benito de Aniano: “El Segundo Benito”
+ Cluny: el poder central de la Iglesia Occidental
+ Inicios del Císter.
Compilado y editado por el Pbro. Miguel Zavala-Múgica+, a partir de:
1. San Benito de Aniano, en
Wikipedia, la enciclopedia libre.
http://es.wikipedia.org/wiki/Benito_de_Aniane
2. Arte-Historia:
http://www.artehistoria.jcyl.es/civilizaciones/contextos/8213.htm
Y la revista…
3.
Imágenes de la Fe No. 146 “San Benito, Maestro de Sabiduría”.
El título y atributos que lleva Benito de Nursia como Padre de Europa o Patriarca de los monjes de Occidente, es –en gran parte-, mérito de un monje benedictino homónimo suyo: Benito de Aniano (Languedoc, 750-821), cuya obra de reforma del monaquismo es esencial para el benedictinismo de Europa. En el Calendario de la Iglesia Romana, su fiesta se celebra el 12 de febrero.

Regla de todos los monjes de Occidente.
Ya sabemos que al morir Benito en 547, no había dejado fundación de orden religiosa alguna. Sin embargo, la Regla existía ya –sin la cual la obra personal de Benito de Nursia se habría perdido en la noche de la Europa germánica. En 577 los lombardos arrasan Montecassino -destrucción que la leyenda, recogida por Gregorio Magno, dice que había sido predicha por Benito junto con las otras dos que le han seguido. Los monjes huyen, rescatando el manuscrito de la Regla, y se refugian en Roma, al amparo de Gregorio. El Papa –monje él mismo-, se interesa en la vida y obra de Benito y se anima a incluir su vida en el segundo volumen de sus Diálogos.
Monjes misioneros.
En vida de Benito de Nursia, casi toda la Europa del Norte era pagana. La Iglesia estaba establecida en lo que hoy son las Islas británicas, y había toda una institución de Iglesia y monacato celtas, sin embargo, la invasión de anglos y sajones retrajo a los celtas cristianos y fue motivo de que Gregorio Magno empleara a monjes benedictinos (Agustín de Canterbury) en la re-evangelización de lo que se llamaría ahora Inglaterra. La obra resulta sumamente exitosa, y muy pronto Inglaterra envía monjes, desde monasterios benedictinos propios a evangelizar lo que hoy son: Holanda (Willibrordo) y Alemania (Bonifacio, véase su biografía en este BLOG). Serán monjes benedictinos quienes lleven la fe cristiana a Escandinavia, Bohemia, Polonia y Prusia.
Benito de Aniano.
Poco a poco la Regla permea todos los monasterios de Occidente, pero ha ido poco a poco, de casa en casa. Llega el siglo VII, y bajo el Emperador Ludovico Pío (814-840), emerge también la figura de Benito de Aniano –español, nacido en el Languedoc-, con él se logra que los abades de los más importantes monasterios de Europa –reunidos en Aquisgrán-, adopten la Regla de San Benito universalmente.
Originalmente, se llamaba Witiza, hijo de Aigulfo, conde visigodo de Maguelona; educado en la corte de Pipino el Breve y después en la de Carlomagno. En 774 profesa en Saint-Seine, cerca de Dijón, pero abandona la abadía ante la falta de rigor de los monjes. Marcha a Aniane, cerca de Montpellier y vive como anacoreta. En 782 funda un cenobio próximo a Aniano donde, con unos cuantos discípulos, puede llevar la vida ascética que predica. Éste tarda en desarrollarse debido a su rigor y, Benito decide adoptar la Regla de Benito de Nursia (c. 480-547) cuya aplicación le parece más práctica.
En 792, la Abadía de Aniano pasa a patronato regio; Benito la convierte en centro de radiación del benedictinismo en Aquitania; es aceptado en Languedoc, Auvergne y Borgoña. Ludovico Pío se interesa por la nueva regla para imponer unidad religiosa en su Imperio, y cita a Benito a Inden, donde prepara tres sínodos para tratar la reforma del monaquismo en 816, 817 y 818-en 819. Se impone la Regla de San Benito; las abadías se integran en las instituciones del Imperio; los abades se convierten en verdaderos señores feudales y junto con la organización, comienza también la corrupción y el tráfico de influencias.
La obra de Benito de Aniano, no es sólo de unificación, sino también una lucha contra la doctrina cristológica conocida como adopcionismo (Cristo humano, adoptado por Dios como Hijo en su bautismo, pero no de naturaleza divina, como predica la ortodoxia), difundida a través de ciertos entendimientos de los textos de la liturgia romano-franca. Con Benito de Aniano, en el scriptorium -o taller de creación, copia e iluminación de textos, de cada monasterio-, se va creando la escritura minúscula. Los cambios aportados se adoptan rápidamente en Sajonia e Italia entre 820-830. El benedictinismo va imponiéndose en Europa y termina creándose la gran Abadía de Cluny, que tendrá enorme influjo en toda Europa. Sin embargo, a partir de esta regla única, se crearán normas propias en cada abadía.
La reforma de Cluny.
Con Carlomagno, al iniciarse el siglo IX, Europa estaba organizada y en relativa paz, y la alianza entre el trono y el altar, permitió un tipo especial de organización en el que la Iglesia y el monacato, cumplieron un papel esencial. Al morir Carlomagno, el imperio se repartió –como si de una propiedad personal se tratase-, y comenzaron las pugnas internas entre sus hijos y nietos, aunadas al desastre de nuevos invasores: normandos, sarracenos, húngaros, etc. Las instituciones eclesiásticas quedan a merced de los abusos de los nobles.
En 910, nace en la oscuridad del bosque de Borgoña, la comunidad de Cluny, que practica la Regla de San Benito, con su hospitalidad generosa hacia los pobres y un desarrollo de los estudios y la práctica del culto divino. El 11 de septiembre de 909 Guillermo III de Aquitania concede al monje Bernón un solar en la región de Mâçonnais (Borgoña) para edificar un monasterio. Desde un principio, Bernón y sus compañeros se acogían a la “inalienable propiedad de los Santos Pedro y Pablo”: a la directa protección de la sede de Roma. Esta libertas romana –confirmada en 932 por Juan XI mediante solemne privilegio-, implicaba la independencia del monasterio respecto de cualquier poder laico o eclesiástico, ello iba a permitir a Cluny convertirse en el principal de los monasterios europeos hasta bien entrado el siglo XII.
Bajo el Abad Hugo el Grande, calificado por sus adversarios como verdadero “rey de Cluny”, se sistematizaron definitivamente los aspectos organizativos de la orden.
Hugo llegó a tener una enorme influencia, en el manuscrito iluminado que se ve al lado, aparece apoyando al rey Enrique IV -en 1115-, ante la Condesa matilde de Canossa, para que ésta interceda para que el Papa Gregorio VII le levantase la excomunión.
La Abadía de Cluny, en su máximo apogeo, llegó a contar entre 400 y 700 monjes, era el centro de la federación y poseía una autoridad indiscutida sobre los monasterios dependientes. A fines del siglo XI, la orden contaba unas 850 casas en Francia, 109 en Alemania, 52 en Italia, 43 en Gran Bretaña y 23 en la Península Ibérica, agrupando a más de diez mil monjes, sin contar el innumerable personal subalterno.
Las abadías se dividían en prioratos, cuyo prior era designado casi siempre, por el abad de Cluny, y que debían pagar un importante censo anual (modelo del que Cluny enviaba a su vez a Roma) como signo de sumisión; había abadías subordinadas, con poderes de elección del abad aunque de limitada autonomía, y abadías afiliadas, con poderes mayores. Predominaba la estructura piramidal, y se rendía un vasallaje feudal a la Abadía madre. Este imperio monástico era regido con mano de hierro por los abades de Cluny, elegidos por cooptación; sus frecuentes visitas a cada monasterio recuerdan la actitud de los señores feudales contemporáneos. Sus viajes, igualmente frecuentes a Roma y el hecho de que numerosos Pontífices salieran de las filas de la Orden, justifica la consideración de los abades de Cluny como segundos jefes de la Cristiandad.

Esta clase de monasticismo es la auténtica génesis del poder temporal de la Iglesia Católica Romana, y la fuente de su poder frente a otros poderes temporales en Europa. Floreció en Cluny y sus fundaciones la cultura cristiana, pero también se concentraron la cultura secular y el poder económico y político, sin posibilidades de compartirse con la sociedades no monásticas.

Resulta lógico que –durante la Reforma en Inglaterra-, Enrique VIII –no por motivos religiosos, pero sí políticos-, arrasara con el sistema monástico inglés y sustituyera las abadías por catedrales (a los abades por obispos, al clero regular por clero secular).
Cluny: luces y sombras.
El objetivo original de Cluny era volver al espíritu y letra de la Regla Benedictina: castidad, obediencia y estabilidad, potenció el rezo litúrgico por encima de cualquier otra consideración. Pero el Opus Dei u Oficio Divino y la celebración coral de la Eucaristía se convirtieron pronto en la principal, por no decir única, actividad del monje. El importante papel concedido en concreto a las preces por los patronos desaparecidos no hacía sino favorecer las donaciones y otras continuas muestras de favor de los poderosos seculares, muchos de cuyos hijos segundones formaban parte de la orden y aspiraban al abaciato.
Las consuetudines (costumbres consagradas) de la orden, adaptación de la primitiva regla, apostaban por una moderna ascesis que se plasmaba tanto en el régimen alimenticio como en la práctica ausencia de trabajos físicos. Para evitar el cansancio y permitir el decoro en las celebraciones colectivas, la alimentación de los monjes era abundante y variada: pescado, leche, huevos, legumbres, carne (en caso de enfermedad) e incluso una medida de vino diaria.

El trabajo manual prácticamente se proscribió, efectuado tan sólo por los conversi, personal subalterno que no se beneficiaba espiritualmente de su presencia en el monasterio, y a su vez era auxiliado por siervos y aparceros. ¡Qué lejos de las palabras de Benito de Nursia!: “Cuando ganéis con vuestras manos, vuestro propio sustento, seréis verdaderamente monjes…”

Por todas esas causas, unidas a la especial atención a la calidad de los vestidos y a las normas de higiene, cualquier personaje de origen aristocrático podía encontrarse a gusto en Cluny, como en efecto fue. La especialización litúrgica impidió sin embargo un verdadero desarrollo intelectual, por más que los scriptoria (plural de scriptorium) de la orden realizasen una permanente y febril actividad de copia de manuscritos. Cluny disputó, con Montecassino, la primacía de las bibliotecas de Occidente entre los siglos X-XII, pero su escuela monástica jamás alcanzó un puesto de relevancia. Cluny realizó una importante tarea en la difusión del arte románico y como foco inspirador de intelectuales tan destacados como: Abdón de Fleury, Raul Glaber, Orderico Vital, Walter de Coincy, Guillermo de Dijon, etc.

Los cluniacenses apoyaron, consciente o inconscientemente, la definitiva clericalización del monacato y –peor aún-, la monastización del clero. Frente a la figura antigua y altomedieval del monje como laico, asistido por uno o dos sacerdotes por comunidad, Cluny multiplicó el número de sacerdotes entre sus miembros. El decisivo papel otorgado a la misa en la espiritualidad cluniacense, hasta el punto de que tras la celebración conventual numerosos monjes solían celebrar misas privadas, explica por qué el cluniacense, más que un penitente ya, “tiende a ser un clérigo regular que oficia” (Chelini).

Los papas y obispos benedictinos cluniacenses comenzaron el proceso de imposición de normas monásticas a un clero secular que aún podía casarse, llevar una vida de familia y vivir de un oficio secular, además de su ministerio pastoral. Evidentemente, la parte corruptiva del imperio monástico, se extendía a toda la Iglesia Occidental, y fortalecía su poder central.

Gran número de aristócratas profesó en la orden, Cluny, lejos de enfrentarse al orden feudal, apoyó su legitimación, con una extraordinaria habilidad en reforzar la propia autonomía partiendo del acuerdo con la nobleza. Por lo general la orden mantuvo relaciones cordiales con los obispos y a menudo ejerció –desde los monasterios-, una labor catequética sobre el medio rural, lo que no podía sino favorecer los intereses de los prelados. Suplió una estructura parroquial todavía incipiente; como propagadores de la Paz y Tregua de Dios, los monasterios favorecieron la cristalización de la autoridad episcopal.
Cluny y la política eclesiástica papal.
Cluny jamás rechazó el sistema de la iglesia propia: lo utilizó a su favor mediante la cesión a la orden de los derechos de los propietarios. “…El sistema de la iglesia privada es la base jurídica de la orden de Cluny” (Paul). Tampoco ésta actuó como tal en la querella de las investiduras apoyando al Papado, ni intervino en el espinoso asunto de las relaciones monarquía-episcopado. Sin embargo, por la simple reforma impuesta en sus monasterios, por el papel de los intelectuales vinculados directa o indirectamente a la orden, acervos contrincantes del nicolaísmo y la simonía, por su positiva acción educadora de la capa dirigente y, por su directa vinculación a Roma, cuyo primado moral siempre defendieron, los cluniacenses constituyeron globalmente un elemento fundamental en la consolidación de la reforma de Gregorio VII a favor de la autonomía de la Iglesia frente a los poderes seculares. A largo plazo, el Papado no dudó en utilizar siempre que pudo, a Cluny como punta de lanza de su política de centralización, como en la Península Ibérica, donde la abolición del rito mozárabe y la reorganización eclesiástico-monástica estuvieron unidas íntimamente.
Debacle de Cluny.
Cluny empezó a demostrar síntomas de agotamiento desde principios del siglo XII. Tras el negativo gobierno de Pons de Melqueil (1109-1132), el encabezado por su último gran abad, Pedro el Venerable (1132-1156), no pudo detener la crisis que tras su muerte se apoderó de la orden.
Varias causas parecen explicar el agotamiento del modelo de Cluny, la más importante es la rigidez de su propia estructura. La excesiva centralización orgánica de la orden, que hacía descansar todo en la figura del abad del monasterio fundacional, impedía la más mínima flexibilidad entre las distintas casas, paralizando a toda la orden. Otro elemento a destacar fue el de la profesión, imparable desde fines del siglo XI, de gran numero de monjes atraídos más por el prestigio y la seguridad que la orden ofrecía que por una verdadera vocación. Serlon de Bayeux, denunciaba la entrada en el claustro de caballeros arruinados, con el único objeto de salir de su pobreza, cosa que intentó atajar, sin éxito, Pedro el Venerable. Sus medidas, tendentes a detener la creciente mundanización de Cluny, denunciada repetidamente por San Bernardo en su polémica con el abad borgoñón, llegaron demasiado tarde como para poder hacerse efectivas.
Sería injusto presentar la aparición del Císter o la Cartuja como el simple producto de la decadencia de Cluny. Más bien, el cambio general de orientación del monaquismo occidental –más favorable desde principios del siglo XII a los aspectos eremíticos y ascéticos-, fue lo que permitió el nacimiento de nuevas órdenes. La especialización de la vida monástica en sus distintas vertientes militar, asistencial y ascética, obedeció no tanto a la corrupción del espíritu de Cluny cuanto a su superación histórica.
Inicios del Císter.
El siglo XI será de un intenso fervor evangélico, la ascesis y la vida eremítica vuelven con fuerza a la cristiandad, y los lugares despoblados conocen la presencia de numerosos ermitaños. San Romualdo y San Bruno fundan, respectivamente, sus comunidades de Camaldoli (camaldulenses) y Chartreuse (cartujos), e insisten en una vida más solitaria y pobre; por supuesto, los sueños duran poco, y es necesario insistir continuamente en la vuelta al espíritu original. Las grandes abadías de estas comunidades, eventualmente fueron templos suntuosos y llenos de un lujo escandaloso.
Roberto de Solesmes y sus compañeros monjes, hallan un páramo, en la cuenca del río Saôna que en francés se llamaba Citteaux, y en la Galia romana se conocía como Cistercium, de ahí “cistercienses”; conformes con la Regla de San Benito, quieren vivir una existencia de aislamiento del mundo, silencio, pobreza, trabajo y oración. En 1112, Bernardo de Clairvaux (Claraval), un noble con un especial carisma, llega al Císter y atrae a familiares y amigos a la nueva obra y le da un empuje fenomenal: se convierte en padre y animador espiritual de muchos otros monjes, fundadores y escritores, como Aelredo de Rievaulx, en Inglaterra, a quien anima a escribir su tratado De Amicitia Spirituale (“Sobre la Amistad Espiritual”), una joya de la espiritualidad y la madurez humana en el Alto Medioevo. Bernardo será el motor detrás de la fundación de los Caballeros Templarios.
Los cistercienses –la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia-, son los llamados “monjes blancos”, a causa del hábito benedictino que llevan –por sencillez-, de lana cruda sin teñir, así se diferencian visualmente de los “monjes negros” de Cluny. En dos siglos, Europa quedará tachonada de monasterios del Císter…
Para saber más sobre la Orden y la Abadía de Cluny:
U.I.O.G.D.

viernes, 11 de julio de 2008

Calendario de Fiestas Menores


11 de julio
Benito de Nursia
Abad de Montecassino, ca. 540
Propios.
San Benito: Conxolus siglo XIII,
Monasterio de Subiaco detalle de fresco circular.

Colecta:
Dios todopoderoso y eterno, cuyos preceptos son los de un Padre cariñoso, concédenos la Gracia para que –siguiendo la enseñanza y ejemplo de tu siervo Benito-, caminemos con corazones amorosos y decididos en la escuela del servicio al Señor. Te pedimos que escuches nuestra plegaria y prosperes con tu bendición el trabajo de nuestras manos. Por Jesucristo, Nuestro Señor, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Lecturas y Salmo:

1ª. Lectura: Proverbios 2: 1-9
Salmo: 1 ó 34: 1-8
Evangelio: San Lucas 14: 27-33

Biografía breve:
El texto que sigue es básicamente el del volumen de Fiestas Menores y Días de Ayuno: 2003, de la Iglesia Episcopal. La traducción está arreglada por el Pbro. Miguel Zavala-Múgica+, de la Iglesia Anglicana de México, los propios son los autorizados y la imagen fue selecciinada por el compilador.
Benito es considerado padre de la vida monástica en Occidente; sería más correcto decir que ha sido su principal organizador. Nació hacia 480 en Nursia, al centro de Italia, y se educó en Roma. El estilo de vida que allí observó, le hastió. El Imperio Romano, y la ciudad de Roma de esa época, padecían la invasión de varios pueblos bárbaros; había gran inestabilidad política, la sociedad occidental decaía y comenzaban los reinos bárbaros. El rechazo de Benito hacia la ética y el ambiente de la Roma de su tiempo, le llevó al monasticismo.

Se retiró a una cueva en un montículo sobre la localidad de Subiaco, en la parte baja de un antiguo lago artificial creado por el Emperador Nerón, unos veinticinco km. al poniente de Roma, donde ya se encontraba, al menos, otro monje. Eventualmente se formaría una comunidad en torno a Benito. Entre 525 y 530, se marchó con sus monjes más al sur, al establecerse en un monte (Montecassino), a mitad de camino entre Roma y Nápoles. Allí, hacia 540, escribiría su Regla monástica.

No hay evidencia alguna de que haya sido ordenado diácono ni presbítero, ni que pensara en una orden religiosa, ya que ese concepto es muy posterior. Murió entre 540 y 550 y fue enterrado en la misma tumba que su hermana Escolástica, quien lo había seguido en la vida monástica.

No hay personalidad ni texto en la historia del monasticismo cristiano, que haya dado origen a más estudios, que la Regla benedictina (RB). No sé sabe qué tanto del material de la Regla sea original; el propio Benito reconoce su deuda con la Regla de San Basilio (s. IV), pero además está comprobada su relación literaria con un texto de la misma época de Benito (quizá anterior por unos diez años), aunque anónimo, conocido como la Regla del Maestro (RM). De cualquier manera, las reglas monásticas posteriores derivan todas –en mayor o menor medida-, de la base aportada por el trabajo de Benito.

Un promedio ideal –según la Regla-, distribuye la jornada en varios periodos a lo largo del día: unas cuatro horas, en total, a la oración litúrgica, cinco a la Lectio Divina o lectura espiritual, seis horas al trabajo, una hora en total para todos los alimentos y siete u ocho para dormir. El Salterio (los Salmos), se recita o canta entero cada semana en el Oficio Divino.

Al profesar, cada nuevo monje, hace los votos de obediencia, enmienda de vida y estabilidad. El Papa Gregorio Magno escribió una “vida” de Benito –interpretada según los criterios de la época-, en el II Libro de sus Diálogos, junto a las vidas de otros cristianos notables de Italia. Al enviar a Agustín de Canterbury con otros 39 monjes a Inglaterra a convertir a los anglosajones, Gregorio inauguró una forma de usar el monacato benedictino –de tipo contemplativo-, como instrumento de evangelización, una obra que hoy se consideraría de “vida activa”.

La Regla de Benito es practicada por varias órdenes y comunidades monásticas dentro de la Comunión Anglicana, ha influido en la redacción de otras Reglas y Constituciones religiosas, así como en la vida de familias laicas y monjes solitarios clérigos y laicos.

U.I.O.G.D.
LA JORNADA, 11 JULIO
Crisis entre anglicanos por obispas
Londres, 10 de julio.
El controvertido principio de la ordenación de obispas en Inglaterra por la Iglesia anglicana ha creado una grave crisis en esa institución, con las amenazas de escisión de más de mil 300 miembros del clero.

Tras un apasionado debate entre liberales y tradicionalistas, el sínodo de la Iglesia de Inglaterra, reunido el lunes en York (norte), aprobó con una confortable mayoría el principio.
Un texto para implementar la reforma será presentado al sínodo en febrero y luego sometido a la aprobación diocesana, antes de volver al sínodo en 2011 o 2012. Es poco probable que una mujer asuma funciones de obispa antes de 2014.

El Vaticano lamentó el martes esta decisión y afirmó que ella constituirá “un nuevo obstáculo a la reconciliación, que tendrá consecuencias para el diálogo entre anglicanos y católicos, que comenzaba a dar frutos”. Los sacerdotes y obispos de la Iglesia católica son exclusivamente de sexo masculino y las mujeres no pueden oficiar la misa.

Esta votación consagró la influencia de los liberales, al punto de que el sínodo rechazó mociones de acuerdo con los conservadores, lo que inquieta al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, quien, pese a militar en la línea modernizadora, no deja de preocuparse por el riesgo de una escisión.

La instauración de “súper obispos”, que se encargarían de oficiar en las parroquias que rechacen a las obispas, fue rechazada, por ejemplo, lo mismo que la creación de nuevas diócesis para las parroquias que se nieguen a aceptar a las obispas.

Reconocimiento a mujeres
La única concesión a los tradicionalistas tiene que ver con un código de conducta, cuyo contenido está aún por precisarse, para aquellas cuyas convicciones religiosas les impidan reconocer la legitimidad de las mujeres obispo.

De este modo, el sínodo ignoró la amenaza de más de mil 300 religiosos anglicanos, entre ellos 11 obispos, que escribieron al arzobispo de Canterbury anunciándole que estaban decididos a romper con la Iglesia de Inglaterra si ésta no imponía su veto al obispado femenino.

El obispo tradicionalista de Fulham, John Broadhurst, lanzó una advertencia después de la votación del lunes. “Pienso que muchos de nosotros hemos dicho claramente que si no se nos dan los medios para vivir con dignidad, inevitablemente nos están empujando hacia la puerta de salida”, dijo.

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En el Sínodo General
La Iglesia de Inglaterra aprueba
la ordenación de mujeres obispos
LONDRES, 8 Jul. (EUROPA PRESS/Eva Martínez Millán) –
La Iglesia de Inglaterra aprobó la pasada noche en el Sínodo General la consagración de mujeres obispos, si bien admitió la promoción de un código de conducta para los que se oponen a una medida que estuvo a punto de costar un cisma a la facción más importante de la confesión anglicana en el mundo, después de que unos 1.300 clérigos amenazasen con abandonarla si no se garantizaban alternativas para los objetores.

La ampliación de la ordenación de obispos para el género femenino se planteó hace años en la Iglesia de Inglaterra, que abrió la posibilidad del sacerdocio para los dos sexos en 1994, pero el mecanismo debía ser regulado por el sínodo, que tras más de seis horas de enconado debate concluyó con el visto bueno a la propuesta por parte de 28 obispos, por 12 que se opusieron; mientras que, entre los clérigos, la diferencia fue de 124 a favor y 44 en contra; y entre los seglares, de 111 'síes' frente a 68 negativas.

Además, la máxima cita de la Iglesia de Inglaterra, que arrancó el pasado viernes, rechazó finalmente una serie de enmiendas con las que los tradicionalistas trataban de minimizar la medida, como la creación de la figura de los 'superobispos' que se encargarían de administrar en aquellos casos en los que un miembro de la iglesia se opusiese a estar bajo el mandato de una mujer.

Una propuesta que tanto para el sector liberal como para el colectivo Mujeres en la Iglesia habría conducido a la creación de un episcopado de dos niveles y que se vino abajo, al igual que la que demandaba la creación de nuevas diócesis para los objetores. No obstante, el desenlace se produjo tras fuertes discusiones que, según la BBC, llevaron a algunos de los presentes al llanto y que, a juicio de los conservadores, podría acelerar las posibilidades de una ruptura en el seno de una iglesia actualmente dividida.

En este sentido, la derrota de las propuestas de los tradicionalistas podría conducirlos a protagonizar un cisma para el que, según los expertos, buscarían la alianza de los anglo-católicos y los evangelistas, que también se oponen a la ordenación de las mujeres como obispos. Así, la única concesión que se admitió al sector crítico aparece en forma de un código de conducta para evitar a las parroquias más conservadoras el contacto con las mujeres obispo, si bien sin implicar las garantías por ley para no reconocer su legitimidad que reclamaban los opositores.
FUTURO

En este contexto, un grupo de trabajo tiene ahora la encomienda de elaborar un borrador de las salvaguardias que se elevarán al próximo sínodo de febrero, por el momento no explicitadas pero cuyo compromiso de articulación logró hoy evitar la renuncia de los 1.300 clérigos que habían amenazado con su baja en una carta al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y al de York, John Sentamu, en su mayoría miembros retirados.

Además, durante el debate, que se produjo en la Universidad de York, el propio Williams se comprometió a promover fórmulas para acomodar las propuestas de la corriente tradicionalista, si bien advirtió de que estaría "profundamente disgustado con cualquier proyecto que desencadenase una humillación para las mujeres nominadas para el episcopado".

Por su parte, la presidenta de Mujeres en la Iglesia, Christina Rees, declaró que la decisión finalmente adoptada es "muy buena para la Iglesia, para las mujeres y para la nación en su conjunto", mientras que quienes se mostraron a favor recordaron que 15 facciones anglicanas, entre las que se incluyen Canadá, Nueva Zelanda, Cuba o Australia, han dado ya este paso sin optar por contrapartidas que podrían crear "una iglesia dentro de la iglesia".

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U.I.O.G.D.

miércoles, 9 de julio de 2008

Julio: Mes de San Benito...

O Sancte Pater, gratia et nomine a Deo, Benedicte custodi nos quaesumus hodie et semper tua sancta benedictione...

("Oh padre santo -que por gracia de Dios llevas el nombre de Benito --Bendito--, guárdanos -piadoso-, hoy y siempre, con tu santa bendición...").

Durante este mes vamos a empeñarnos en mostrar a este gran personaje de la historia de la Iglesia, en la antigüedad cristiana (siglos V y VI), y de la vida monástica de todos los tiempos: San Benito de Nursia.
Exploraremos su vida, la Regla monástica por él creada y el impacto de ésta -muy especialmente-, en el ámbito de la Comunión Anglicana, pocos saben que hay comunidades benedictinas anglicanas.
Deseo a todos un feliz encuentro con Benito, el monje cuya herencia transformó a Europa, y a la vivencia de la fe cristiana. "Para que en todas las cosas, sea Dios glorificado..."


U.I.O.G.D.
Calendario de Fiestas Menores
San Benito de Nursia
11 de Julio.
ORA ET LABORA VT IN OMNIBVS GLORIFICETVR DEVS
Traducción, compilación y ampliación del Pbro. Miguel Zavala-Múgica+, a partir del texto inglés de Wikipedia: la enciclopedia libre.
Visión de San Benito: Contemplando la pequeñez del mundo, recogida en un rayo de sol.- Monasterio de Stiftskirche Einsiedeln. Miniatura en un Gradual (libro litúrgico) de 1684.
Benito de Nursia (también llamado, según la forma original latina: "Benedicto", de Benedictus = "bendito") (c. 480 - c. 547) fue un monje italiano –en algún momento, al principio de su vocación, un eremita-, fundador de comunidades monásticas cristianas y autor de un libro: una Regla monástica cenobítica -es decir, de monjes que viven comunitariamente. El propósito principal de esta Regla, puede enunciarse con palabras tomadas de ella misma: "que Cristo ...nos lleve a todos juntos a la vida eterna" (RB 72:12). La Iglesia occidental canonizó a Benito en 1220. En el siglo XIX, en la Iglesia de Inglaterra (y de ahí toda la Comunión Anglicana), con el Movimiento de Oxford, se reanimó el monasticismo -y en particular el monasticismo benedictino y la figura de Benito-, dentro del Anglicanismo.
1. Introducción.
Benito no es, en modo alguno, el fundador de la vida monástica cristiana, ésta existía ya desde el siglo II, originada en los desiertos de Siria y Egipto. Benito, de hecho, tomará como base la síntesis de un producto muy maduro de la vida y cultura monásticos: la Regla de San Basilio (siglo IV), que hasta el presente se sigue en la Iglesia Ortodoxa. Benito intentó educar a buenos monjes -para que fuesen buenos cristianos-, llevando una vida consagrada; no es su culpa ni fue su plan, el poder feudal que después -para bien o para mal-, llegaron a tener los monasterios y abadías, ni el uso político que los señores, reyes, papas y obispos dieran a su Regla y estilo monacales, como el uso que Carlomagno dio a los monjes benedictinos para la educación de sus nobles, esos productos históricos fueron acumulándose y debiéndose a múltiples circunstancias posteriores.
Con los siglos, la Regla de Benito sería impuesta –muchas veces arbitrariamente-, sobre otros estilos de vida monástica, como el celta -de San Columba de Iona-, o el galo -de San Martín de Tours-; por algo es que ahora se dice -no sin algo de pretensión soberbia y política-, que el humilde Benito es el "Patrono de Europa" o que Europa fue "educada por benedictinos", queriendo –muchas veces-, hacer a un lado otras bases que Europa tiene también en su paganismo original, en la cultura clásica, y hasta en otras formas alternativas dentro del propio cristianismo. Habría que tener cuidado con tales expresiones que –además de honrar a quien honor merece, como Benito de Nursia, reflejan también un proyecto de poder.
2. ¿OSB: Orden de San Benito?
San Benito fundó doce comunidades de monjes, la mejor conocida de las cuales sería el monasterio de Monte Cassino, en las montañas del sur de Italia, entre Roma y Nápoles. No hay evidencia alguna de que Benito hubiera intentado tal cosa como la fundación de una orden religiosa. El concepto de "orden religiosa" aún en la Iglesia de Occidente, es sumamente tardío y, de hecho, la Orden de San Benito (OSB) -en cuanto tal-, es de un origen relativamente moderno; siendo muy estrictos, podríamos decir que se remonta apenas al siglo XIX, cuando -entre los papados de Pío IX y León XIII-, se revitalizó y reorganizó la vida benedictina en la Iglesia Católica Romana, y se sujetó a la autoridad de un Abad Primado (figura hasta entonces desconocida), con sede en Roma.
Lo más que llegó a existir en cuanto a estructura sistémica monástica benedictina -durante la Edad Media-, pese a todo el poder de las abadías (o quizá más bien a causa de ello), fue una confederación de congregaciones dentro de las cuales, las abadías benedictinas (tradicionalmente autónomas), solían afiliarse para mejor apoyar y representar sus comunes y mutuos intereses, sin dejar su autonomía interna [1] .
Como ya se ha dicho, Benito dejó una Regla monástica con preceptos de vida, espiritualidad y organización para sus monjes, se la conoce comúnmente como: Regla de Sa
n Benito, (RB). En ella, Benito reconoce su deuda con la Regla de San Basilio, si bien depende en mucho, también, de la Regla de San Juan Casiano (ca. 360 – 433, uno de los llamados Padres del Desierto) y muestra una fuerte afinidad con un documento monástico anterior conocido como: La Regla del Maestro, usualmente referida con las siglas RM. La Regla de Benito contiene un espíritu único de balance, moderación, sentido de lo razonable (επιεικεια, epieikeia), lo cual persuadió a innumerables comunidades monásticas -tanto masculinas como femeninas- de la Europa medieval, para adoptarla. De aquí que a Benito se le atribuya el título de "Patriarca de los monjes de Occidente".
3. La "biografía" de Benito en el II Libro de los Diálogos de Gregorio Magno.
El único relato antiguo de la vida de San Benito que se conoce, es el II de cuatro volúmenes de la obra de San Gregorio Magno, conocida como Diálogos, (ca. 593). Este II Libro de los Diálogos consiste en un prólogo largo y treinta y ocho breves capítulos. El historiador de la antigüedad romana -del siglo XIX-, Thomas Hodgkin, alaba la vida de Benito escrita por Gregorio Magno, como “la biografía del más grande de los monjes, escrita por el más grande de los papas -él mismo, un monje.”[2] .
El relato de Gregorio, no es -en modo alguno-, una biografía en el moderno sentido de la palabra. Antes bien, se trata de un relato espiritual acerca del gentil y disciplinado abad. En una carta al Obispo Maximiliano de Siracusa, Gregorio declara su intención respecto de estos Diálogos, diciendo que se trata de una especie de florilegio (en latín: "ramillete de flores", una especie de antología) de los más sorprendentes milagros de santos italianos [3] . Gregorio no se propuso escribir un relato histórico –cronológicamente organizado-, de la vida de San Benito, pero basó sus anécdotas en testimonios directos. Para establecer su autoridad, Gregorio explica que su información procede de lo que él consideró como las mejores fuentes: un grupo de discípulos de Benito que -habiendo vivido con él-, atestiguaron sus milagros. Estos seguidores, son -según el propio Gregorio: Constantino, sucesor de Benito como abad de Monte Cassino, Valentiniano, Simplicio, y Honorato, que era abad de Subiaco cuando Gregorio escribió sus Diálogos.
En los días de Gregorio, la historia no era reconocida como un campo de estudio independiente; se trataba de una rama de la gramática o de la retórica, y la historia (entendida simplemente como ‘relato’), resumía el saber de los entendidos cuando éstos escribían lo que en aquellos tiempos se consideraba como "historia" [4] . Así las cosas, el II Libro de los Diálogos es una auténtica pieza de hagiografía medieval, desarrollada en el marco de una conversación entre el Papa Gregorio y su diácono Pedro, diseñada para ilustrar con lecciones espirituales.
4. Vida temprana de Benito.
Benito fue hijo de un pequeño noble rural romano de Nursia (la moderna Norcia, en Umbría,véase el mapa), la tradición que acepta Beda el Venerable, le hace tener una hermana gemela: Escolástica. La narración de Gregorio hace imposible suponer a Benito más joven de 19 ó 20 años. Debe haber sido lo suficientemente mayor como para -a mediados de sus estudios literarios-, hacer consciencia del sentido auténtico de la disoluta y licenciosa vida de sus compañeros, y para haberse sentido profundamente decepcionado del amor de una mujer (Ibíd. II, 2). Fue capaz de sopesar estas cosas a la luz del Evangelio según se entendía en su tiempo, y escogió lo segundo. Estaba al principio de su vida, y tenía la disponibilidad de medios para haber mantenido la vida de un romano con alguna fortuna; claramente no se trataba de un niño. Si se acepta el año 480 como el de su nacimiento, podemos fijar el año 500 como el de su abandono de los estudios y de su salida de casa.
Benito no parece haber abandonado Roma con el propósito de dirigirse a una vida de eremita, sino sólo para encontrar algún sitio lejano a la vida de la gran ciudad; además, llevó consigo a su antigua nana como ama de llaves, y se establecieron para vivir en Enfide, junto a la iglesia de San Pedro, en alguna clase de asociación con una "compañía de hombres virtuosos", simpatizantes de sus sentimientos y visión de la vida. Enfide -que la tradición de Subiaco identifica con la moderna Affile, está entre las montañas de Simbruini, a unos veinticinco Km. de Roma y a dos de Subiaco.
A corta distancia de Enfide está la entrada de un estrecho valle que, entrando por las montañas, lleva directamente a Subiaco. Cruzando el Aniano, y dando vuelta a la derecha, el camino levanta sobre el lado izquierdo y de pronto alcanza el sitio de la antigua villa de Nerón, y de la inmensa mole que forman el bajo y el medio lago (Subiaco en italiano, viene del latín sub-lacum = "bajo el lago"); cruzando el valle, están las ruinas de los baños romanos, de los cuales quedan en pie, apenas unos pocos arcos y muros.
Levantándose de la mole -sobre veinticinco arcos bajos, cuyos cimientos pueden aún vislumbrarse-, estaba el puente de la villa a los baños, bajo los cuales las aguas del medio lago se derraman en amplia caída al lago bajo. Las ruinas de estos vastos edificios, y la amplia superficie de muros, cerraba la entrada del valle a Benito, cuando llegó de Enfide; hoy día, el estrecho valle yace abierto ante nosotros, tan sólo cerrado por las montañas en la lejanía. La vereda continúa ascendiendo, y al lado de la barranca sobre la cual corre, se torna más escarpado, hasta que alcanzamos una caverna sobre la cual se alza la montaña casi perpendicularmente; mientras, a la derecha, golpea -en veloz descenso-, hasta donde, en tiempos de Benito, 500 pies abajo, reposan las azules aguas del lago. La caverna tiene una gran forma de abertura triangular, con unos diez pies de profundidad.
De camino a Enfide, Benito conoce a un monje llamado Romano, o Román, cuyo monasterio estaba en la montaña, sobre el risco que cubría la caverna. Román conversó con Benito acerca del propósito que le había llevado a Subiaco, y le colocó el hábito monástico. A consejo suyo, Benito vivió como eremita durante tres años -desconocido para la gente, vivió en la caverna sobre el lago.
5. Vida ulterior.
San Gregorio habla poco de estos años. Ya no se refiere a Benito como un muchacho, ni como un jovencito o niño (puer, en latín), sino como a un hombre (vir) de Dios. Román sirvió a Benito cuanto pudo, llevándole los alimentos, aconsejándole y animándole en su llamado.
Durante esos tres años de soledad, tan sólo interrumpidos por alguna ocasional comunicación con el mundo exterior, y por las visitas de Román, Benito maduró tanto de mente como de carácter, en el conocimiento de sí mismo y del ser humano. Al mismo tiempo, pese a su aislamiento se hizo muy conocido y respetado; tanto, que a la muerte del abad de un monasterio de la localidad (que algunos identifican como Vicovaro), la comunidad vino a él para rogarle que fuese su abad. Benito conocía bien la vida y disciplina de ese monasterio, sabía que

"...sus costumbres eran diferentes de las de él, y por
lo tanto, jamás se pondrían de acuerdo: aún así, a la larga, venció la
insistencia, y (Benito) dio su consentimiento"
(Ibíd., 3).


Falló el experimento, y los monjes, incluso, tramaron envenenarlo, con lo cual Benito regresó a su cueva. La leyenda dice que primero intentaron envenenarle la bebida, y al bendecirla Benito, la copa estalló. Otra leyenda habla de un envenenamiento posterior, con un presbítero envidioso –Florencio-, quien tratara de poner ponzoña en una eulogia o pan bendito, mismo que fue arrebatado de sus manos a una orden de Benito –que acababa de bendecirlo-, por un cuervo –de los mismos que se criaban en el monasterio-, y que se lo llevó lejos.
Es importante darse cuenta que los milagros atribuidos o relacionados con la vida de Benito, pueden ser interpretados desde el punto de vista del lenguaje simbólico, y no tan sólo interpretarse con una piedad medieval, o desecharse a favor de una biografía más racionalista, que subraye sólo su ejemplo personal de vida. El pan y el vino –por ejemplo-, son siempre tipos de la Eucaristía, el veneno en ellos, representa una triste y dolorosa realidad: los miembros de la propia Iglesia podemos ser (y somos eventualmente) sus peores destructores y profanadores. Los cuervos, que aparecen siempre asociados a los monasterios benedictinos y a Benito mismo, en antiquísimas tradiciones pre-cristianas, representan los instintos naturales del ser humano, el símbolo se explica por sí mismo cuando estas aves se presentan sometidas o domesticadas por Benito.
Benito adquirió fama y nuevos discípulos; se dice que para ellos fundó doce monasterios, cada uno con un superior y doce monjes, en una decimotercera casa, vivía él mismo con unos pocos monjes (Ibíd., 3), y permaneció siendo el abad de todas las casas. Esta historia hay que tomarla con calma, sobre todo pensando en que la estructura “federativa” abacial, fue más un producto medieval, y no pensar en las casas fundadas por Benito, como si se tratara de los monasterios medievales o de épocas posteriores, ni del lujo que caracteriza a las actuales abadías de Montecassino o Subiaco; lo más que vio Benito fueron pequeños grupos de casas modestas, hechas con materiales humildes. El establecimiento de estos monasterios, fue el principio de escuelas para niños; algunos de los primeros en ser allí llevados, fueron los famosos Mauro y Plácido.
La hermana de Benito -Escolástica-, ha sido asociada siempre a su hermano como su comparte femenina en el monacato benedictino. Gregorio Magno recoge una anécdota, según la cual Benito acudía a visitar una vez cada año a Escolástica, acompañado de un monje asistente suyo. Como se hiciera tarde, conversando en la sobremesa de la cena, Benito urgió a retirarse, pero Escolástica le insistió, rogándole que se quedara. Benito se negó, entonces Escolástica guardó silencio, se acodó sobre la mesa, se llevó las manos al rostro y se puso en oración; al poco rato se desató una tempestad de una magnitud típica de la región.


La cena de Benito y Escolástica fresco en uno de los monasterios de Subiaco.
Benito dijo a Escolástica: --"Por Dios, hermana, ¿qué has hecho?", ella replicó: --"Te pedí que permanecieses para conversar un poco más...; pero como te has negado, se lo pedí a quien podía concedérmelo. Ahora, sal si puedes." De regreso en su monasterio, al día siguiente, Benito vio una paloma blanca volar al cielo, al poco tiempo, alguien le informó que Escolástica acababa de morir. Si el símbolo de Benito -en la iconografía propia-, es un cuervo, el de Escolástica es una paloma blanca; la simpática anécdota se conoce como "La cena de Benito y Escolástica", y es uno de los temas más graciosos de la iconografía benedictina -no sólo por la actitud en que Escolástica suele ser representada, sino porque recuerda que hasta el propio Padre fundador -con todo y la Santa Regla-, ha estado sujeto a las contingencias materiales, y bajo la amorosa volunad de Dios.
Benito pasó el resto de su vida realizando el ideal del monasticismo que había planteado en su Regla. Murió en Montecassino, según la tradición, el 21 de marzo de 547. El II Libro de los Diálogos, dice que Benito tuvo una visión sobre su monasterio, que habría de ser destruido tres veces; Benito rogó porque Dios preservara la vida de los monjes. Estas tres destrucciones han ocurrido asombrosamente: la primera de ellas, a manos de los lombardos, a poco de la muerte de Benito, y la última, en un bombardeo de los aliados, en la II Guerra Mundial -dada la sospecha de que en el monasterio se ocultaba un cuartel de las potencias del Eje Roma-Berlín.
Montecassino derruido después del bombardeo de los aliados en 1944.
Nombrado patrono de Europa por el Papa Pablo VI en 1964, su fiesta fue removida -en 1969-, al 11 de julio, fecha que –en muchos lugares-, se celebraba su memoria, desde el siglo VIII [5] .

Aspecto actual de la Abadía de Montecassino, reconstruido.

6. La Regla de San Benito.

Un cordero puede bañarse en ella sin ahogarse, mientras un elefante puede nadar en ella…

Este antiguo adagio se refiere a la obra de tan sólo 73 breves capítulos, cuya sabiduría es de dos clases: una espiritual (cómo vivir en la tierra una vida cristocéntrica), y otra administrativa (cómo llevar eficientemente un monasterio). Más de la mitad de los capítulos, describen cómo ser obediente y humilde, y qué hacer cuando un miembro de la comunidad no lo es. Una cuarta parte norma el culto divino (Opus Dei u “obra de Dios”). Una décima parte dice cómo y por quién debe ser dirigido el monasterio; mientras que otra décima parte especifica los deberes pastorales del abad.

La Regla de San Benito es u conjunto de preceptos para la vida monástica cenobítica (en comunidad), bajo un abad. Benito reconoce cuatro tipos de monjes: eremitas (ascetas en vida totalmente aislada), cenobitas, giróvagos ("trotaconventos", o pseudo-monjes vividores) y sarabaítas (entregados a toda clase de vicios bajo la apariencia monástica, Benito evita perder el tiemo hablando de ellos), los dos primeros, honorables, y los dos segundos detestables.

Desde el siglo VII, la RB ha sido adoptada también por comunidades femeninas. En mil quinientos años de existencia, ha llegado a ser la guía de la vida monástica en comunidad, en el Occidente Cristiano, y la base de sus desarrollos ulteriores tanto en el Catolicismo Romano como en el Anglicanismo (sobre todo en ciertos momentos del siglo XVII con el reavivamiento de vida en comunidad de Nicolás Ferrar, y del siglo XIX, con el Movimiento de Oxford).

El espíritu benedictino se resume en el lema bipartita que más adelante analizaremos: Ora et Labora / Ut in ómnibus glorificetur Deus: "Ora y Labora para que en todo sea Dios glorificado." En comparación con otras reglas más antiguas, la RB provee una vía media entre el celo individual y el formulismo institutional. Tal vía media la hizo muy popular en la Edad Media.

Benito se preocupa por las necesidades más pequeñas de los monjes, llega a recomendar que no duerman con los cuchillos a la cintura (costumbre de su tiempo), para evitar que se hieran. Se interesa por establecer el orden debido, amén de equilibrar la naturaleza relacional de los seres humanos, así como proveer una autoridad central (el abad) ante quién dirimir dificultades y balancear el esfuerzo individual (ascetismo), y el crecimiento espiritual para cumplir la vocación humana: la theosis o divinización de la persona mediante la Gracia de Dios.

7. Numismática de San Benito: La Medalla tradicional.

Esta medalla –originalmente era nada más que una cruz compuesta en memoria de San Benito. Actualmente se trata de una representación cargada de simbolismo, con letras e imágenes representadas dentro de un círculo.

Veamos primero el reverso y después el anverso:

7.a. Interpretación del Reverso.-
Aparece Benito, de pie, vestido de hábito benedictino (negro o blanco, no se aprecia dado que la medalla es metálica y monócroma), y revestido de amplia cogulla, con la capucha sobre la cabeza; sostiene la Regla en su izquierda y una cruz en su derecha, en actitud de bendecir. Detrás de Benito se ve un altar (las interpretaciones oficiales sólo ven un par de pedestales a cada lado, que a la vez puede parecer el monumento de una tumba y dos columnas que se yerguen a ambos lados de la figura central. Sobre el altar, y a cada lado, se aprecian: una copa, de la que sale una serpiente, y un cuervo, que sostiene una pieza de pan. Todo el conjunto está rodeado de la frase latina: EIVS IN OBITV NOSTRO PRAESENTIA MVNIAMVR (“Que en nuestra muerte gocemos de su presencia”).

La cogulla, que se parece a una toga de abogado, es una prenda de cuerpo y mangas muy amplias, se otorga a los monjes al llegar a los siete años de vida monástica, significa madurez y maestría en la vida espiritual. Es probable que Benito no conociera este tipo de prendas –desarrolladas durante el Medioevo-, en su Regla sólo habla de una vestimenta sencilla y humilde para los monjes; el simbolismo de la cogulla, sin embargo, casa muy bien con la figura de San Benito. No hay ninguna evidencia, ni indicio de que Benito haya sido un ministro ordenado –ni diácono, ni presbítero-, sin embargo, la actitud de bendición es un rasgo del Abad, como padre de la comunidad de monjes.

El altar podría hacer referencia a la eucaristía como centro de la vida de cualquier comunidad cristiana, su forma de sepulcro se asocia también al propio Cristo; el altar representa: la mesa de la Cena del Señor, el monte de su crucifixión y el sepulcro de donde salió triunfante y resucitado. Esto se aplica a Benito también en dos aspectos: la vida monástica es una muerte simbólica al mundo exterior para practicar un género de vida comunitaria interior y aislado, y la historia que cuenta Gregorio Magno, dice que Benito murió en el Oratorio, durante la Eucaristía, mientras recibía la comunión; el arte benedictino lo representa ya anciano, sostenido por los hermanos Plácido y Mauro.

La copa y el pan –como ya comentamos-, son siempre símbolos eucarísticos; sin embargo, la serpiente y el cuervo representan respectivamente –anécdotas aludidas en el II Libro de los Diálogos-, se trata del veneno (la serpiente) y los instintos destructivos de la naturaleza humana (el cuervo) dominados por la conciencia y la madurez en Gracia. Hay un interesante trasfondo mucho más antiguo en interpretaciones herméticas pre-cristianas –y no por ello necesariamente condenables-, de estos símbolos. La copa y la serpiente también aparecen en la iconografía de San Juan Evangelista, y representan el conocimiento divino. Los cuatro símbolos podrían representar los cuatro elementos: la serpiente a la tierra; el cáliz, al agua; el cuervo, al aire, y el pan, al fuego, cuyo producto es.

Las columnas -si se ven como tales-, se remiten inmediatamente -desde una interpretación hermética, a las del Templo de Salomón: Booz y Yakín, que están representadas por las dos torres en todo templo cristiano que las tenga. Benito fundó una comunidad cristiana, lo dice él desde las primeras letras de la Regla: “Vamos a establecer aquí una escuela del servicio divino…” (el significado en latín, permite también traducir: “taller” en vez de “escuela”); por lo tanto, ambas columnas son la fundación constructiva simbólica de la obra de San Benito.

7.b. Interpretación del Anverso.-
Al centro del círculo va una cruz griega, esto es: de poste y travesaño equimétricos o que tienen igual medida, y que se puede inscribir dentro de un cuadrado. En el poste o línea vertical, van inscritas las siglas: C.S.S.M.L. y en el travesaño (horizontal, o “brazos”), las siglas: N.D.S.M.D., que representan dos versos latinos heptasílabos, con rima consonante, que se interpretan como: CRVX SACRA SIT MIHI LVX / NON DRACO SIT MIHI DVX –“La Cruz Sagrada sea para mí la Luz, no sea el Dragón conductor (caudillo) para mí”. Otra interpretación –quizá menos afortunada, sea la que hace leer el primer hemistiquio: Crux Sancta sis mihi Lux –“Cruz Santa, seas tú mi Luz”.

En los cuatro cantones o ángulos interiores de la cruz, pueden leerse sendas iniciales: C:S:P:B: , CRVX SANCTI PATRIS BENEDICTI ("La Cruz del Santo Padre Benito”).

En torno a la medalla, hay un cintillo igualmente circular, que ostenta otras siglas latinas que han de leerse, comenzando de arriba abajo y de derecha a izquierda, siguiendo la circunferencia, como cuatro versos con rima asonante a/a, a/a – i/a, i/a: V.R.S./ N.S.M.V. / S.M.Q.L. / I.V.B., que –con pocas variantes, se interpretan: VADE RETRO SATANA / NVNQVAM SVADE MIHI VANA—SVNT MALA QVAE LIBAS / IPSE VENENA BIBAS. La variante más conocida diría: “Non suadeas mihi vana” e “Ipse Venenum Bibas”. La traducción castellana sería: “Retírate Satanás / no me disuadas de tus vanidades – Son venenos lo que derramas / tus mismos venenos bebas".

En el tope superior de la medalla suele inscribirse, alternativamente, una de estas dos ternas de siglas: IHS (antigua forma de escribir las tres primeras letras del nombre de Jesús en griego), ó PAX (“Paz” en latín), o bien el refrán benedictino: ORA ET LABORA (“Ora y trabaja”). En el tope inferior –con menos frecuencia, pero con igual propiedad-, se suelen escribir las siglas: U.I.O.G.D., ó V.I.O.G.D. : VT IN OMNIBVS GLORIFICETVR DEVS (“Para que en todo sea Dios glorificado”). Esta frase aparece en el capítulo 57 de la Regla, que habla sobre los artesanos en el monasterio, la ha tomado Benito de la Biblia, de I Pedro 4: 11, pero leamos el contexto de la cita bíblica:

”Cada uno de ustedes ha recibido un don especial, úsenlo sirviéndose –los unos a los otros-, como buenos administradores de la gracia de Dios que se manifiesta en muchas formas. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos.”

(I San Pedro 4: 10 y 11).

Benito pide que nadie se envanezca por prestar un servicio especial a la comunidad, sino que incluso los precios a los que se venda el trabajo de los monjes-artesanos (una silla, una cesta, una pieza de alfarería…), se den más bajos que en la calle, para que no sólo por la oración, sino por el trabajo también, se glorifique a Dios. De aquí que toda obra de monjes benedictinos, lleve grabada o inscrita de cualquier otra forma, la sigla: U.I.O.G.D.

Cuando en la medalla aparecen juntos los dos lemas benedictinos, la lectura es bellísima: ORA ET LABORA VT IN OMNIBVS GLORIFICETVR DEVS (“Ora y labora, para que en todo sea Dios glorificado).
La medalla fue acuñada por primera vez en 1880 para conmemorar el decimocuarto centenario del nacimiento de San Benito; se le llamó por ello, “Medalla del Jubileo”; su origen exacto, sin embargo, es desconocido, y quizá haya que reconocer un ingrediente de superstición en él.
En 1647, durante un juicio por brujería en Natternberg, cerca de la Abadía de Metten, en Bavaria, las mujeres acusadas, testificaron que no tenían poder alguno sobre Metten, ya que estaba bajo la protección de la cruz. Durante una investigación se halló un cierto número de cruces pintadas en los muros de la abadía, con las letras que ahora vemos en las medallas de San Benito; sin embargo, su significado se había perdido.
Eventualmente, fue hallado un manuscrito del año 1415, que contenía una imagen de San Benito que sostenía un rollo en una mano, y un báculo con un remate de cruz en la otra. Ambos objetos llevaban escritas las palabras correspondientes a las iniciales de las cruces. Comenzaron entonces a acuñarse medallas en Alemania, que se difundieron por toda Europa. La medalla fue aprobada –primero-, por el Papa Benedicto XIV en los Breves del 23 de Diciembre de 1741, y del 12 de Marzo de 1742.
















Notas:
1. ^ Llamada a la existencia por el Papa León XIII's, mediante el Breve Apostólico Summum semper, del 12 de julio de 1893. Véase: OSB-International website.2. ^ Ver: Life and Miracles of St. Benedict (Book II, Dialogues), traducido por Odo John Zimmerman, O.S.B. y Benedict R. Avery, O.S.B. (Westport, CT: Greenwood Press, 1980), p. iv.3. ^ Ver: Schuster, Ildephonso Saint Benedict and His Times, Gregory J. Roettger, trans. (London: B. Herder, 1951), p. 2.4. ^ Ver: Mauskopf Deliyannis, Deborah, editor, Historiography in the Middle Ages (Boston: Brill, 2003), pp. 1-2.5. ^ Calendarium Romanum (Libreria Editrice Vaticana), p. 1196. ^ Catholic World News: “St. Benedict and the key to European unity”.Further reading
Bibliografía:
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ii. Canham, Elizabeth. Heart whispers: Benedictine wisdom for today. Nashville: Upper Room Books, 1999. Explica como vivir hoy las líneas de espiritualidad benedictina. Popular entre grupos de studio femeninos.
iii. Chittister, Joan, O.S.B. The Rule of Benedict: Insights for the Ages. New York: Crossroad Publishing Company, 1992. Comentario contemporáneo sobre la Regla de San Benito por una prominente comentarista y conferencista benedictina. Disponible en castellano.
iv. Cornell, Tim. The Beginnings of Rome: Italy and Rome from the Bronze Age to the Punic. London: Routledge, 1995.
v. Davis, Henry, S.J., trans. St. Gregory the Great: Pastoral Care. NY: Newman Press, 1978. Traducción de esta clásica explicación de los deberes pastorales.
vi. Deferrari, Roy J., trans. Saint Basil: The letters. 4 vols. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1970-1988. Buena traducción inglesa de una de las fuentes de inspiración directas de Benito.
vii. Deliyannis, Deborah Mauskopf, ed. Historiography in the Middle Ages. Boston: Brill, 2003. Colección de ensayos.
viii. Doyle, Leonard J., trans. The Rule of St. Benedict. Collegeville, MN.: The Liturgical Press, 2001. Retiene el género masculino del original, una de las traducciones inglesas más completas y útiles de la Regla. Aparecida en 1948, ha seguido reimprimiéndose cada año.
ix. de Dreuille, Mayeul, O.S.B. The Rule of St. Benedict: A Commentary in Light of World Ascetic Traditions. New York: Paulist Press, 2002. Texto que coloca la Regla, inteligentemente, en un contexto global.
x. Eberle, Luke and Charles Philippi, trans. The Rule of the Master. Kalamazoo, MI: Cistercian Publications, 1977. Primera traducción inglesa de la versión italiana de la RM.
xi. Evans, G. R. The Thought of Gregory the Great: Cambridge Studies in Medieval Life and Thought. Fourth Series. Cambridge: Cambridge University Press, 1986. Revisión anotada del pensamiento de este Padre eclesiástico.
xii. Fry, Timothy, O.S.B., ed. RB1980: The Rule of St. Benedict in English: In Latin and English with Notes. Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1981. Frecuentemente referida como: “RB80” o “RB1980,” la versión masculina standard.
xiii. Gregg, Robert C. Athanasius: The Life of Antony and the Letter to Marcellinus. Mahwah, NJ: Paulist Press, Inc., 1980.
xiv. Gregory the Great. Dialogues. Odo John Zimmerman, O.S.B. NY: Fathers of the Church, Inc., 1959.
xv. The Life of St. Benedict (Book II, Dialogues). Hilary Costello y Eoin de Bhaldraithe, traductores. Comentario de Adalbert de Vogüé, O.S.B. Petersham: St. Bede’s Publications, 1993.
xvi. Life and Miracles of St. Benedict (Book II, Dialogues). Odo John Zimmerman, O.S.B. y Benedict R. Avery, O.S.B., traductores. Westport, CT: Reprint. Greenwood Press, publicantes, 1980. Reimpresión de una excelente, traducción erudita publicada por St. John’s Abbey Press, (Collegeville, MN, 1949).
xvii. Life and Miracles of St. Benedict (Book II, Dialogues). Traducción auspiciada por la Orden de San Benito, en línea. http://www.osb.org/gen/greg (adaptada para hipertexto por el H. Richard, julio 2001, e ilustrada).
xviii. Life and Miracles of St. Benedict (Book II, Dialogues). Trad. de Edmund G. Gardner, 1911.
xix. Patrologia Latina. Ed. Jacques-Paul Migne. Volumes 75-79. Paris: Imprimerie Catholique, 1841-1864. Textos latinos del siglo XIX de la obra de Gregorio, el II Libro de los Diálogos se halla en el volumen 66). Ediciones del s. XX de éstos, se hallan en Corpus Christianorum, Series Latina. Vols. 140-144. Turnhout, Belgium: Typographi Brepols, 1953-.
xx. Halsall, Paul, ed. Internet Medieval Sourcebook. NY: Fordham University Center for Medieval Studies.
xxi. http://www.fordham.edu/halsall/basis/palladius-lausiac.html. Fuente de internet de la Compañía de Jesús.
xxii. Heffernan, Thomas J. “Christian Biography: Foundation to Maturity.” En Historiography in the Middle Ages. Ed. Deborah Mauskopf Deliyannis. Boston: Brill, 2003. 115-154.
xxiii. Hodgkin, Thomas. Italy and Her Invaders. VIII vols. Oxford: Clarendon Press, 1892-1899. Por un historiador, arqueólogo y cronista que trata de complementar la obra de Edward Gibbon’s.
xxiv. Kardong, Terrence G., O.S.B. Benedict’s Rule: A Translation and Commentary. Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1996. Primera traducción inglesa –comentada-, de línea-exegética de toda la Regla.
xxv. Markus, R. A. Gregory the Great and His World. Cambridge: Cambridge University Press, 1997.
xxvi. McCann, Justin, O.S.B. Saint Benedict. London: Sheed and Ward, Ltd., 1979. Una vida de Benito, escrita por un monje del siglo XX, maestro de Literatura Clásica educado en Oxford.
xxvii. Mork, Wulstan, O.S.B. The Benedictine Way. Petersham: St. Bede’s Publications, 1987. Disponible en castellano.
xxviii. O’Donovan, Patrick. Benedict of Nursia. New York: HarperCollins Publishers, 1984.
xxix. Schuster, Ildephonso. Saint Benedict and His Times. Gregory J. Roettger, traductor. London: B. Herder, 1951. Ayuda a recrear el ambiente histórico y cultural de San Benito.
xxx. Srubas, Rachel. Oblation: Meditations on St. Benedict's Rule. Brewster, MA: Paraclete Press, 2006.
xxxi. Straw, Carole. Gregory the Great. Berkeley: University of California Press, 1991.
xxxii. Swan, Laura. The Benedictine Tradition. Spirituality in History Series. Collegeville, MN: The Liturgical Press, 2007. Antología de benedictinos famosos y no tan famosos.
xxxiii. de Waal, Esther. A Life-Giving Way: A Commentary on the Rule of St. Benedict. Collegeville, MN: Liturgical Press, 1981. Por una aterrizada erudita que vive en una pequeña cabaña en los límites entre Gales e Inglaterra (antigua historiadora conferencista en Cambridge, y experta en Cristianismo celta). Un clásico.
U.I.O.G.D.

sábado, 5 de julio de 2008

Propios de la Santa Eucaristía

para el Domingo 06 de Julio de 2008.
VIII Domingo después de Pentecostés (Propio 9).




Colecta del Día:
Oh Dios, tú nos has enseñado a guardar tus mandamientos amándote a ti y a nuestro prójimo: Danos la gracia de tu Espíritu Santo para que nos consagremos a ti de todo corazón, y nos unamos unos a otros con afecto puro; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.




Lectura del Libro del Profeta Zacarías (9: 9-12).


Regocíjate sobremanera, hija de Sión. Da voces de júbilo, hija de Jerusalén. He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna. Destruiré el carro de Efraín y el caballo de Jerusalén, y el arco de guerra será destruido. El hablará paz a las naciones, y su dominio será de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Y en cuanto a ti, por la sangre de mi alianza contigo, he librado a tus cautivos de la cisterna en la que no hay agua. Vuelvan a la fortaleza –oh cautivos de la esperanza-; hoy mismo anuncio que el doble te restituiré.
Palabra del Señor.


Salmo 145: (8-14).


R./ ¡¡Que te alaben, Señor, todas tus obras!*

¡Que te bendigan tus fieles!


1 Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey;*

bendeciré tu nombre por siempre.

2 Diariamente te bendeciré;*

alabaré tu nombre por siempre.


3 El Señor es grande y muy digno de alabanza;*

su grandeza excede nuestro entendimiento.

4 De padres a hijos se alabarán tus obras,*

se anunciarán tus hechos poderosos.


5 Se hablará de tu majestad gloriosa,*

yo hablaré de tus maravillas.

6 Se hablará de tus hechos poderosos y terribles,*

yo hablaré de tu grandeza.


7 Se hablará de tu bondad inmensa,*

a gritos se dirá que tú eres justo.

8 El Señor es tierno y compasivo,*

paciente y todo amor.


9 El Señor es bueno para con todos,*

con ternura cuida sus obras.

10 ¡Que te alaben, Señor, todas tus obras!*

¡Que te bendigan tus fieles!


11 ¡Que hablen del esplendor de tu reino!*

¡Que hablen de tus hechos poderosos!

12 ¡Que se haga saber a los hombres tu poder*

y el gran esplendor de tu reino!


13 Tu reino es un reino eterno,*

tu dominio es por todos los siglos.

14 El Señor sostiene a los que caen.*

levanta a los que desfallecen.


15 Los ojos de todos esperan de ti*

que tú les des su comida a su tiempo.

16 Abres tu mano, y con tu buena voluntad*

satisfaces a todos los seres vivos.


17 El Señor es justo en sus caminos,*

bondadoso en sus acciones.

18 El Señor está cerca de los que lo invocan,*

de los que lo invocan con sinceridad.


19 Él cumple los deseos de los que lo honran;*

cuando le piden ayuda, los oye y los salva.

20 El Señor protege a los que lo aman,*

pero destruye a los malvados.


21 ¡Que mis labios alaben al Señor!*

¡Que todos bendigan su santo nombre, ahora y siempre!
R./ ¡Que te alaben, Señor, todas tus obras!*

¡Que te bendigan tus fieles!


Lectura de la Carta del
Apóstol San Pablo a los Romanos (7:21—8:6).


Hermanos: Queriendo yo hacer el bien, hallo la Ley de que el mal está presente en mí. En mi interior me gusta la Ley de Dios; pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?


Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la Ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado.Por consiguiente, no hay ya condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu, pues la Ley del Espíritu de vida –en Cristo Jesús-, te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que la Ley no pudo hacer, ya que era débil a causa de la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


Los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. La mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
Palabra del Señor.


Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo

según San Mateo (11: 25-30).
+En aquel tiempo dijo Jesús: --“ Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos ustedes –los que están cansados y cargados, y Yo os haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán ustedes descanso para sus almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”
El Evangelio del Señor.


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En el Ciclo Anglicano de Oración, oremos por:

La Iglesia Unida de Pakistán.

Dr. Alexander John Malik,
Obispo de Lahore y Moderador de la Iglesia Unida de Pakistán.

La Iglesia Unida de Pakistán forma parte tanto de la Comunión Anglicana como del Consejo Metodista Mundial. Fue formada en 1970 por la unión de anglicanos, presbiterianos escoceses, metodistas y luteranos. Es la única de las iglesias unidas donde participan los luteranos. Aunque es una Iglesia Unida, tanto en su teología como estilo es básicamente anglicana, pues la gran mayoría de sus miembros y congregaciones, inicialmente fueron anglicanas, así como también lo fueron sus sedes episcopales más importantes.A pesar de la presencia oficial de la Iglesia y del cristianismo desde épocas muy remota, en Pakistán los cristianos son hostigados regularmente.





Conmemoraciones de la Semana:

11 de julio: Benito de Nursia, Abad de Montecassino, 540


U.I.O.G.D.