martes, 29 de julio de 2008

El Jardín de la Cábala:
¡Nuevo libro de
Angelina Muñiz-Huberman!
Miguel Zavala-Múgica
Me da un gusto enorme saber de la publicación de una nueva creación de mi maestra Angelina Muñiz-Huberman. Lo que me apena un poco es que no se mencione entre su obra, el libro Las Raíces y las Ramas: Fuentes y derivaciones de la Cábala hispano-hebrea, no sé -¿quizá porque no es una novela ni un poemario?-, esta obra es historia..., historia de la Cábala, de gran ayuda para lavarles los ojos a algunos que oyen esa palabra y se imaginan manuales de "brujería judía", como si tal cosa existiera...
Al lado de La Lengua Florida -ambos publicados en México por el Fondo de Cultura Económica-, Las Raíces y las Ramas es uno de los textos con que la Doctora Muñiz ha introducido el interés por la cultura y la mística sefaradí en la literatura mexicana.
A continuación, tres artículos para conocer a la Doctora Muñiz y su nuevo libro: El Jardín de la Cábala.
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El Jardín de la Cábala
Yvan Valasse
MÉXICO, D.F., 28 de julio (apro). –
En El Jardín de la Cábala, Angelina Muñiz-Huberman nos invita a ser cómplices de los sabios judíos. El milagro, lo fantástico, el misticismo y lo cotidiano, son algunos de los protagonistas de estos relatos. El volumen es editado por primera vez por el Centro Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), a través de las ediciones “El Guardagujas Cuento”. Contiene 45 cuentos que, como el título lo indica, relatan historias relacionadas con la Cábala y la religión judía, a través de elementos directamente vinculados --o no-- con estos temas. Angelina Muñiz-Huberman nació en Hyères, en el sur de Francia, en 1936, y llegó a México en 1942. Es poeta, narradora y ensayista. A lo largo de su carrera literaria y académica ha recibido numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio Xavier Villaurrutia, por Huerto Cerrado, Huerto Sellado y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, por Dulcinea Encantada. A continuación se presenta una parte del cuento La Letra Eme del Diccionario:
“¿Qué hacer ante un diccionario? ¿Por dónde abrirlo? ¿Cómo utilizarlo? Un diccionario es un libro especial. Un libro que se abre muchas veces, pero que nunca se acaba de leer. Un libro de gran orden que se lee en desorden. Un libro de gran volumen y peso que, aunque lleva a muchos lados, no se lleva a ningún lado. Un libro imprescindible que se consulta brevemente. Que tomó años y años para ser terminado y que el lector lo hojea en un par de minutos. Un libro lleno de todas las palabras para sólo buscar una. Un libro de sabiduría sí, pero ejemplo de la fragmentación y de la dispersión. Un libro que ha deshecho el orden natural de este mundo para rehacerlo en un orden arbitrario, llamado alfabético. Un libro a prueba de paciencia y conocimiento. Un libro lógico, carente de imaginación, pero que desata la imaginación. Un libro eterno que nunca será terminado de leer. Un libro sin principio ni fin. Un libro entre el sueño y la realidad. Un libro sin tiempo. Un libro sin ideas. Un libro sin pasiones. Un libro a secas. Un libro, libro.
“Pero, qué libro. Entre el azar y la necesidad, se abre por cualquier página y esa página es la primordial. Un secreto y modesto libro, sin aspiraciones, sin pretensiones, pero siempre al alcance de la mano. Un libro dogmático, al cual nos acogemos a ciegas: nadie negaría un dato de un diccionario. Un libro de autoridades que, entre todas las
palabras, tiene la última palabra. Tan importante que sin él no podríamos leer,
ni aumentaríamos nuestro conocimiento, ni aclararíamos nuestras dudas. Después
de todo, es un libro iluminador.
“Si hojeamos el diccionario podemos detenernos en la letra eme. Letra, que sí mayúscula, aparece muy bien afianzada sobre dos columnas y un remate angular. Letra que se remonta a su muy lejano origen semita: la letra mem en hebreo se relaciona con la palabra mayim que significa agua y que en su grafía minúscula recuerda las olas del mar. Resulta interesante que esa letra inicial, en nuestra herencia, lo sea también de la palabra mar. Y sí vamos a esas, en efecto, en el volumen `eme` hay la mar de información.
“La letra eme es dadora de vida: primera palabra que se pronuncia: ma-má: también en hebreo: ima. Fonéticamente es una consonante bilabial, sonora, oclusiva y nasal. Se pronuncia entre los labios y es como un beso vibrante.”
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Reconocimientos
Premio
Sor Juana
Inés de la Cruz.
1993. Angelina Muñiz-Huberman(México, 1936)
Dulcinea encantada es la novela con la que la mexicana Angelina Muñiz-Huberman resultó ganadora en 1993 del Premio Sor Juana Inés de la Cruz de novela escrita por mujeres, que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Angelina Muñiz-Huberman es hija de padres españoles que al estallar la guerra civil española se trasladaron a Hyères, Francia, donde nació en 1936. Luego se fueron a Cuba y allí permanecieron algún tiempo para, finalmente, llegar a México donde se naturalizó en 1942. Angelina Muñiz obtuvo el doctorado en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en Lenguas Romances en la Universidad de Pennsylvania; y realizó cursos de filología y literatura en El Colegio de México. Es autora de una extensa obra narrativa, poética y ensayística, y es la introductora de la novela neohistórica y de la mística sefardí en la literatura mexicana. A lo largo de su carrera, Angelina Muñiz-Huberman ha recibido diversos premios, entre ellos el Premio Xavier Villaurrutia 1985 por Huerto cerrado, huerto sellado, el Premio de Literatura Magda Donato 1972 por Morada interior, el Premio Internacional de Literatura Judía Fernando Jeno 1988 por De magias y prodigios; la Medalla de Jerusalén 1975 y el Premio de Poesía José Fuentes Mares 1997 por La memoria del aire. De su extensa obra publicada son de destacar las novelas: Morada interior (1972), Tierra adentro (1977), La guerra del unicornio (1983), Hacia Malinalco (1986); los libros de cuentos: Huerto cerrado, huerto sellado (1985), De magias y prodigios (1987), Los brazos necesitan almohadas (1991), Serpientes y escaleras (1991); y los poemarios: El mundo de la mujer (1967), Vilano al viento (1982), El ojo de la creación (1992). También ha escrito ensayos y ha hecho traducciones.
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Entrevista con
Angelina Muñiz-Huberman
Jorge Luis Herrera
Hija de exiliados republicanos españoles, Angelina Muñiz-Huberman (1936) nació en Hyères, Francia. Llegó a México en 1942 y desde entonces fijó su residencia en este país. Es narradora, ensayista y poeta. Ha sido galardonada con importantes premios como el Xavier Villaurrutia, el José Fuentes Mares y el Premio Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz. Es autora de una obra cuantiosa, destacan: Morada interior , La lengua florida , Las confidentes, El mercader de Tudela, La sal en el rostro, Dulcinea encantada, Areúsa en los conciertos, Castillos en la tierra y Molinos sin viento ; los dos últimos forman parte de una trilogía en proceso, denominada por la escritora, como seudomemorias, género de su invención y del cual habla en esta entrevista.
Angelina Muñiz-Huberman, ¿en qué época de su vida comenzó a escribir?
En la infancia. Tengo varios antecedentes literarios en mi familia, entre ellos Manuel Bretón de los Herreros, escritor español del siglo XIX. Mi padre fue periodista, curiosamente se opuso a que yo escribiera, decía que era confusa; nunca leyó mis libros. Por otro lado, mi madre me impulsó, de ella heredé la afición a la lectura, a la escritura y a contar historias. Después conocí a Alberto, mi esposo, quien también me apoyó y me animó a publicar.
¿De dónde surge su necesidad por contar historias?
Durante la Guerra Civil Española mis padres apoyaban a la República y tuvieron que salir de España. Primero se fueron a casa de unos tíos, al sur de Francia, donde nací; luego a Cuba y, por último, arribamos a México. Durante nuestro exilio mi madre me platicaba los orígenes de la familia. Recuerdo que me decía: “eso es para que algún día escribas estas historias.” Yo replicaba: “voy a escribir sobre otras cosas”; de hecho, escribí estas historias mucho tiempo después, en Las confidentes (1997). Tratar de mantener vivos los recuerdos, los orígenes y las genealogías es común entre los exiliados.
¿Cuál fue su principal intención al escribir Molinos sin viento?
Forma parte de una trilogía de libros, se pueden leer de manera independiente o seguida. El primero es Castillos en la tierra, el segundo Molinos sin viento, y el último, que apenas estoy escribiendo, se llamará La pluma en la mano. Pensando que moriré pronto, recogí diversos aspectos de mi infancia, época que resume el futuro de cualquier ser humano, con el deseo de reafirmarme ante la vida. Pretendía explicar cómo se formó la identidad y personalidad de Alberina, la protagonista.
Molinos sin viento es un título paradójico...
Así es. La imagen de un molino nos remite de inmediato al elemento viento, un molino sin viento se destruiría por no servir de nada. La inutilidad es una idea ligada a la existencia, pero al mismo tiempo, permanece siempre el deseo de vivir útilmente. Jugué con la imagen de un molino sin viento, pero que está expectante. Es una situación vital. Sin el viento las semillas no volarían al terreno adonde van a fructificar. Ante la fragilidad del exiliado, por vivir en el aire, es necesario combinar los cuatro elementos. Las características del viento son similares a las de la palabra, mueven y transforman muchas cosas, aunque nada más son audibles. El viento es contradictorio en apariencia, se cree que por estar en movimiento constante no tiene memoria, pero sí la tiene, regresa a los mismos lugares, según la época del año. Parte del propósito de las seudomemorias es rescatar lo acumulado en mi memoria y que he comenzado a olvidar. El escritor inventa; generalmente se cree que la información se extrae de la memoria y de la realidad, pero no, es una invención, se escribe en el límite de lo real y lo imaginario.
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U.I.O.G.D.

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