sábado, 19 de julio de 2008

HOMILÍA DOMINICAL
20 de julio A.D. 2008
Léanse las lecturas del artículo siguiente:
Propios de la Santa Eucaristía…
¿Por qué tiene que existir el mal en el mundo…?
Pbro. Miguel Zavala-Múgica+
Todas las personas experimentamos diferentes tipos de injusticias, en diferentes proporciones y momentos de la vida; siempre nos preguntamos “¿por qué?” y “¿para qué?”, exigimos saber las causas y los propósitos de las injusticias. Pero una cosa son las desgracias que puedan ocasionarnos accidentes o circunstancias fuera del control humano, y otra enfrentarnos a la intención deliberada (mala o no, eso tiene que juzgarse aparte), de personas como nosotros: un jefe en el trabajo, un cónyuge resentido recién divorciado, un médico irresponsable, alguien que nos ha golpeado física o espiritualmente.
El texto del libro de la Sabiduría que hemos leído, parece demasiado optimista; me parece escuchar ese cantito tan alegre estilo Renovación Carismática…: “¡No hay dios tan grande como tú!”, según la enseñanza de este libro, y del Salmo 86 (“No hay dios comparable a ti…”), el mundo marcha maravillosamente guiado por la bondadosa, justa y compasiva mano de Dios, no hay gobernante que se le puede enfrentar, ni burlarse de él…
¡¿Por qué y por qué…!?
¿No será que algo en todo esto anda mal? ¿Qué pasa con gobernantes que abusan o mal administran lo que no es suyo?, ¿qué con gobernantes de esos de juntas militares o dictaduras, que han torturado, asesinado y atemorizado a miles de inocentes, durante largos años, impunemente, y quienes jamás reciben castigo justo ante sus víctimas o familiares de éstas? Estas preguntas no se pueden tomar a la ligera.
…Y además: ¿dónde anda Dios cuando a alguien lo están torturando en un campo de concentración, cuando a una familia humilde la van a sacar de su casa con lujo de fuerza y sin proveerle nada a cambio, porque encima de lo que fue su casa se va a construir un fraccionamiento a todo dar…?, ¿dónde está Dios cuando un cretino le dice qué hacer a una persona con más experiencia o más virtud?
El problema con todas las cuestiones que estoy proponiendo, es que –en parte-, implican juicios de valor, puntos de vista personales, y además ignoran el curso que los acontecimientos han de tomar; pero no deja de ser legítimo el grito del Salmo 86: “Una banda de insolentes y violentos, que no te tienen presente, se han puesto en contra mía y quieren matarme”, al menos se trata de la miseria y abandono sentidos por un ser humano en una circunstancia particular.
La frase: “actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser bondadoso…”, me pone a pensar si acaso los justos –en su bondad-, no tendrán que ser también exigentes y capaces de enfadarse ante la injusticia y ante los abusivos de este mundo…
Cuando viene San Pablo en la Carta a los Romanos y nos dice tal cosa como que… “Los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que ha de venir…”, muchas personas intensamente sufrientes, honestamente sienten deseos de rebelarse contra una gloria ausente (“pa’cuando te mueras), que parece burlarse de un dolor muy presente.
Los curas y muchas personas piadosas, somos muy aficionados a ciertas salidas “fáciles” ante situaciones muy duras de gente a la que debemos consolar y fortalecer (en hospitales y funerarias, sobre todo…) –“Mire usted, tranquilícese… ¡eees la voluntad de Diooos!”; “Resignación, comadrita…”, y una sarta de boberías que deberíamos poner más cuidado en decir. Con justa razón, la gente se molesta, y con lágrimas en los ojos nos cuestiona si es la voluntad de Dios que una hija se le esté consumiendo de anorexia, o que un hermano se haya estampado en un muro con todo y moto, o –y aquí viene lo más difícil-: que a una nieta la hayan violado entre cuatro infelices, dejándola embarazada, o que un grupo de asesinos haya acabado con una familia entera en la propia casa de ésta.

La Voluntad de Dios: un proceso que no ha acabado…
La primera cosa que tendríamos que aprender, es a mirar bien lo que cada uno hace… y a responsabilizarnos apropiadamente. Antes que adjudicar a la voluntad de Dios injusticias, habría que reflexionar si los autores de tan tremendos pecados no serán acaso quienes quebrantan –con sus acciones-, la voluntad de Dios (San Pablo dijo a Timoteo: “Dios quiere que toda persona se salve y llegue al pleno conocimiento de la verdad”).
Pero cuando Pablo añade: “…La creación perdió su verdadera finalidad… le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” Tal parece como que las cosas no están TODAVÍA resueltas. La obra de salvación de Dios para nosotros, no está del todo concluida, estamos en un proceso: “…la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto…”
El pasaje que se conoce como “el Sermón de la Cena”, es un discurso que el Evangelista Juan pone en boca de Jesús en su Última Cena antes de su Pasión, y los grandes temas de ese discurso son: la próxima ausencia de Jesús (iba a morir), y la llegada del Paráklito, “otro Consolador”, el fortalecedor, el abogado, el apoyo. La presencia de este Espíritu en la familia de Dios en el mundo es la garantía de que podemos seguir a Jesús a pesar de la dura prueba de no poder verlo en esta vida, a pesar de no poder ver muchas cosas en las que se nos pide: ¡Creer!, ¡tener confianza!, ¡estar firmes!
Ya el Antiguo Testamento nos presenta tres acciones de Dios que nos llevan a actitudes más positivas ante la vida:
1. “Llenaste a tus hijos de esperanza, al darles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados.” Tenemos la oportunidad de cambiar, aún los más terribles y violentos pecadores.
2. “Enséñame tu camino, para que yo lo siga fielmente. Haz que mi corazón honre tu nombre.” Podemos pedir que Dios nos muestre lo que debemos hacer, en vez de exigir que Dios haga lo que nuestra desesperación nos instiga a demandar.
3. “Dame una clara prueba de tu bondad, que al verla se avergüencen los que me odian… ¡Tú, Señor, me das ayuda y consuelo!” La fe otorga firmeza, y nos permite pedir –de cuando en cuando-, señales que Dios no ha de negarnos, que nos den el “norte” a la navegación de nuestras vidas.
Las “arras” del Espíritu.
Si Juan decía en su Evangelio que el Espíritu Santo sería nuestra fortaleza y apoyo entre la Ascensión de Jesús y su vuelta al mundo, Pablo complementa diciendo que: “Tenemos el Espíritu como anticipo –como unas arras de boda-, de lo que vamos a recibir…” En una boda, los novios comparten entre sí unas monedas simbólicas que se conocen como “arras”; éstas representan un anticipo de una abundancia que los esposos piden a Dios, y de una solidaridad que ellos prometen compartir. No se trata del final de la historia, sino del principio.
Por eso Pablo añade: “Con esa esperanza hemos sido salvados…”, y habla de “…esperar sufriendo con firmeza.” De ninguna manera se trata de un mensaje de amor al sufrimiento por lo que éste es en sí mismo, sino de una invitación gozosa a que ese sufrimiento (al que de todas maneras tenemos que enfrentarnos), sea un instrumento de madurez y crecimiento en nuestra vida, y no de más amargura, frustración y autodestrucción.
No caminamos solos, tenemos la prenda, las arras de la presencia del espíritu de Dios –el Espíritu mismo que resucitó a Jesús-, dentro de nosotros, como comunidad y como individuos.
¿Por qué no mejor los malos se largan todos a…?
Una leyenda china habla de un anciano que instruía a su nieto a no decir nunca: “¡qué bueno!”, o “¡qué malo!”. El nieto trabajaba el campo, el día que se rompió una pierna hubiera querido decir “¡qué malo!”, pero al pasar la leva del emperador, su invalidez impidió que los militares lo reclutaran: habría querido decir: “¡qué bueno!”, pero entonces se le conmutó el servicio militar por provisión de bagajes; ¿cómo hacerlo si ahora estaba inválido?; habría querido decir: “¡qué malo!”, pero esta situación hizo que tuvieran que pedir ayuda a los vecinos, y al hacerlo, conocer a la chica que se convirtió después en su esposa… Así seguiría la cadena.
Mejor que juzgar de buenas o de malas las situaciones por las que pasamos en la vida, hay que vivirlas, enfrentarlas, y buscar el encuentro con Dios en cada una.
En este mes de julio en que he sugerido conocer y profundizar la tradición benedictina, he meditado sobre lo que un monje tendría que decir acerca de la libertad y la estabilidad. A este mundo donde tantos de nosotros vivimos situaciones de las que quisiéramos literalmente "salir corriendo", la tradición monástica le propone un valor ético: estabilidad, eso compromete la libertad. Hay que tener las agallas para distinguir entre lo que podemos cambiar de la vida y lo que no, y atrevernos a cambiar lo que sea necesario.
Pero también se necesita valor para enfrentar lo que no nos gusta y que no es necesariamente "el mal". Escuché un comentario muy valioso -que creo que es parte de la Palabra de Dios entre nosotros, las palabras de la actriz mexicana Ofelia Medina -tan comprometida con los derechos humanos y civiles en nuestra patria-:
"Uno no es libre nomás para hacer lo que le dé la gana, uno es libre para comprometerse y luchar por lo que uno cree."
El mismo criterio podemos aplicar cuando se trata de hacernos una idea de por qué estamos mezclados buenos y malos en el mundo. Aquí casi quisiera dejar claro que yo me considero del bando de los buenos... (¿quién me lo ha de creer?), entre quienes cuento a muchísima gente, mientras que tengo una larga lista de infortunados a quienes podría mandar al Infierno si yo fuese Dios: pero soy un simple ser humano, por fortuna para todos…, pero lo que acabo de decir es una tentación que muchos comparten conmigo.
Alguna vez –escuchando las lamentaciones de algún adulto sobre la gente que le hacía mal-, le pregunté a mi madre -siendo yo niño-, por qué Dios no tomaba a la gente mala del mundo y la enviaba a algún lugar donde no hiciera daño (aún pensaba –positivamente-, que los buenos éramos mayoría). Creo que fue –en esencia-, la misma pregunta que hicieron los obreros de la parábola acerca de si cortar la hierba mala. La respuesta del dueño: --“Al arrancar la mala hierba pueden arrancar también el trigo, mejor es dejarlos crecer juntos hasta la cosecha”.
Quizá podamos pensar que –si como dice Jesús-, la cosecha simboliza el fin del mundo, eso esté todavía lejos. Pero me parece que de cuando en cuando –a veces casi a diario-, o por temporadas que se reinician, pasamos por períodos de evaluación y rendición de cuentas en nuestras vidas, y esos períodos nos permiten aprender y crecer, aunque es cierto que Dios tiene la última palabra.
Antes de llamar ‘mala’ o ‘buena’ a nuestra vida, antes de desesperarnos por los cambios de sentido de nuestra existencia, antes de juzgar y condenar a las personas, o de elevarles altares, renunciemos de corazón a permanecer en el estrés de la búsqueda de control absoluto de la vida y pongamos nuestras pequeñas y falsas “seguridades” en manos de la verdadera Seguridad que hay en Dios. Convivamos con los ‘malos’, sabiendo que no nos vemos libres de ser tan ‘malos’ como ellos, y que ellos pueden, eventualmente, ser tan ‘buenos’ o mejores que nosotros… y que la última palabra, afortunadamente, la tiene nuestro Padre y Madre, Dios clemente y todopoderoso.

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U.I.O.G.D.
Propios de la Santa Eucaristía.
IX Domingo de Pentecostés (Propio 11)
20 de julio A.D. 2008


Colecta
Dios omnipotente, fuente de toda sabiduría, tú conoces nuestras necesidades antes de que te pidamos, y nuestra ignorancia en pedir: Ten compasión de nuestras flaquezas, y danos, por tu misericordia, aquellas cosas que por nuestra indignidad y ceguedad no sabemos ni nos atrevemos a pedirte; por los méritos de Jesucristo tu Hijo nuestro Señor; que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.
Lectura del Libro de la Sabiduría (12: 13 y 16-19)

No existe ningún dios, fuera de ti, que tenga todo bajo su cuidado y a quien tú tengas que dar cuentas de si has juzgado rectamente o no; ni hay rey ni gobernante que pueda hacerte frente para defender a los que tú has castigado. Puesto que eres justo, todo lo gobiernas con justicia; y juzgas indigno de tu poder condenar al que no merece castigo; porque tu poder es la base de tu justicia, y siendo el dueño de todos, de todos tienes compasión. Tú despliegas tu fuerza ante aquellos que dudan de tu gran poder, y confundes a los que –conociéndolo-, se muestran insolentes; pero, precisamente porque dispones de tan gran poder, juzgas con bondad y nos gobiernas con gran misericordia, porque puedes usar de tu poder en el momento que quieras. Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser bondadoso, y llenaste a tus hijos de una bella esperanza, al darles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados.
Palabra del Señor.

R./ Demos gracias a Dios.
Salmo 86

R./ Alegra el ánimo de este siervo tuyo,*
pues a ti dirijo mi oración.

1 Señor, dígnate escucharme,*
porque estoy muy triste y pobre;
2 protégeme, pues te soy fiel.*
Tú eres mi Dios; ¡salva a este siervo tuyo que en ti confía!
3 Señor, ten compasión de mí,*
que a ti clamo a todas horas.
4 Señor, alegra el ánimo de este siervo tuyo,*
pues a ti dirijo mi oración.
5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonas;*
eres todo amor con los que te invocan.
6 Señor, escucha mi oración,*
¡atiende mi plegaria!
7 En mi angustia clamo a ti,*
porque tú me respondes.
8 ¡No hay dios comparable a ti, Señor!*
¡No hay nada que iguale a tus obras!
9 Oh Señor, tú has formado a todas las naciones,
y ellas vendrán a ti para adorarte*
y para glorificar tu nombre.
10 Porque solo tú eres Dios;*
¡tú eres grande y haces maravillas!
11 Oh Señor, enséñame tu camino,
para que yo lo siga fielmente.*
Haz que mi corazón honre tu nombre.
12 Mi Señor y Dios, te alabaré con todo el corazón*
y glorificaré siempre tu nombre.
13 ¡Inmenso es tu amor por mí!*
¡Me has librado de caer en el sepulcro!
14 Oh Dios, una banda de insolentes y violentos,
que no te tienen presente,*
se han puesto en contra mía y quieren matarme.
15 Pero tú, Señor, eres Dios tierno y compasivo,*
paciente, todo amor y verdad.
16 Mírame, ¡ten compasión de mí!*
¡Salva a este siervo tuyo! ¡Dale tu fuerza!
17 Dame una clara prueba de tu bondad,
y que al verla se avergüencen los que me odian.*
¡Tú, Señor, me das ayuda y consuelo!

R./ Alegra el ánimo de este siervo tuyo,*
pues a ti dirijo mi oración.
Lectura de la Carta del Apóstol
San Pablo a los Romanos (8: 18-25).

Hermanos: Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después. La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste claramente que somos hijos de Dios: porque la creación perdió su verdadera finalidad, no por su propia voluntad, sino porque Dios así lo había dispuesto; pero le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que hasta ahora la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto. Y no solo ella sufre, sino también nosotros, que ya tenemos el Espíritu como anticipo –como unas arras de boda-, de lo que vamos a recibir. Sufrimos profundamente, esperando el momento de ser adoptados como hijos de Dios, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos. Con esa esperanza hemos sido salvados. Sólo que esperar lo que ya se está viendo no es esperanza, pues, ¿quién espera lo que ya está viendo? Pero si lo que esperamos es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza.
Palabra del Señor.

R./ Demos gracias a Dios.



+ Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo
según San Mateo (13: 24-30 y 36-43).


R./ Gloria a Ti, Cristo Señor.
Jesús contó esta otra parábola:
--“Sucede con el Reino de los Cielos como con un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero cuando todos estaban durmiendo, llegó un enemigo, sembró mala hierba entre el trigo y se marchó. Cuando el trigo creció y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. Entonces los trabajadores fueron a decirle al dueño: ‘Señor, si la semilla que sembró usted en el campo era buena, ¿de dónde ha salido la mala hierba?’ El dueño les dijo: ‘Algún enemigo ha hecho esto.’ Los trabajadores le preguntaron: ‘¿Quiere usted que vayamos a arrancar la mala hierba?’ Pero él les dijo: ‘No, porque al arrancar la mala hierba pueden arrancar también el trigo. Lo mejor es dejarlos crecer juntos hasta la cosecha; entonces mandaré a los que han de recogerla que recojan primero la mala hierba y la aten en manojos, para quemarla, y que después guarden el trigo en mi granero.’ ” … …
… …Jesús despidió entonces a la gente y entró en la casa, donde sus discípulos se le acercaron y le pidieron que les explicara la parábola de la mala hierba en el campo. Jesús les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, y el campo es el mundo. La buena semilla representa a los que son del Reino, y la mala hierba representa a los que son del maligno, y el enemigo que sembró la mala hierba es el diablo. La cosecha representa el fin del mundo, y los que recogen la cosecha son los ángeles. Así como la mala hierba se recoge y se echa al fuego para quemarla, así sucederá también al fin del mundo. El Hijo del Hombre mandará a sus ángeles a recoger de su Reino a todos los que hacen pecar a otros, y a los que practican el mal. Los echarán en el horno encendido, y vendrán el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan.
El Evangelio del Señor.

R./ Te alabamos Cristo Señor.
Conmemoraciones de la Semana:
22 de julio: María Magdalena
24 de julio: Tomás de Kempis, presbítero, 1471
25 de julio: Santiago, apóstol
26 de julio: Los Padres de la Bendita Virgen María

La Conferencia de Lambeth:
El 20 de julio se celebrará la Solemne Eucaristía de la Conferencia de Lambeth en la histórica Catedral de Canterbury. Las actividades de la Conferencia de Obispos y Cónyuges continuarán durante toda la semana, incluyendo el día jueves 24 varias actividades en Londres: una visita al Palacio de Lambeth, una marcha de solidaridad con las Metas de Desarrollo del Milenio, y una reunión social en el Palacio de Buckingham. Mientras tanto, los obispos y sus cónyuges continúan estudiando el Evangelio de Juan.

En el Ciclo Anglicano de Oración oremos por…:

+ La Conferencia de Lambeth y la Diócesis de Canterbury.

+La Iglesia Episcopal en las Filipinas:
Reverendísimo Ignacio Capuyan Soliba, Obispo Primado de la Iglesia Episcopal en las Filipinas.
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U.I.O.G.D.
El Simbolismo de la Cúpula[1]
René Guénon
Editado y anotado (notas dentro del texto),
por Miguel Zavala-Múgica+

En un artículo de la revista The Indian Historical Quarterly (marzo de 1938), Ananda K. Coomaraswamy ha estudiado la cuestión del simbolismo de la cúpula –demasiado importante, y por otra parte demasiado estrechamente vinculado a algunas de las consideraciones que hemos desarrollado anteriormente-, como para que no examinemos, en particular, sus principales aspectos.


Ananda Coomaraswamy (1877-1947)

Simbolismo básico de círculos y cuadrángulos en el arco:
Budismo, Islam y Cristianismo.
El primer punto esencial que ha de señalarse a este respecto, en conexión con el valor propiamente simbólico e iniciático del arco arquitectónico, es que todo edificio construido según criterios estrictamente tradicionales, presenta –en la estructura y disposición de las diferentes partes de que se compone-, una significación “cósmica”, la cual, por lo demás, es susceptible de doble aplicación, conforme a la relación analógica entre “macrocosmos” y “microcosmos”, es decir, que se refiere a la vez al mundo y al ser humano. Esto es válido, naturalmente y en primer lugar, para los templos u otros edificios con destino “sagrado” en el sentido más limitado del término; pero, además, lo mismo ocurre con las simples habitaciones humanas, pues no ha de olvidarse que, en realidad, no hay nada “profano” en las civilizaciones íntegramente tradicionales, de modo que –sólo por efecto de una profunda degradación-, ha podido llegarse a construir casas sin proponerse otra cosa que responder a las necesidades puramente materiales de sus habitantes, y éstos, por su parte, han podido contentarse con moradas concebidas según preocupaciones tan estrecha y bajamente utilitarias.
Va de suyo que la significación “cósmica” de que acabamos de hablar puede realizarse de múltiples maneras, correspondientes a otros tantos puntos de vista, que darán nacimiento así a “tipos” arquitectónicos diferentes, algunos de los cuales estarán particularmente ligados a tal o cual forma tradicional; pero por el momento no tenemos que considerar sino uno de esos “tipos”, que, por otra parte, aparece como uno de los más fundamentales y que también, por eso mismo, es uno de los más generalmente difundidos. Se trata de una estructura constituida esencialmente por una base de sección cuadrada (poco importa aquí que esta parte inferior tenga forma cúbica o más o menos alargada), coronada por un domo, o por una cúpula de forma más o menos rigurosamente hemisférica. Entre los ejemplos más característicos pueden citarse, con Coomaraswamy, el stûpa búdico, y también, agregaremos, la qubbah islámica, cuya forma es exactamente semejante[2]; hay que incluir también, entre otros casos en que esa estructura no es tan netamente distinguible a primera vista, las iglesias cristianas en las cuales una cúpula está edificada sobre la parte central[3].


Pagoda de Swe Dagon, en Rangún, Birmania.

Cabe señalar –además-, que un arco, con sus dos pilares rectilíneos y la cimbra que reposa sobre ellos, no es en realidad sino la sección vertical de dicha estructura; y, en ese arco, la “clave de bóveda” que ocupa la sumidad corresponde, evidentemente, al punto más elevado del domo, sobre cuya significación propia volveremos luego[4].

Sentido de la forma cupular en China e India.

Es fácil advertir, en primer lugar, que las dos partes de la estructura recién descrita figuran la tierra y el cielo, a los cuales corresponden respectivamente, en efecto, la forma cuadrada y la forma circular (o esférica, en una construcción de tres dimensiones); y, aunque esta correspondencia se encuentre indicada con mayor insistencia en la tradición extremo-oriental, está muy lejos de serle propia y exclusiva[5]. Puesto que acabamos de aludir a la tradición extremo-oriental, no carece de interés señalar –a este respecto-, que en China la vestidura de los antiguos emperadores debía ser redonda por lo alto y cuadrada por lo bajo; esa vestidura, en efecto, tenía una significación simbólica (lo mismo que todas las acciones de su vida, reguladas siempre según los ritos), y esa significación era precisamente la misma que aquella cuya realización arquitectónica encaramos aquí[6]. Agreguemos en seguida que, si en ésta se considera la construcción íntegra como un “hipogeo”, según a veces lo es en efecto, literalmente en ciertos casos y simbólicamente en otros, nos encontramos reconducidos al simbolismo de la caverna como imagen del “cosmos” en conjunto.

*(Nota del editor: Un hipogeo o catacumba (del griego hypó = ‘debajo’ y gê-s = ‘tierra’, es un túmulo de forma frecuentemente semiesférica enteramente subterráneo, o construido dentro de oquedades naturales pre-existentes, como cavernas o grutas), los tipos mejor conocidos son los pre-históricos de las Islas Británicas –usados como tumbas y habitaciones-, y los etruscos de Italia. De aquí que la sugerencia de Guénon sea que la cúpula lo mismo puede representar el cielo, como la caverna primordial).

A esta significación general se agrega otra mas precisa aún: el conjunto del edificio, considerado de arriba abajo, representa el paso de la Unidad. primordial* (a la cual corresponde el punto central o la sumidad de la cúpula, de la cual toda la bóveda no es en cierto modo sino una expansión) al cuaternario de la manifestación elemental[7]; inversamente, si se la encara de abajo arriba, es el retorno de esa manifestación a la Unidad.

*(Nota del editor: Guénon usa la palabra principial, con ello se refiere a lo relativo al “Principio de todo”, en un sentido mítico).

A este respecto, Coomaraswamy recuerda –como dotado de la misma significación-, el simbolismo védico de los tres Rbhu, quienes, de la pâtra o copa única de Tvashtr, hicieron cuatro copas (y va de suyo, que la forma de la copa sea hemisférica, como la del domo); el número ternario, que interviene aquí como intermediario entre el cuaternario y la Unidad, significa particularmente, en este caso, que sólo por medio de las tres dimensiones del espacio el “uno” originario puede convertirse en “cuatro”, lo que está figurado exactamente por el símbolo de la cruz de tres dimensiones. El proceso inverso está representado igualmente por la leyenda del Buddha, quien –habiendo recibido cuatro escudillas de limosna de los Mahârâja de los cuatro puntos cardinales-, hizo de ellas una sola, lo cual indica que, para el ser “unificado”, el “Graal” (para emplear el término tradicional occidental, que designa evidentemente el equivalente de ese pâtra) es de nuevo único, como lo era en un principio, es decir, en el punto de partida de la manifestación cósmica[8].


Cúpula de la Catedral anglicana de San Pablo, de Londres

“Cúpulas horizontales” en el judaísmo y el cristianismo.

Antes de ir más lejos, señalaremos que la estructura de que se trata puede ser realizada también horizontalmente: a un edificio de forma rectangular se añadirá una parte semicircular en uno de sus extremos, el dirigido hacia el lado al cual se vincule la significación de una correspondencia “celeste”, por una especie de proyección sobre el plano horizontal de base; ese lado, en los casos más conocidos por lo menos, será aquel de donde viene la luz, es decir, el de oriente; y el ejemplo más inmediato que se ofrece aquí es el de una iglesia terminada por un ábside semicircular. Otro ejemplo está dado por la forma completa de un templo masónico: sabido es que la Logia propiamente dicha es un “cuadrado largo”, es decir, en realidad, un doble cuadrado, cuya longitud (de oriente a occidente) es el doble de la anchura (de norte a mediodía)[9]; pero a este doble cuadrado, que es el Hekal* [Héjal], se agrega, a oriente, el Debir, en forma de hemiciclo[10]; y este plano es también exactamente el de la “basílica” romana[11].

*(Nota del editor: Hekal y Debir son los nombres hebreos del “lugar santo y el, “lugar santísimo” en el Templo de Jerusalén, Guénon los hace aquí coincidir con partes del templo masónico).

El Eje del mundo.

Dicho esto, volvamos a la estructura vertical: como lo hace notar Coomaraswamy, ésta debe considerarse íntegramente en relación con un eje central; lo mismo ocurre, evidentemente, en el caso de una cabaña, cuyo techo en forma de domo está soportado por un poste que une la sumidad del techo con el suelo, y también el de ciertas stûpa (“stupas”) cuyo eje está figurado en el interior, y a veces incluso se prolonga por lo alto más allá de la cúpula. Empero, no es necesario que ese eje esté siempre representado así materialmente, tal como tampoco lo está en realidad, en ningún lugar, el “Eje del Mundo”, del cual aquél es imagen; lo que importa es que el centro del suelo ocupado por el edificio, es decir, el punto situado directamente debajo de la sumidad de la cúpula, se identifica siempre virtualmente con el “Centro del Mundo”; éste, en efecto, no es un “lugar” en el sentido topográfico y literal del término, sino en un sentido trascendente y primordial, y, por consiguiente, puede realizarse en todo “centro” regularmente establecido y consagrado, de donde la necesidad de los ritos que hacen de la construcción de un edificio una verdadera imitación de la formación misma del mundo[12].

El punto de que se trata es, pues, un verdadero ’omfalós ( nâbhih prthivyâ [en sánscrito: ‘ombligo de la tierra’] ), en muchísimos casos, allí se sitúa el altar o el hogar, según se trate de un templo o de una casa; el altar, por lo demás, es, también en realidad un hogar, e, inversamente, en una civilización tradicional, el hogar debe considerarse como un verdadero altar doméstico; simbólicamente, en él se cumple la manifestación de Agni*, y recordaremos a este respecto lo que hemos dicho acerca del nacimiento del Avatâra en el centro de la caverna iniciática, pues es evidente que la significación también aquí es la misma, siendo diferente sólo la aplicación. Cuando se practica una abertura en la sumidad del domo, por ella escapa afuera el humo que se eleva del hogar; pero esto también, lejos de no tener sino una razón puramente utilitaria, como podrían imaginarlo los modernos, tiene, al contrario, un sentido simbólico muy profundo, que examinaremos a continuación, estableciendo aún con más precisión el significado exacto de esa sumidad del domo en los dos órdenes, “macrocósmico” y “microcósmico”.

*(Nota del Editor: Agni es la deidad hindú del fuego).

NOTAS:
[1] [Publicado en la revista Études Traditionelles., octubre de 1938].
[2] El destino de estos dos edificios es, por otra parte, igualmente similar, ya que el stûpa, originariamente por lo menos, estaba hecho para contener reliquias y la qubbah se eleva sobre la tumba de un walí [aproximadamente, ‘santo’].
[3] Si la iglesia tiene en su conjunto la forma de una cruz latina, como ocurre más habitualmente, conviene observar que esa cruz puede obtenerse por el desarrollo de un cubo cuyas caras están rebatidas sobre el plano de la base (este punto se encuentra expresamente indicado en el simbolismo masónico del Real Arco); la cara de la base, que naturalmente permanece en su posición primitiva, corresponde entonces a la parte central por encima de la cual se eleva la cúpula.
[4] En ciertas figuraciones pertenecientes a la masonería del Real Arco, la significación “celeste” del arco de bóveda está formalmente indicada por la representación en él de una parte del Zodíaco, estando entonces situada en la “clave de bóveda” una de las puertas solsticiales; esta “puerta” debería normalmente, por lo demás, ser diferente según que el punto en cuestión se considere como una “entrada” o como una “salida”, conforme a lo que antes hemos explicado.
[5] En la iniciación masónica, el paso from square to arch [del cuadrado al arco] representa un paso “de la Tierra al Cielo” (de donde el término de exaltación para designar la admisión al grado de Real Arco), es decir, del dominio de los “pequeños misterios” al de los “grandes misterios”, con el doble aspecto sacerdotal y real para estos últimos, pues el título completo correspondiente es Santo Real Arco, aunque, por razones históricas que no hemos de examinar aquí, el “Arte Sacerdotal” haya acabado por borrarse ante el “Arte Real”. Las formas circular y cuadrada están aludidas también por el compás y la escuadra, que sirven para trazarlos respectivamente y que se asocian como símbolos de dos principios complementarios, según efectivamente lo son el Cielo y la Tierra [cf. Le Régne de la quantité et les signes des temps, cap. XX, y La Grande Triade, cap. III].
[6] El Emperador mismo, así vestido, representaba al “Ser Humano verdadero”, mediador entre el Cielo y la Tierra, cuyas respectivas potencias une en su propia naturaleza; y exactamente en este mismo sentido un Maestro Masón (que debería ser también un “Ser Humano verdadero” si hubiese realizado su iniciación de modo efectivo) “se encuentra siempre entre la escuadra y el compás”. Señalemos también, acerca de esto, uno de los aspectos del simbolismo de la tortuga: la parte inferior del caparazón –que es plana-, corresponde a la Tierra, y la superior –que es arqueada en forma de cúpula-, corresponde al Cielo; el animal mismo, entre ambas partes, figura al Ser Humano entre el Cielo y la Tierra, completando así la “Gran Tríada”, que desempeña un papel especialmente importante en el simbolismo de las organizaciones iniciáticas taoístas [cf. La Grande Triade, cap. XVI].
[7] La planta crucial de una iglesia es igualmente una forma cuaternaria; el simbolismo numérico permanece, pues, el mismo en este caso que en el de la base cuadrada.
[8] Con respecto a Tvashtri y los tres Rbhu [respectivamente el Constructor divino védico, literalmente ‘Carpintero’, y los tres Artesanos divinos, literalmente ‘los Hábiles’], considerados como una tríada de “artistas”, notemos que, en las reglas establecidas por la tradición hindú para la construcción de un edificio, se encuentran en cierto modo los correspondientes de esos personajes en el arquitecto (sthápati) y sus tres compañeros o asistentes, el agrimensor (sûtragrâhi), el constructor (várdhakî) y el carpintero de obra (tákshaka); podrían también encontrarse los equivalentes de este ternario en la masonería, donde, además, en un aspecto “inverso”, se convierte en el de los “malos compañeros” que matan a Hiram.
[9] Según el Critias de Platón, el gran templo de Poseidón, capital de la Atlántida, tenía también por base un doble cuadrado; si se torna como unidad el lado de esa figura, la diagonal del doble cuadrado es igual a 5.
[10] En el Templo de Salomón, el Hekal [Héjal] era el “Sanctum” y el Debir era el “Sancta-sanctórum”.
[11] En una mezquita, el míhrab, que es un nicho semicircular, corresponde al ábside de una iglesia, e indica igualmente la qiblah, es decir, la orientación ritual; pero esta orientación, dirigida hacia un centro que no es un punto definido de la superficie terrestre, varía, naturalmente, según los lugares.
[12] A veces, la cúpula misma puede no existir en la construcción sin que –empero-, se altere el sentido simbólico de ella; queremos aludir al tipo tradicional de casa dispuesta en cuadrado en torno de un patio interior; la parte central está entonces a cielo abierto, pero, precisamente, la bóveda celeste misma desempeña en este caso el papel de una cúpula natural. Diremos de paso, a este respecto, que hay cierta relación, en una forma tradicional dada, entre la disposición de la casa y la constitución de la familia; así, en la tradición islámica, la disposición cuadrilátera de la casa (que normalmente debería estar enteramente cerrada hacia afuera, abriéndose las ventanas hacia el patio, interior) está en relación con la limitación del número de esposas a cuatro como máximo, teniendo entonces cada una de ellas por dominio propio uno de los lados del cuadrilátero.

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U.I.O.G.D.

VALORES BENEDICTINOS

Errata:


1. Las citas de la Regla están tomadas básicamente de:
Colombás, García M. & Iñaki Aranguren: La Regla de San Benito, Editorial Biblioteca de Autores Cristianos; Madrid, 1979. ISBN 10: 8422009080ISBN 13: 9788422009085
2. La foto usada para ilustrar la Lectura espiritual o Lectio Divina, es de un monje del Monasterio de la Cartuja de Aula Dei, Zaragoza, España.


U.I.O.G.D.

viernes, 18 de julio de 2008

Valores Benedictinos
Una dinámica para conocer la Regla de San Benito
en una perspectiva bíblica centrada en el Evangelio.
Por el Padre Miguel Zavala-Múgica+



“Uno no es libre para hacer nomás lo que le dé la gana,
uno es libre para comprometerse y luchar
por aquello en lo que cree…”


Ofelia Medina
(Actriz mexicana y activista por
los derechos humanos).


Este trabajo se presentó por primera vez –en un cléricus diocesano-, al Obispo y al Clero de la Diócesis de México en el año 2001, en la Iglesia de El Espíritu Santo, en Tlalpan, D.F., donde el autor era vicario. Esperamos que –en este blog-, pueda servir de base para un conocimiento razonado y dinámico de los valores cristianos en la Regla Benedictina.


San Benito escribiendo la Regla, 1926.
(Hermann Nigg 1849–1928).


GUÍA BREVE:

I. Objetivos.

a. General:
Familiarizar a personas seculares (laicos o clérigos), facilitándoles un primer encuentro con la obra y valores cristianos de San Benito.

b. Específicos:
Nuestros dos objetivos principales, son:

1. Percatarnos de que el Evangelio de Jesús puede vivirse de una manera diferente a la que el común de los cristianos está acostumbrado: nueva quizá, pero a la vez antigua y tradicional.

2. Constatar la posibilidad de vivir –de alguna manera-, la Regla de San Benito, como laicos o como clérigos seculares, sin necesidad específica de habitar en un monasterio, desde la casa y familia dónde y con quiénes compartimos la vida diaria.

II. Herramientas:
Nuestro instrumento para lograr estos objetivos, será descubrir valores bíblicos –principalmente del Evangelio-, plasmados en algunos fragmentos de la Regla Benedictina (RB). Agrupados en forma de Lista de Citas de la RB. Será útil tener a mano al menos una Biblia por cada grupo (véase más adelante), para efectuar consultas.

Mediante esta dinámica, conoceremos –a “ojo de pájaro”-, algunos de los pasajes más famosos de la RB, recordaremos nuestro propio acervo bíblico y veremos cómo un autor cristiano de la antigüedad, tan importante como Benito de Nursia, puede darnos una visión tan suya, y a la vez, tan valiosa del Evangelio.

III. Actividades:

a. Exposición previa:
Antes de estas actividades, habremos tenido una breve introducción a la vida de San Benito y a su Regla monástica.

b. Phillips 6.6:
---Reunámonos –durante un tiempo entre los seis y los quince minutos-, en grupos según nuestras circunstancias particulares: un solo grupo pequeño o varios grupos (seis idealmente) de no más de seis personas.
---En lo posible, evítese distribuir –por partes- la Lista de Citas entre los grupos, sino permítase que cada grupo pueda analizar la lista completa.

c. Detección de citas bíblicas:
Los primitivos escritores cristianos, mezclaban multitud de textos bíblicos entre sus propias obras, así hace Benito en su Regla. Leemos atentamente cada cita de la RB y subrayamos en ellas lo que reconozcamos como textos de la Sagrada Escritura, identificándolos hasta donde sea posible.

d. Selección temática:
---Agrupamos los diversos textos de la RB que aparecen enumerados a continuación según los siguientes criterios valorativos: 1. Cristo como centro de la vida; 2. Importancia de la humildad; 3. La autoridad como un servicio; 4. Moderación y equilibrio; 5. Piedad; 6. Trabajo, y 7. Perseverancia.
---¿Hay algún otro criterio de valor que podamos descubrir y en el que agrupemos una o más de estas citas?

e. Discusión:
¿Cómo podríamos vivir los valores arriba descritos en nuestros propios ambientes: familia, centro de trabajo, iglesia? (es decir, sin la necesidad de vivir en clausura monástica).

f. Exposición plenaria.
En este punto buscamos enriquecernos mutuamente con la diversidad de resultados a que cada equipo hubiere podido llegar.

Nota Importante:
No se trata aquí de desanimar a nadie de tomar el camino de una vida monástica tradicional, sino de extender los beneficios de los valores benedictinos a personas que quieren vivir una vida cristiana con un nivel e intensidad especiales de consagración, pero cuya vocación y ministerio los vincula a la sociedad y al ambiente seculares.


Lista de Citas de la Regla Benedictina.

1. “Escucha, hijo, estos preceptos de un maestro, aguza el oído de tu corazón, acoge con gusto esta exhortación de un padre entrañable…” (Prólogo).

2. “…Si es que te has decidido a renunciar a tus propias voluntades y esgrimes las potentísimas armas de la obediencia para servir al verdadero Rey: Cristo, el Señor.” (Prólogo).

3. “Levantémonos pues, de una vez… Ya es hora de despertarnos del sueño. Abriéndonos los ojos a la luz de Dios, escuchemos lo que… advierte la voz divina que clama: ‘Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones.’ Y también: ‘Quien tenga oído para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias’, ¿y qué dice?: ‘Venid hijos, escuchadme; os instruiré en el temor del Señor’. ” (Prólogo).

4. “Vamos a instituir pues, una escuela del servicio divino. Y al organizarla esperamos no disponer nada que pueda ser duro, nada oneroso. Mas si… cuando lo exija la recta razón, se halla algo poco más severo para corregir los vicios o mantener la caridad, no abandones…, sobrecogido de temor, el camino de la salvación que, por fuerza, ha de iniciarse por un comienzo estrecho”. (Prólogo).

5. “Si hay que vender las obras de los artesanos, procuren no cometer fraude quienes hubieren de hacer la venta… No se infiltre el vicio de la avaricia al fijarlos precios, antes bien, véndase siempre algo más baratote lo que puedan hacerlo los seglares, para que en todas las cosas, sea Dios glorificado.” (57)


UIOGD: El trabajo manual ("David").
Monasterio Cisterciense español de San Pedro de Cardeña.

6. “No darse a los placeres.” (4:12).

7. “Escuchar con gusto las sagradas lecturas” (4:55).

8. “Nada se anteponga a la obra de Dios” (43:3).



Liturgia de las Horas:
(Nota: El texto original en latín dice:
opus Dei, y se refiere a la “obra” como trabajo u oficio con que se presta servicio a un patrono, así, la “obra” o “faena” de Dios o para Dios, es la oración litúrgica comunitaria, como complemento de las faenas diarias del trabajo manual monástico).


9. “La ociosidad es enemiga del alma… ocúpense pues los hermanos, unas horas en el trabajo, y otras en la lectura espiritual” (48:1).




Lectio Divina o lectura espiritual.

10. “El primer grado de humildad es la obediencia sin demora. Exactamente lo que corresponde a quienes nada aman más que a Cristo” (5: 1,2).

11. “Indudablemente, por la altivez se baja, por la humildad se sube… cuando el corazón se abaja, el Señor lo alza hasta el cielo” (7: 7,8).

12. “El abad ( abadesa ) que es digno de regir una comunidad, ha de acordarse siempre del título que se le da… La fe dice que él (o ella) hace las veces de Cristo… Han recibido ustedes el Espíritu de hijos, que permite afirmar: ‘Abá’ …” (2: 1).

13. “Hay un sentimiento malo de amargura, que separa de Dios y lleva a reprobación… y …uno bueno que aparta de los vicios, y lleva a Dios y a salvación” (72: 1).

14. “Compitan los hermanos en anticiparse a obedecerse los unos a los otros” (72: 6).

15. “No hacer a otro lo que no se desea para sí mismo” (4: 9).

16. “Venerar a los ancianos… amar a los jóvenes” (4: 70, 71).

17. “...Si se tratare de un pecado oculto del alma, manifiéstese sólo al abad o a los padre espirituales, quienes han de ser capaces de curar sus propias heridas y las de los demás, sin descubrirlas ni publicarlas” (46: 5,6).

18. “No anteponer nada al amor de Cristo” (4:21).

19. “No consumar los impulsos de la ira” (4: 22).

20. “No dar paz fingida” (4: 25).

21. “La oración, sea breve y pura, a no ser que se alargue por especial inspiración de Dios”
(20: 4).

22. “Reciba, cada uno, un libro de la Biblioteca, y léalo por orden e íntegramente” (48: 15).




Biblioteca de San Pedro de Cardeña.
(Nota: Este precepto habla de las costumbres a seguir, especialmente, durante la Cuaresma. El texto original en latín dice: bibliotheca, y en tiempos de Benito, se refería a la Biblia, que no se hallaba reunida en un solo volumen, sino en varios rollos, según el número de los libros contenidos en ella. En la Alta Edad Media, la palabra bibliotheca se interpretó en relación a los grandes acervos de textos en las bibliotecas monásticas. De cualquier modo, la Sagrada Escritura tiene el primer lugar en la vida monástica, y su lectura meditada ha dado origen al ejercicio espiritual que se conoce como Lectio Divina).


23. “El segundo grado de humildad es no amar uno su propia voluntad” (7: 31).

24. “(Que el abad o abadesa) no infravalore ni desatienda la salvación de las almas por entregarse a lo transitorio, material y caduco” (2: 53).

25. “Es menester (que el abad o abadesa) conozca perfectamente la Ley Divina para que sepa y tenga de dónde sacar cosas nuevas y antiguas” (64: 9).

26. “Estos son los instrumentos del arte espiritual. Si los manejamos día y noche, y nos son reconocidos en el Día del Juicio, recibiremos… la recompensa… que ni ojo vio, ni oreja oyó, ni le pasó a nadie por su fantasía, lo que Dios tiene preparado para los que le aman.” (4: 75, 77).

U.I.O.G.D.

PIENSA Y TRABAJA...


"Libre -y para mi muy sagrado-, es el derecho de pensar...
La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos..."
Benito Juárez.
Julio: el mes de otro Benito…
Pbro. Miguel Zavala-Múgica+

Si Benito de Nursia (nacido y muerto, según la tradición, un 21 de marzo y un 11 julio), inauguró el monasticismo occidental como lo han conocido los siglos de la Era Cristiana, y éste dio origen a un desarrollo espiritual y cultural enorme –no exento de corrupción y decadencia-, hubo también otro Benito… Hoy, 18 de julio, no puedo dejar pasar el obituario de este gran Benito –símbolo de ideales y valores que tanto necesitamos en nuestro México y en nuestro mundo Occidental actuales.

Benito Pablo Juárez García, aquel estadista mexicano de origen netamente indígena, cuya figura –ciertamente histórica-, ha dado origen a un mito, por un lado un mito creado por el Porfiriato, en el que la dictadura de Díaz basó la justificación de su poder, de su progreso material y también de sus abusos, mito heredado a los gobiernos post-revolucionarios y a los setenta años de gobierno de un solo partido en el país.

Arriba: Estatua de Juárez en Palacio Nacional, en el recinto de la Secretaría de Hacienda: Bronce de Miguel Noreña.

Este otro Benito –reformador y fundador también, como su homónimo Benito de Nursia-, curiosamente nacido también un 21 de marzo (1806), y muerto siete días después del 11 de julio (1872)-, este Benito, ha dado origen a un mito fundacional: el del Liberalismo mexicano. Como Benito de Nursia no ha sido el primer monje, así Juárez no es tampoco el primer liberal mexicano –claro que no-, hay que irse hasta finales del siglo XVIII para descubrir a los primeros ilustrados de un México insumiso a las cadenas del fanatismo y la ignorancia…

Hoy –en México-, los grupos defensores de los derechos humanos y civiles, los trabajadores que luchan contra los estragos del cuestionablemente llamado neoliberalismo, las minorías religiosas, las personas homosexuales, y otros muchos ciudadanos que desean construir su libertad colectiva e individual, se congregan física y espiritualmente –no precisamente en torno a Juárez.-, sino ante lo que éste representa.

Si Benito de Nursia levantó un ideal de sencillez cristiana, de simplicidad monástica –después lamentablemente corrompida una y otra vez a lo largo de la historia-, Benito Juárez ayudó a construir un ideal de sencillez, probidad, medianía y honradez republicanas que es referente constante para todos los que –por honestidad-, no nos queda más remedio que reconocer nuestra vocación liberal. Independientemente de las corrupciones albergadas al amparo de su figura, e independientemente también de los graves defectos personales del propio Juárez histórico.

Al proceder contra las órdenes monásticas y contra las clerecías como entidades acumuladoras de bienes y riquezas materiales, Juárez no se perfiló como un antirreligioso –y ni siquiera como un anticlerical-, antes bien, ayudó -sin que este fuera su propósito principal-, a liberar al verdadero cristianismo –el que se lleva en el corazón-, a encontrar su lugar en la vocación de quienes quieren seguir fielmente al humilde Maestro de Nazaret, que dijera: “Mi Reino no es de este mundo”. Como más romántica e idealistamente lo hiciera otro mexicano grande e ilustre –don Ignacio Manuel Altamirano en su novela La Navidad en las Montañas-, el Liberalismo mexicano no podría ser enemigo de la vocación apostólica del pastor que sirve humildemente a su pueblo, y camina solidariamente con él.


Capilla Ardiente de Juárez en el Salón de Embajadores de Palacio Nacional. Grabado de L. Dumont y H. Mayor, 1872.


El liberalismo mexicano –con Juárez por bandera-, sí le declara la guerra a aquellos cuya verdadera sucesión apostólica es la de Judas Iscariote, y cuya herencia bíblica sacerdotal no es más que la de Caifás o Alejandro Janeo. El liberalismo mexicano –que sobrevive en la base de la sociedad civil de este país y en muchas otras en el mundo-, dice con aquel adagio de finales del siglo XVIII:

“En los tiempos de bárbaras naciones, / colgábase en la Cruz a los ladrones / Cuidad que no –en el siglo de las luces-, / al cuello del ladrón cuelguen las cruces…”


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U.I.O.G.D.

LA JORNADA

Martes 21 de marzo de 2006

Imágenes de Benito Juárez

Enrique Florescano

LA VIDA Y LA OBRA DE BENITO JUÁREZ marchan entrelazadas con una época decisiva en la formación de la nación moderna, un proyecto que él, como ningún otro personaje del siglo XIX, contribuyó a forjar. Benito Juárez nace el 21 de marzo de 1806, cuando lo que hoy llamamos México era el Virreinato de la Nueva España, una parte del extenso imperio colonial de España en América. Y muere el 18 de julio de 1872, cuando la antigua colonia era un país independiente, había adoptado la forma de República federal y se regía por una constitución liberal que reconocía la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Es decir, en el transcurso de su vida el país dejó atrás la subordinación colonial, la estructura estamental y el predominio de la Iglesia y construyó un Estado laico asentado en leyes. Fue éste un tránsito marcado por la prueba de fuego de los años 1846 a 1867, cuando la nación experimentó la irrefrenable lucha faccional de los partidos, la invasión de potencias extranjeras, una cruenta guerra civil y la pérdida de más de la mitad del territorio.
Dice la sabiduría popular que los seres humanos son hijos de su tiempo. La vida de Benito Juárez es un espejo exacto de ese apotegma, pues corrió unida con la historia de su patria, que en esos años enfrentó los signos más adversos que pueden afligir el nacimiento de una nación. Sólo poniendo a prueba el temple de sus mejores hombres pudo la nación remontar esos obstáculos, constituir la República federal y definir los lineamientos de un Estado moderno. La biografía de Benito Juárez es la historia de la construcción política y moral de esa República.
En las páginas que siguen voy a resaltar algunos episodios de esa relación íntima entre el ciudadano Benito Juárez y la construcción de la República liberal.
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Cuando la antigua Nueva España proclamó en 1810 su independencia de la metrópoli, Benito Juárez apenas tenía 5 años. Vivía en un lugar remoto, casi inaccesible, en San Pablo Guelatao, Oaxaca. Y era un indio zapoteca. Es decir, pertenecía al grupo de los mexicanos más pobres entre los pobres. Sólo hablaba la lengua de sus padres y no tenía ninguna posibilidad de aprender el español o de romper el cerco de miseria que había consumido a varias generaciones de sus predecesores. Por un acto inicial que reveló la fuerza de su carácter, a los 12 años Benito Juárez huyó de su pueblo y decidió asentarse en Oaxaca, la capital de su estado. En sus Apuntes para mis hijos escribió que tomó esa decisión inducido por el deseo de aprender el español y estudiar.
***
Los historiadores y los interesados en el liberalismo del siglo XIX se preguntan cómo Benito Juárez pudo saltar el cerco de la miseria y la postración del analfabeta y llegar a ser un jurista consumado, un experto constitucionalista y un admirador obsesivo del pensamiento liberal francés, el cual ayudó a transplantar a las leyes y prácticas políticas mexicanas. Quienes han tratado de responder esta incógnita aducen su tenacidad proverbial. Sin embargo, la verdad es que la palanca que disparó el genio de Juárez fue la educación, la sólida y novedosa formación que recibió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Este Instituto se fundó en 1828 y en él se formó la generación más brillante de liberales oaxaqueños.
El Instituto fue el primer centro educativo secular de Oaxaca. Ahí, en lugar de la tradicional carrera eclesiástica sus profesores enseñaron derecho, difundieron los principios del liberalismo europeo e inauguraron las clases de lógica, matemáticas y ética. Sus alumnos conocieron entonces los nuevos aires que transformaban la política, la ciencia y la educación. Ahí escucharon las primeras críticas razonadas contra el fanatismo y conocieron las virtudes cívicas. El Instituto fue al mismo tiempo un lugar de aprendizaje y un centro formador de vocaciones políticas. Como dice Brian Hamnett, el biógrafo de Juárez, el Partido Liberal de Oaxaca nació en las aulas del Instituto de Ciencias y Artes.
***
Otras imágenes de Juárez que es obligado recordar en los desamparados días que corren es la del político y la que dibuja la estatura del estadista. Desde su nacimiento hasta que cumple 43 años Juárez se forma en su estado natal. Abogado, profesor y más tarde director del Instituto de Ciencias y Artes, magistrado de la Suprema Corte, diputado y gobernador interino y constitucional de su estado, Juárez aprende las artes de la política en la arena local y regional. No participa en el Congreso Constituyente de 1856-57. Sin embargo, cuando ocurre el golpe de estado de Ignacio Comonfort en 1857, Juárez, que pocos días antes había sido nombrado presidente de la Suprema Corte de Justicia, asume la primera magistratura y se transforma en baluarte y escudo de la Constitución de 1857. Juárez percibió con claridad que el mayor defecto de la carta constitucional era la disminución de las facultades del Poder Ejecutivo y las enormes atribuciones que le cedía al Legislativo. Pero para corregir esas debilidades en lugar de acudir a la revuelta optó por la vía política, constitucional, y dedicó un año tras otro al empeño de restablecer el equilibrio entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Cuando Benito Juárez llegó a ocupar la Presidencia de la República los personajes del Partido Liberal que entonces brillaban con luz propia eran Melchor Ocampo, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, Francisco Zarco, Jesús González Ortega, Vicente Riva Palacio. Eran actores que habían labrado un nombre en la arena política nacional por sus habilidades como representantes en el Congreso, o por su participación en las leyes, las armas o las letras. Juárez carecía de esos talentos. Sin embargo, frente a esa pléyade de "hombres que parecían gigantes", como los llamó Justo Sierra, Benito Juárez construyó su propio camino para alcanzar uno de los lugares más altos en la memoria nacional. Como dice Daniel Cosío Villegas, "En Juárez se dieron, en una proporción muy finamente equilibrada, el estadista y el político, es decir, el hombre de Estado, capaz de concebir grandes planes de acción gubernamental, y el hombre ducho en la maniobra política". Con esas virtudes Juárez puso en acto las leyes de Reforma que cambiaron el destino de la República. Basta recordar aquí las sustantivas:

* Separación de la Iglesia del Estado
* Nacionalización de los bienes de la Iglesia
* Registro civil de los nacimientos, casamientos y defunciones
* Instauración de la educación laica

En el manifiesto que dirigió a la nación para explicar el sentido de esas leyes, escribió: estas medidas "son las únicas que pueden dar por resultado la sumisión del clero a la potestad civil en sus negocios temporales, dejándolo, sin embargo, con todos los medios [...] para que pueda consagrarse exclusivamente [...] al ejercicio de su ministerio". De este modo, decía, el gobierno "cree también indispensable proteger en la República, con toda su autoridad, la libertad religiosa", la libertad de cultos. Estas leyes, seguidas por la determinación intransigente de su cumplimiento, dieron origen a la nación secular, sustentada no en el privilegio o los fueros étnicos, religiosos o militares, sino en el reconocimiento de la igualdad de los ciudadanos ante la ley. La fe absoluta de Juárez en la bondad del credo liberal la revela su actitud ante los grupos étnicos. Aún cuando conocía mejor que nadie su situación degradada, jamás pensó en otorgarles a los pueblos étnicos derechos especiales, pues él vio el interés de los indígenas a través de los principios liberales, es decir, promoviéndolos a la categoría de ciudadanos sin más, iguales a los otros.
Otro ejemplo del talento político de Juárez es su capacidad para amalgamar y mantener unido al grupo de fuertes y contrastadas personalidades que componían el Partido Liberal. Así, a pesar de las divisiones internas y las rivalidades personales, Juárez condujo a su partido a metas nacionales, a logros que trazaron el rumbo futuro de la nación. Brian Hamnett dice que la coherencia política de Juárez estaba regida por tres principios. Primero, su apego al gobierno constitucional, al estado de derecho. Segundo, su convicción de que la ley debería imperar sobre cualquier otro interés. Tercero, su fe en la primacía del poder civil como sustento de todo el edificio político.
Juárez fue siempre fiel a estos principios liberales. Pero su lealtad esencial no era partidista, como lo mostró su actitud en los días aciagos de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Cuando los ejércitos de Napoleón III invadieron el territorio, Benito Juárez asumió a plenitud el cargo de jefe de la defensa nacional, convocó a todas las fuerzas disponibles para combatir al agresor extranjero, y bajo condiciones hostiles y adversas, impuso la derrota al usurpador. La victoria de las armas nacionales decretó entonces la muerte del invasor extranjero y de sus corifeos mexicanos. La condena de fusilar a Maximiliano suscitó presiones en el exterior y en el interior, algunas hechas por reconocidas celebridades europeas, como Víctor Hugo y Garibaldi. Juárez fue inflexible. Sostuvo que Maximiliano había sido condenado a la pena de muerte por los crímenes cometidos contra una nación independiente; su condena era el castigo merecido a las potencias imperialistas y a las monarquías absolutas, acostumbradas a avasallar a los países débiles. Nosotros, decía Juárez en el documento que justificaba su determinación, "heredamos la nacionalidad indígena de los aztecas, y en correspondencia con ese legado no reconocemos soberanos, ni jueces ni árbitros extranjeros".
Más tarde, apoyado en su victoria sobre el imperialismo europeo y el conservadurismo nativo, Juárez traza las grandes líneas de la política exterior. Declara una moratoria para la deuda exterior y se compromete a pagar las deudas justamente pactadas y reanudar las relaciones rotas si las potencias afectadas manifestaban su deseo de renovarlas y si estaban dispuestas a negociar nuevos tratados sobre una base de estricta igualdad. Para todos los países latinoamericanos, asiáticos, africanos y europeos oprimidos por las potencias imperiales, México fue entonces ejemplo de soberanía y dignidad.
***
La siguiente imagen se debe a los historiadores liberales, quienes presentaron a Benito Juárez como encarnación de la patria. El más notable de estos historiadores es Justo Sierra, quien escribió dos obras memorables. La más famosa es su Evolución política del pueblo mexicano, un gran lienzo que abarca todo el desarrollo histórico de México. En este libro Hidalgo es el fundador de la patria mexicana. De acuerdo con esta idea, de las 400 páginas que Sierra dedica a la formación histórica del país, 250 están consagradas a la Independencia y la Reforma, las dos grandes revoluciones, las "dos aceleraciones violentas de su evolución". En un intento por comprender la avalancha de acontecimientos abrumadores que nublaron el horizonte de la patria, por descifrar el sentido del faccionalismo político, la ambición de los caudillos regionales, la codicia de los jefes militares, o el apetito de los agiotistas que sin escrúpulo aprovechaban la imparable bancarrota del gobierno, Sierra describe los terribles sucesos que desbarataron la estabilidad del país y lo instalaron en la quiebra económica, la ingobernabilidad y la guerra civil, hasta finalizar con la pérdida de la mitad del territorio. Sus páginas más vibrantes recogen el enfrentamiento contra la Iglesia, el partido conservador y los caudillos militares, representados por la figura rocambolesca de Antonio López de Santa Anna.
Esas páginas sombrías apenas se iluminan con el relato que narra el triunfo de las fuerzas liberales contra el Partido Conservador en la Guerra de Reforma, la gesta que afirmó la separación de la Iglesia del Estado, la desamortización de los bienes de la primera, la supresión de los conventos y comunidades religiosas, la prohibición para estas instituciones de adquirir bienes raíces y el derecho incontestable del Estado para regular los actos esenciales de la vida ciudadana (nacimiento, matrimonio y defunción). En su relato de las interminables pugnas faccionales, virulentos enfrentamientos, guerras, masacres colectivas y muertes indecibles, las páginas luminosas las ocupan los actos heroicos de los miembros del Partido Liberal.
Imitando las vidas ejemplares de Plutarco, el historiador romano que hizo del relato histórico un discurso cívico, Sierra compone breves retratos de los hombres y mujeres que derramaron su sangre por la causa de la Reforma y la defensa de la patria. Entre esos retratos destacan los de Benito Juárez, José Joaquín Herrera, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Manuel González Ortega, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada, Francisco Zarco, Santos Degollado, Porfirio Díaz... Entre todos esos defensores de la integridad de la patria sobresale la figura granítica de Benito Juárez, el escudo inconmovible de la República, a quien Justo Sierra celebra con las virtudes del legislador, el atributo supremo encomiado por Plutarco. En este libro Juárez, las leyes de Reforma y la victoria sobre el imperio de Maximiliano son las cumbres del patriotismo liberal. La mejor expresión de esta idea la resume el párrafo siguiente, que celebra el triunfo de la República sobre los invasores franceses:
"La República fue entonces la nación; con excepciones ignoradas, todos asistieron al triunfo, todos comprendieron que había un hecho definitivamente consumado, que se habían realizado conquistas que serían eternas en la historia, que la Reforma, la República y la patria resultaban, desde aquel instante, la misma cosa y que no había más que una bandera nacional, la Constitución de Cincuenta y Siete; bajo ella todos volvieron a ser ciudadanos, a ser mexicanos, a ser libres."
La consolidación del Estado laico, el patriotismo entendido como entrega a la República y sus fundamentos cívicos, y la defensa de la Independencia, son los valores que Sierra ve amalgamados en Juárez, el patriota por excelencia. El homenaje final que Sierra le consagró a Juárez adoptó la forma de libro, su obra más madura como historiador: Juárez su obra y su tiempo. En este libro notable en la historiografía mexicana, escrito como respuesta a la diatriba que contra Juárez publicó Francisco Bulnes (El verdadero Juárez y la verdad sobre la intervención y el imperio, 1904: y Juárez y las revoluciones de Ayutla y de Reforma, 1905), Sierra dio rienda suelta a su patriotismo y en poco más de quinientas páginas plasmó el mayor tributo al carácter y la obra republicana de Benito Juárez.
Juárez su obra y su tiempo es un compendio magnífico de la ideología y los valores del liberalismo encarnados en Juárez, un relato dramático del vía crucis recorrido por la República en su enfrentamiento con los intereses corporativos heredados del Virreinato (iglesia, ejército, oligarquía criolla), los años infaustos de la guerra civil que derramó torrentes de sangre, la invasión estadunidense con su cuota de derrotas humillantes y su trágico desenlace, el cataclismo de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano con la secuela de guerras fratricidas, episodios sangrientos y mortandades, y, por último, detrás de todo ello, la brega sorda, cotidiana, abrumadora, para mantener la integridad del territorio y la independencia de la nación.
Los años de 1846 a 1867 fueron cruciales en la formación del Estado mexicano. Son estos los años cuando la nación luchó por su supervivencia, construyó los baluartes políticos del Estado y trazó los rasgos de su identidad. Para Justo Sierra en esa época encrespada, dolorosa, desfalleciente y aniquiladora, la roca inquebrantable que sostuvo el edificio nacional fue Benito Juárez. En esta interpretación el temple liberal de Juárez y su lucha indeclinable contra el invasor extranjero y el gobierno espurio de Maximiliano, son los constructores del patriotismo y la República liberal.
***
Para finalizar quiero señalar porqué hoy la obra y la vida de Benito Juárez siguen siendo lecciones permanentes. El es, en la mitad crítica del siglo XIX, como lo advirtió Ignacio Manuel Altamirano, el ejecutor de la segunda Independencia de México. Su figura encarna la independencia política ante las agresiones del exterior y la defensa moral de los principios de autodeterminación de los pueblos.
Importa recordar a Juárez en el año 2006, el año del bicentenario de su nacimiento, porque hoy nuestra política exterior es sinónimo de miopía ante la amenazadora situación internacional que nos rodea, cuando vuelve a imperar la fuerza sobre el derecho y la autonomía de los pueblos, cuando nuestra política exterior se sujeta a los poderes imperiales y olvida nuestras responsabilidades en el hemisferio y en el escenario mundial. En contraste con la política internacional independiente y visionaria de Juárez, hoy se nos considera en la esfera diplomática un apéndice de la política estadunidense, fieles seguidores de un rumbo que nunca nos fue consultado y no es el nuestro.
Recordamos hoy a Juárez porque con él culmina la larga batalla liberal contra el fanatismo religioso, porque su política abrió el horizonte del laicismo, cerró las puertas a la religión de Estado y sembró las bases para conjurar las luchas de religión y los fundamentalismos que hoy resucitan en diversas regiones del mundo. Reivindicamos la memoria de Juárez porque hoy, desde la misma Secretaría de Gobernación se apoyan los intereses religiosos que ayer escindieron a la nación y provocaron la guerra fratricida entre los mexicanos.
Recordamos hoy a Juárez por su conocimiento profundo de la diversidad social del país y su esfuerzo tenaz por darle unidad al cuerpo político. Así, cuando Benito Juárez restaura la República, en su manifiesto del 15 de julio de 1867 tiende una mano conciliadora al Partido Conservador derrotado y convoca a la unidad de la nación. En ese manifiesto asentó: "No ha querido ni ha debido antes el gobierno, y menos debiera en la hora del triunfo completo de la República, dejarse inspirar por ningún sentimiento de pasiones como los que nos han combatido [...] encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz..."
Recordamos hoy a Benito Juárez porque frente al elenco de héroes derrotados que celebra la memoria popular y la colección de mitos perpetrados por la historia de bronce y la izquierda petrificada en el dogmatismo populista, él configura la imagen de un héroe victorioso. Como dice Carlos Monsiváis, "Juárez es un vencedor insólito, mucho más un contemporáneo de vanguardia que un precursor. Vence al racismo ancestral, a las imposibilidades y dificultades de la educación en un país y una región asfixiados por el aislamiento, a los problemas de su carácter tímido y cerrado, a las divisiones de su partido, a la ira y las maniobras del clero integrista y los conservadores, a la intervención francesa, a las peripecias de su gobierno nómada, al imperio de Maximiliano, a la oposición interna de varios de los liberales más extraordinarios, a sus terquedades en el mando. Se le persigue, encarcela, destierra, calumnia, veja y ridiculiza". No obstante, a pesar de la saña que lo combatió ayer y la desmemoria política que lo olvida hoy, Juárez "permanece por la congruencia de su ideario y vida, y por defender con razón y pasión las ideas cuyo tiempo ha llegado".
Recordamos hoy a Juárez porque su vida es el reverso exacto de los escandalosos casos de corrupción y deshonestidad cotidiana que nos brindan los políticos por mediación de cada uno de sus partidos. Admiro a Juárez, decía don Daniel Cossío Villegas, "por una última razón, que en su tiempo poco o nada significaba, pero que en los nuestros parece asombrosa, de hecho increíble: una honestidad personal tan natural, tan congénita, que en su época no fue siquiera tema de conversación y mucho menos de alabanza". Por esas razones, y por muchas más contenidas en sus obras, es un deber moral recordar hoy, en el bicentenario de su nacimiento, el legado eminente del patricio Benito Juárez.

17 de marzo, 2006



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Benito Juárez: frases para meditar y practicar...



"Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz."



"Siempre he procurado hacer cuanto ha estado en mi mano para defender y sostener nuestras instituciones. He demostrado en mi vida pública que sirvo lealmente a mi patria y que amo la libertad. Ha sido mi único fin proponeros lo que creo mejor para vuestros más caros intereses, que son afianzar la paz en el porvenir y consolidar nuestras instituciones."


"El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, es el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones".


"El gobierno tiene el sagrado deber de dirigirse a la Nación, y hacer escuchar en ella la voz de sus más caros derechos e intereses".


"Mi deber es hacer cumplir la ley no sólo con medidas del resorte de la autoridad, sino con el ejemplo para atentar a los que con un escrúpulo infundado se retraían de usar el beneficio que les concedía la ley".


"Como hijo del pueblo nunca podría olvidar que mi único fin debe ser siempre su mayor prosperidad".


"Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos"


"Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad."


"No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala".


"Los hombres no son nada, los principios lo son todo".

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U.I.O.G.D.