miércoles, 6 de mayo de 2009

La fascinante historia de Sefarad...
Casi dos mil años en
unas cuantas palabras.
Miguel Zavala-Múgica+

Para oír mientras se lee
Árvoles yoran por luvyas...
Romanza sefaradí cantada por
Yehoram Gaón y Ruhama Raz.

video

¿Te gustaría cantar esta canción?:

Busca la letra en ladino, al final de este artículo.

La primera conexión entre lo judío y lo español quiza sea la que aparece en los Salmos:

"Oh Dios da tu juicio al Rey... que los reyes de Tarshish y de las islas le paguen tributo" (Sal. 72: 1a, 10),
donde se habla del rey de Israel y se mencionan las islas (las del Mar Egeo, ¡Grecia pues!), y parece que Tarshish se refiriera a la costa oriental de la Península ibérica (¿la Costa de la Luz?).
O sea, el salmista se fue... ¡lejos! El profeta Abdías (de un solo capítulo), dice en su versículo 20:
"...Los cautivos de este ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Neguev."
Primera mención explícita de Sefarad, que en hebreo denomina a España. Es más, la etimología más aceptada del nombre de España, sería de origen fenicio: Is-safán'im, algo así como "Costa de los Conejos" (fíjese usted nomás), de allí la denominación habría tomado dos caminos: Sefarad, en hebreo, e Hispania en latín... ahora resulta que los hispanos tenemos algo qué ver con los conejos...
Origen de la presencia judía en España.
Precisamente, los primeros judíos --según se cree--, hayan llegado junto con los comerciantes fenicios que iban fundando ciudades y puertos por el norte de África y el sur de España: Carthago, Cartagena (Carthago Nova), Medina Sidonia (Medinat El-Siddún, clara alusión a la Sidón del Líbano). Hay muchísima evidencia arqueológica de la presencia judía permanente en España, al menos desde el siglo I a.C., y muchísimas ciudades españolas llevan nombres fácilmente detectables desde una etimología hebrea, como Escalona (Ashkelón, como la ciudad bíblica) o la misma Toledo (Tol´dot = "generaciones"), quizá originalmente con otra palabra por delante como Medinat = "ciudad o estado", "La ciudad de las generaciones".
Los judíos vivieron más o menos tranquilos en España bajo el período romano (s.I a.C.), y bajo los visigodos arrianos (fines del siglo V hasta el siglo VI, aproximadamente). A partir de la aceptación del Credo Niceno por el Rey Recaredo, y la aniquilación del cristianismo arriano, la vida judía en España estuvo sujeta a un continuo juego político entre la Iglesia y la monarquía visigodas, donde unas veces los judíos eran objeto de persecución y otras de paternales defensas.
Con la entrada de los árabes a España, el meritito 11 de julio de 711*, la suerte de los judíos mejoró mucho, en el sentido de que podían contar con otros interlocutores políticos, unos "aliados" religiosos, en el sentido de una fe más estrictamente monoteísta, como la suya, aunque también fueron --con los árabes--, objeto de juego político. *(Franco entró a España, desde África, por el mismo punto de Andalucía en esa misma fecha, pero de 1936, así que ¡cuidado con el calendario!, bendito Dios que se quedó sólo 39 años y no casi ochocientos, como los árabes).
Ladino: El castellano de los judíos.
Durante todo el medioevo español, los judíos crecieron en número, en riqueza, pese a conservar su identidad religiosa y étnica, se asimilaron muchisimo a la población hispanorromana, visigoda y árabe, se vestían frecuentemente a la moda del reino donde vivieran, y hablaban la misma lengua latina que --romanceada, como se suele decir--, originó la lengua castellana hacia el siglo X. De aquí deriva que al castellano hablado por los judíos, ellos mismos le llamaran ladino, aunque también se le llamara jidió o judesmo (pronuncie la "j" como "y"), que a fin de cuentas, significa "judío" ("el español de los judíos").



Este se vio enriquecido con múltiples aportes desde el hebreo (Gaón = título rabínico de donde viene el apellido Gaona, garón = "garganta"); y luego, al ser expulsados de España por los Reyes Católicos, la diáspora o dispersión sefaradí, siguió enriqueciendo su lengua castellana con vocablos y giros del turco (ej.: nikotchirí = casero o anfitrión), el griego (aspro = cierto tipo de moneda, afíkomen = 'evrískomen.- "¡lo encontramos!", nombre de una pieza de pan que se les esconde a los niños en Pésaj --Pascua--) el árabe, y hasta del búlgaro.
Es interesantísimo cómo el castellano de un indígena chiapaneco --de México--, puede parecerse tanto al ladino (ejemplo: "Mesmamente por eso no me quero ir, porque la mi muyer está por parir..."), precisamente porque han sido variantes de una lengua (aquí sí: dialectos del castellano) que gramaticalmente han evolucionado poco, aunque en el caso del ladino o judesmo, el enriquecimiento del léxico ha sido impresionante. Además, por similar razón que al castellano hablado por los judíos, a las personas indígenas con conocimientos superiores, se les llamaba injuriosamente "indio ladino" --persona indígena que ha tenido estudios (que en tiempos de la Colonia, eran siempre en latín).
ARRIBA: Sinagoga de Samuel ha-Leví,
llamada "del Tránsito", en Toledo: 1336-1357.


Relevancia de lo judío en la cultura española.
Todo el medioevo español vio crecer la cultura judía. Fue en España donde nació y se fortaleció el misticismo judío que conocemos como Qabaláh o Cábala; importantes rabinos como Najmánides o el Rambam anagrama de Rabí Moshé ben Maimón, conocido como Moisés Maimónides (y que también fue un gran médico de patrones cristianos y musulmanes) con centenares de otros maestros, escribieron tratados de interpretación de la Toráh. Muchos himnos y canciones litúrgicas judíos --como el Ha-Mavdil que se cantga al cierre del Shabat o Kol Nidrei ("Todas las promesas") que se canta en Yom Kipur--, nacieron en la España medieval.
Los judíos se integraron a la población española tanto como pudieron, y tanto como les convino en múltiples ocasiones; pero es indudable que los juegos políticos de la Iglesia y el Estado fueron sumamente crueles con ellos. Como población letrada (no-analfabeta) que fueron siempre, gracias a la obligación de leer que impone el judaísmo, los judíos accedieron siempre a profesiones liberales y se zafaron de la servidumbre siempre que pudieron. De aquí que las muchedumbres los odiasen como parte de un estamento social que --ciertamente--, no era noble ni aristócrata, sino educado, adinerado, cercano al poder (aún no se usaba la palabra burgués) y... ¡oh desgracia! no se diga apóstata ni hereje (que tales no eran), sino peor aún: ¡deicida!: asesino de Dios, de Cristo.


ARRIBA: Moisés Maimónides (1135-1204),
estatua sedente en Córdoba, España.

Las turbas enardecidas violaron, saquearon, robaron, mataron... la peor matanza fue la de la judería de Sevilla en 1391. Se propalaban chismes de los judíos como profanadores de la Hostia consagrada, y asesinos de tiernos niños cristianos a quienes crucificaban ritualmente, como el infundio del inexistente "Santo Dominguito de Val" que hasta hace muy poco era tan popular en la devoción española.
El Rey don Pedro el Cruel, en el siglo XIV --por ejemplo--, quien era ejemplo de gobernante no fanatizado por curas y frailes, tomó a Don Sem Tob de Carrión como maestro de su corte y le mandó componer un manual de ética (en perfecto castellano), ajeno a todo dogmatismo religioso (¡¡en plena Edad Media!!), el librito es precioso y se llama: Prouerbios Morales, (Sem Tob, Proverbios Morales. Ed. Clásicos Castalia, Madrid, 1985, edición de Sanford Shepard) y para muestra, un botón:
"Non val' el azor menos / por nascer en vil nido /
nyn los buenos enxiemplos / por los dizyr judío."
Un azor (fina ave de caza como el halcón), no vale menos porque nazca en un vil nido (de ramas y lodo), así los buenos ejemplos no valen menos por proponerlos uno que sea judío. Ética laica, al margen del control eclesiástico en plena Edad Media... ¿quién cree Usted que le puso "el Cruel" a Don Pedro? (pues, a lo mejor no sin razón, pero... ¡los curas y frailes que lo querrían ver muerto!).
La Diáspora Sefaradí: Los que se vinieron a América.
El año de 1492 fue de absoluta fortuna para el proyecto de los Reyes Católicos por una España: VNA:GRANDE:LIBRE (igualito al de Franco más de 400 años después...), negador de la diversidad cultural, de idiomas, de fe (no diga sexual..., que se usaba la denominación de "sodomía" y "pecado nefando"). Cayó Granada --último reino musulmán--, en manos de Fernando e Isabel; fue "descubierta" América para España, y los judíos fueron puestos --esta vez por un Estado nacional monolítico y unificador--, a cuestión de "conversión o expulsión o muerte".
Muchos judíos salen de España llorando, llevando consigo sus grandes llaves pensando que quizá más tarde podrán regresar... El decreto de expulsión tiene lugar en fecha que corresponde al 09 de Av --la misma fecha de la caída del Templo de Jerusalén. Comienza la diáspora sefaradí; pero parte de esa diáspora intenta llegar a América. Luys de Torres, un converso, que habla árabe ("porque en Cathay e Cypango se habla el árabe..."), llega con Colón (supuestamente también de origen judío); y qué joyas de Isabel la Católica ni que niño muerto... ¡un "cuento de maravedíes"! de otro Luys: Lluys de Sant'Angel, un judío catalán, es lo que paga la aventura transoceánica.
Judíos conversos, traumados con la Inquisición --que no los persigue por judíos, sino por sospechas de ser judaizantes (cripto-judíos), llegan a la Nueva España. Un auto de fe en pleno siglo XVI, manda a la hoguera a Don Tomás de Treviño y Sobremonte en la Muy Noble y Leal Ciudad de México. La familia judía de los Carbajal viene a México ¡Otro Luis!: Luis de Carbajal el Joven--, convence a los suyos de retomar el camino de su antigua fe ("de la caduca Ley de Moysén", como se expresan los inquisidores), y en un acto de continuado heroísmo, Carbajal se instruye como puede en una religión que ya no conoce, porque no practicó de niño, y en una curiosa (y muy valiente) mezcla de penitencia católica y ritos judíos, por sí solo --y sin anestesia de ningún tipo--, se circuncida para "expiar sus pecados" (cosa ajena al judaísmo).
La familia Carbajal es descubierta junto con su rabino, y enviada a la hoguera. Y Treviños como Don Tomás, y Garzas y Osunas se van a poblar el Noreste del virreinato, y fundan Monterrey, y aunque ya no practican el judaísmo, llevan con ellos marcas de su origen: el cabrito y el pan sin migajón (las "tortillas de harina"), llamar a los niños "huerco" ("diablillo"), herencia del ladino. Muchas familias mexicanas siguen acostumbrando --sin saber por qué--, a cubrir los espejos en los días que están de luto; en medio de una plática sueltan--sin saber por qué--: "tal cosa es mala como la carne de puerco". Y es por los judíos que comemos buñuelos en Navidad, son los "burmuelos de Janucá" ,deliciosa harina para engordarnos a los glotones, frita en aceite, típica de esa fiesta.
Sólo hasta los últimos años del porfiriato 1900-1910, y los del régimen del Gral. Calles (1924-1928), los judíos (muchos de ellos sefaradíes), "la gente que habla raro", "los turcos" (claro, muchos traían viejos pasaportes del extinto Imperio Otomano), cerraron el ciclo de llegar, no de España, sino de una vuelta de muchos siglos por el Mediterráneo oriental, hasta América, a un México que ya no era la Nueva España, y a los Estados Unidos.
¿Por que no hay notas bibliográficas?, Porque se ecribe de un tirón, por puro amor... Un poco de ladino, no como debiera escribirse, sino como se oye:
¿Ké tal, los mis hishos, los mis preziados?, vamos kantar una kansión, sólo que el gursuz del Yoram Gaón areskovdó dos estrofas del cantoñiko, (parese que se le atoravan en el garón, por non las kantar), i non se melda kompleta como manda el Dió --abendicho sea el su Nombre Santo. Lo ke viene diante es una romansa, onde un amante le dise del su amor a la su galana, i mui muncho la encarga con yoros i kon endechas, la mará del su destierro i trenos de desamor... Buena semana los mis hermanos, los guadre el Dió con la su sejut i su berajáh.


U.I.O.G.D
Para que en todas las cosas sea Dios glorificado...




Árvoles yoran por luvyas
Romanza lírica sefaradí
Cantan: Yehoram Gaón y Ruhama Raz
http://video.google.com/videoplay?docid=959797787400656276&hl=es
1. Árvoles lloran por luvyas
I muntanyas por ayres…
Ansí lloran los mis ojos
por ti, querida amante.
Ansí lloran los mis ojos
por ti, querida amante.
Estribillo:
Torno i digo: ¿qué va ser de mí?
En tierras ajenas io me vo murir.
2. Blanca sos, blanca vistes,
Blanca la tu figura,
Blancas flores caen de ti,
de la tu hermozura.
Blancas flores caen de ti,
de la tu hermozura.
Estribillo:
Torno i digo: ¿qué va ser de mi?
En tierras ajenas io me vo murir.
3. Ven verás, ven verás,
Ven i verás, veremos
El amor que mos tenemos.
Ven mos aunaremos.
El amor que mos tenemos.
Ven mos aunaremos.
Estribillo:
Torno i digo: ¿qué va ser de mi?
En tierras ajenas io me vo murir.
4. Frente de mi hai un ángelo,
frente de mi hai un ángelo.
Con sus ojos me mira,
llorar quero i non puedo.
Llorar quero i non puedo.
Mi corasón suspira.
Estribillo:
Torno i digo: ¿qué va ser de mi?
En tierras ajenas io me vo murir.




U.I.O.G.D.




¿A quién botaremos
del barco...?
Miguel Zavala-Múgica

Iba yo en el 2o. año de la escuela Secundaria --de eso ya hace como treinta años-, que no es tanto. Aquel colegio era el Fernando de Magallanes, que estaba en la calle de Sadi Carnot, sì... esa calle sospechosa y misteriosa de la Colonia San Rafael de la Ciudad de Mèxico... esa mera.

Total que nuestros profesores se las arreglaban para que hubiera una clase que se llamaba Ética; por supuesto --como sabéis muchos de vosotros-, la clase de Ètica era --en realidad--, la catequesis escolarizada (por cierto: con catecismos españoleees, ¡ole con oleee...!).

Pero se daba una paradoja muy graciosa... muchos de los profesores se las arreglaban, para que la Clase de Religión se convirtiese en una verdadera Clase de Ètica... ¿Dialéctica tal vez?... ¿antìtesis vence tesis y a ambas las vence la sìntesis?, bueno, pues un poco de eso quizà... pero más que nada, creo que se imponía una necesidad de forjar espíritus jóvenes, y no importaba si era en el marco de una clase laica o de una clase de religión, lo que importaba era el debate de las ideas y el descubrimiento de que necesitamos ÈTICA: principios comunes reconocidos por la colectividad, para evitar que acabemos los unos con los otros.

Bueno pues... el caso es que aquel dìa el profesor --Mario Luis Pedroza Ramírez, se llamaba--, nos puso a hacer un ejercicio del cual me voy a acordar siempre, y que espero que siga siendo ingrediente de mis decisiones personales, y que tambièn, sirva para que otros lo tomen en consideraciòn.

Se trataba de una propuesta situacional: Estamos todos juntos en un barco..., el barco tiene una terrible rajadura por donde hace agua, y en determinado tiempo comenzarà a hundirse: eso no tiene vuelta, de que se hunde: se hunde... ya se ve venir eso.

--"Ahora bien, compañeros... No hay modo de salvarnos todos, no hay salvavidas suficientes, no alcanzan las barcazas para sacar a todos los ocupantes del barco..." --sentenció el profesor. "Vamos a defender el derecho que cada uno tiene a salvarse y a seguir vivo, asì que os propongo que cada uno se defienda y explique por què tiene que dàrsele salvavidas o un lugar en una barcaza..."

...Y comenzò la discusiòn. Preciosa..., habìa que ver con què vehemencia cada uno defendìamos nuestras propias razones para tener un salvavidas. La cosa es que estaba para verse aquel espectàculo de oratoria por parte de los que mejor sabìamos hablar, no faltò algùn grandulòn que dijera... --"Si a mì no me quieren dar salvavidas, lo arrebato y ya..., y me vale..."

En seguida, el profesor --con gusto porque creo que vio que su plan iba dando resultado--, propuso un cambio. --"Bien, veamos, todos tenéis buenas razones para reclamar vuestro derecho a sobrevivir, y habéis comenzado a armar polèmica... que si tenéis familia, que si no...; que qué harían vuestros padres sin vosotros (y viceversa), que si vuestra madre està enferma... que si sois buenos y prometedores alumnos.

"Vamos a hacer algo màs pràctico... --siguió el profesor--, ¿por què no consensuamos en quiènes son los --digamos--, principales "enemigos pùblicos" aquí del salón; vamos a eliminar --por democrático consenso--, a quiénes NO quiere la mayorìa de nosotros... a quiènes habrìa que ir dejando a su suerte, sin salvavidas y sin lugar en la barca..., digo, porque tampoco somos asesinos, ¿verdad?, simplemente se trata de NO incluirlos, y nada màs..., no de tirarlos por la borda."

Y habrìa que haber visto còmo se encendiò aùn màs aquella polèmica... comenzaron a salir nombres... ¡NOMBRES!, de los indeseables, y con los nombres las razones (y las sinrazones) sobre el por què habìa que dejar a fulano o a zutano sin barca y sin corcho... Salieron antiguos motivos, viejas rencillas; se expusieron antipatìas --algunas anteriormente ocultas, de hecho hasta se formaban alianzas y simpatìas furtivas entre la clase.

En fin... que nos tardamos un rato; pero de repente un chico --uno muy inteligente por cierto, hijo de japonès y mexicana--, se puso de pie enfadado, molesto (era bastante simpàtico por lo regular), y pidiò la palabra, y preguntò:

--"¿¡Por qué tenemos que estar descalificándonos de esa manera!? ¿¡Quién dijo que era una condición para nosotros tener que decidir quién vive y quién no!? ¿por qué partimos de ese punto? Yo propongo el mismo ejercicio... ¿por qué no partimos de que es importante y vital que nos salvemos todos, y nos enfocamos a cooperar entre nosotros para salvarnos TODOS y que no falte nadie?

"Yo veo --siguió diciendo Luis Roberto Okamoto Arriaga, que así se llamaba el compañero--, que, si de verdad estuviésemos en ese barco listo a hundirse, estaríamos gastando un montón de energías (vitales para salvarnos), en conspirar mutuamente para ver cómo nos matamos, o vemos el modo de que otro lo haga por nosotros..."

"Me disculpa, Profesor, pero yo creo que el derecho a vivir no se discute; se discute cómo vamos a hacer para lograr que ese derecho prevalezca... y aquí, Usted nos está poniendo a pelear entre nosotros, y de eso sí no hay derecho... Mire nada más en qué poco tiempo ya estamos todos armando el modo de acabar unos con otros, y para lo único que nos hemos puesto de acuerdo es para concluir que tres o cuatro compañeros no nos gustan y que por eso, de una vez hay que despacharlos... No se vale, Profe..."

Bendita claridad de mente de muchacho; creo que eso es una señal de que las personas tenemos esperanza.

Quiero decir --en favor del Profesor--, que en realidad el hombre ya estaba preocupado por la forma en que el ejercicio fluía entre todos nosotros, y con mucho gusto dejó que Okamoto hablara por un buen rato... Por supuesto, no es que yo recuerde palabra por palabra todo lo que dijo mi compañero; pero hoy --desde mi edad adulta--, puedo prestarle algo de la manera de hablar que ahora tengo, porque en verdad, aquellos eran sus sentimientos y ese era su corazón.

Desafortunadamente, en muchas de nuestras sociedades: hogares, centros de trabajo, escuelas, universidades... ¡iglesiaaas!, ese proceder hipócrita, estúpido, desleal y acojonadamente lleno de miedo, es el que priva. Estamos de dar mieeedo... Y la cosa no es de hoy, son nuestros demonios de siempre.

La lucha contra los demonios es real... pero esos demonios no son los de un infierno dantesco ni mitológico --como quisieran hacernos creer para distraernos la atención algunos emisarios del medioevo..., sino que son los enemigos ocultos de nuestra psique, y que tienen un poder tremendo, son capaces de hacer de personas comunes y corrientes, verdaderos monstruos: monstruitos de trece o catorce años como éramos nosotros en aquel tiempo...

Ah... Y esto no ha sido ningún sermón, ni fervorín de iglesia tampoco. ¿Por qué? Pues porque sencillamente, de vez en vez hay que tener la madurez y la higiene mental, de que --aunque seamos creyentes--, no usemos nuestra fe ni nuestros recursos religiosos a defecto de una buena voluntad y una sensatez humanas que hay que poner a trabajar. No es que esté mal la religión, ni nuestros valores religiosos, sino que más frecuente que ocasionalmente, no los usamos como texto, sino como pretexto de los valores en los que nos apoyamos..., no fuera a ser que alguno de los motivos pa'botar del barco a alguno fuera su divergencia de opinión religiosa... ¿O no?

¿Qué os parece? Aquí lo importante son vuestras opiniones (mejores o peores).

Un gustazo...

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